Juan José García Posada
Columnista

Juan José García Posada

Publicado el 16 de julio de 2018

Y SEGUIMOS PATEANDO ESTA PELOTA TIERRA

Terminó la fiesta del planeta. Francia le ganó con su buen fútbol al corajudo equipo de Croacia, con el que muchos nos hicimos la ilusión vana de que era Colombia en el Mundial, entre otros motivos porque derrotó a Inglaterra depués de un partido que no quisiéramos recordar. El mundo sigue girando. Y los seres humanos seguimos pateando sin compasión esta pelota Tierra como si fuera un estropeado balón callejero que no rueda sino que se arrastra.

Me engañé al pensar que los croatas podrían repetir una hazaña parecida a la de los colombianos en Arica, Chile, 1962, cuando le empataron 4 a 4 a Rusia en sorprendente conquista catalogada como épica por el narrador Gabriel Muñoz López. Le empatamos, para usar el plural ficticio que nos arrogamos siempre en los momentos de alegría y celebración y que rehusamos si las cosas salen mal. En aquel entonces la televisión apenas se veía en blanco y negro y era superior la señal de la radio, así estuviera alterada por continuas interferencias.

Y se acabó ayer el efecto placebo del fútbol. Al menos para los habitantes de este país en el que no han dado tregua los encarnizados hinchas de las barras bravas. ¿Que el fútbol une y constituye un factor decisivo para aliviar discordias y enfrentamientos? No lo creo. Lo evidente está manifestándose en esos brotes de agresividad, tergiversación de los hechos, distorsión de la realidad con humor corrosivo y ultrajante, que no se aplacaron durante el mes de Mundial en las mal llamadas redes sociales.

Sí lo sé, mas no lo digo, si me preguntan a qué me refiero en concreto. He procurado eludir ese tipo de confrontaciones. Suficiente he tenido con la deplorable constancia de que varios colegas, amigos y allegados hayan decidido borrarme de sus listas de relacionados hasta en entornos tan respetables como el cultural, que presumía incontaminado y libre del simplismo excluyente de algunos llamados a dar ejemplo de tolerancia, pluralismo y respeto por las diferencias en materia de ideas, creencias, pareceres y opciones que, pensaba equivocado, que jamás podrían ser más fuertes y duraderos que la amistad, al fin y al cabo “ese barco frágil de papel” contra el cual sí puede, en condiciones como tales, “la más violenta tempestad”.

El fútbol, el más popular y global de todos los deportes, es un calmante engañoso. Puede reunir y unir en el estadio, un bar, la sala de la casa, a los aficionados de colores diversos. Pero al pasar las horas volvemos a ser los mismos con las mismas. Las barras bravas de la ideología visceral y primitiva contraatacan al extinguirse el efecto placebo del Mundial. Lástima grande que no sea verdad tanta belleza.

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