Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 20 de abril de 2017

Viernes claroscuro

Los devotos de los expresidentes Uribe y Pastrana, muchos de ellos encopetados excolaboradores suyos, no se cambian por Dios ni mano a mano después del encuentro que tuvieron el Viernes Santo con el presidente Trump en algún pasillo en un exclusivo club de La Florida.

Mientras tanto, el entorno del presidente Santos se pregunta si la canciller continúa en el spa, o el embajador en Washington se la pasa de mucho pedicure. Algo falló en la diplomacia y tratan de minimizar la moñona política de los jefes opositores.

Alfonso Prada, vocero presidencial, chicanea con par doses, como en el juego del póquer: que Santos-Trump han hablado por teléfono y que ya echarán cháchara en mayo en visita oficial a la Casa Blanca. Nada de intermediarios lagartos.

Radio Pasillo de la cancillería le atribuye la realización del encuentro a un excandidato republicano casado con colombiana, exporrista de Los Delfines de Miami. El facilitador del diálogo primero denigró de Trump, y luego, por arte de “voltiarepismo” político, se sumó al nuevo césar.

Miembro de la comisión de asuntos exteriores del senado, Mario Rubio, hijo de cubanos, ducho en multas de tránsito sin pagar, propició el besamanos de mandatario en funciones con dos huérfanos de poder. Mejores protagonistas del “reality show” que presenciamos no podían conseguirse. Y sin comerciales.

Como los detalles llegan por cuentagotas, cuando estas líneas circulen pueden ser periódico de ayer. De pronto sepamos que el encuentro no fue ni casual ni breve, sino que hablaron dos, tres, cuatro horas, porque Trump terminó subyugado con el inglés y la dialéctica del senador Uribe y por la simpatía de Pastrana, un “hombre Harvard” como lo rebautizó su taita.

Es posible que cuando tropezó con ellos, con el conocimiento de América que tiene, Trump les haya preguntado si eran expresidentes de Bolivia o de Guatemala.

A lo mejor los regañó, no por su pinta de colados, sino porque se abstuvieron de invitar al nuevo Bob Dylan paisa, el reguetonero Maluma y a su mecenas el gobernador Pérez.

Santos podrá llenar ese vacío cultural cuando le toque el turno. Que lo inviten rápido porque si no le da un patatús.

Ahora, no está bien criticar a mis colegas Uribe y Pastrana (colegas pensionados) porque se gastan su jugosa mesada de expresidentes en sol de La Florida. Allá Uribe si manda cartas al congreso gringo o se da su rodadita en Washington para despotricar del gobierno. Lo mismo hicieron en su momento Piedad Córdoba y el presidente Santos.

Y si Pastrana desea explicar cómo no tiró la toalla cuando Tirofijo le dejó la silla vacía, está en su derecho.

Menos mal, el proceso de paz está firme como la Piedra del Peñol. Por lo pronto, gocémonos este “reality” por cuenta del claroscuro Viernes Santo que fue de gozo para la oposición y de dolor para el santoral palaciego.

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