Mauricio Pérez Salazar
Columnista

Mauricio Pérez Salazar

Publicado el 20 de marzo de 2017

VENEZOLANOS

Camino por la carrera 13 de Bogotá en la noche y en una esquina hay siete jóvenes venezolanos vendiendo arepas, la versión de su país, en un carrito callejero. Más adelante hay un local, de arepas también, que se llama “La Catira”. Me encuentro en Medellín con una amiga y me presenta su novio venezolano. En una empresa conozco a un miembro de junta directiva venezolano. En el metro se oye ya con frecuencia el acento venezolano. Me cuentan que en un barrio de ladera, en la frontera entre Medellín y Bello, hay por lo menos mil venezolanos asentados. Oigo de la presencia de venezolanos en las faldas del Suroeste antioqueño recolectando café. Este periódico publica un artículo titulado “Medellín se convirtió en refugio de venezolanos”. El País de España hace lo mismo con otro: “La odisea de las venezolanas que llegan a Colombia para dar a luz”. Y para rematar leo en un periódico de Bogotá la situación de los venezolanos que hurgan en las basuras de su país para no morir de hambre.

Resultados de un sistema fracasado. Y corrupto. No entiendo cómo todavía se sostiene. A través de medidas represivas y coimas, supongo. Definitivamente ese no es el modelo. Al que le queden algunas dudas, dos libros relativamente recientes: “El hombre que amaba los perros”, del genial Leonardo Padura y “La esperanza y el delirio”, de Ugo Pipitone, para que queden vacunados de una buena vez y entiendan que el mundo sabe de ese fracaso y se está moviendo por otras aguas en la discusión política.

Lo que está ocurriendo en Venezuela es una catástrofe humanitaria. Es el momento de asumir nuestra responsabilidad, solidaridad y compromiso con el pueblo venezolano. Colombia debe actuar con una política de Estado sólida y generosa frente a los miles de venezolanos que están llegando a nuestras tierras. Hasta ahora no se ha visto. La situación reclama acciones robustas antes de que se salga de madre y genere problemas sociales complejos.

No es enfatizando la diferencia como lo hizo Vargas Lleras. Colombia recibió mucho de Venezuela. Gran parte de las personas de allí que encuentro acá tienen padre o madre colombianos. Es el momento de pasar de la cháchara ofendida cuando Trump o algún político europeo xenófobo rechaza a los inmigrantes y nos sentimos agredidos, a la actuación en territorio propio. La situación de los venezolanos nos pone en una posición similar a los países que reciben refugiados masivamente. A ver si somos capaces de actuar coherentemente, de la misma forma que esperaríamos que trataran a nuestros nacionales cuando emigran, legal o ilegalmente.

Algunas voces dirán que nosotros, a diferencia de los países desarrollados, estamos en una situación difícil, que somos pobres. Creo inclusive que muchos, la mayoría tal vez, rechazarán la presencia de venezolanos en Colombia. Pues no, no podemos escurrir el bulto ante tamaña responsabilidad. Es la ocasión para ser coherentes y demostrar grandeza. Además es una oportunidad: de que este país sea capaz de abrirse, de ser generoso de verdad y de aprovechar, no en pocos casos, un capital humano valiosísimo que representan los venezolanos..

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