Ana Cristina Aristizábal Uribe
Columnista

Ana Cristina Aristizábal Uribe

Publicado el 18 de julio de 2017

Violar prostitutas

Muchos hombres, aún en estado silvestre (aunque vistan de Boss y adornen la muñeca con un Rolex) siguen pensando que las mujeres son cosa de placer sexual. Y que las prostitutas son para violarlas, ensuciarlas, usarlas, golpearlas, hacer con ellas lo que sea, como se hace con una cosa. También algunas mujeres, muchas muy “piadosas”, así lo aceptan para esas “puercas”. Muchos hombres siguen pensando que en la mejor celebración tiene que haber orgía y desenfreno con mujeres contratadas para la diversión, que se usan como objeto de uso y abuso, un objeto de placer desechable.

Muchachos carentes de mínimas condiciones (económicas, afectivas, morales) de vida, que de un día para otro se ven con dinero en el bolsillo, no saben celebrar de otra forma. Estaban esperando el momento oportuno, el golpe de suerte, el día de la coronación para hacer aquello que la desviada sociedad les inculcó que era la manera de celebrar. Y lo único que logran es demostrar con extravagancia todos los miedos y fantasmas, carencias e inseguridades que los atormentan. Muchos solo son capaces de mostrar su “poderío” frente al más débil e indefenso.

Muchos pelaos, ricos o pobres, deslumbrados por el dinero, sin proceso de culturización, alucinados por una nueva cuenta bancaria, quedan convencidos de que el éxito se refleja en el dinero, los triunfos, los titulares de prensa, las entrevistas en televisión, la imagen replicada en las pantallas que los convierten en héroes imbatibles, superiores, poderosos y con licencia de semidioses. Creen que la celebración tiene que ser a “lo grande” y su poca formación en responsabilidad y deberes, les impide sopesar consecuencias. Las mujeres-objeto tienen que doblegarse ante esa fuerza invencible; la prostituta no tiene derechos, nada puede reclamar y tiene que soportar cualquier cosa de semejante “adonis”.

Súmele que la tradición ha hecho creer a muchos que las prostitutas cometen uno de los peores pecados posibles; y que semejante pecado debería ser castigado ejemplarmente. Por pecadoras no tienen derechos: a una persona sin derechos, se le puede hacer cualquier cosa.

Qué daño social el que está produciendo la convicción de que el dinero, la pantalla y el cuarto de hora de fama, son el fin de la existencia humana y que una vez poseídos dan licencia para atropellar los derechos de los otros .

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