Caminar en círculos y envidiar a los muertos
Crítico

Diego Agudelo Gómez

Publicado el 13 de octubre de 2018

Caminar en círculos y envidiar a los muertos

La de idea de volver de la muerte nos fascina. Desde los profetas de la Biblia nos seduce esa promesa. La parábola de Lázaro resucitado por el mesías nos conmueve. La historia del mismo hijo de Dios caminando con las heridas todavía abiertas, tres días después de su ejecución pública, ha enardecido a las masas durante más de dos mil años. Sin embargo, desde el arte y la ficción, seguimos declarando que tal vez no es tan buena idea. El poema de José Asunción Silva sobre Lázaro relata lo que ocurre después de su regreso: vuelve entre lágrimas al antiguo cementerio, solo y envidiando a los muertos. Montaigne, en uno de sus ensayos, asocia la muerte con la libertad y dice que aprender a morir es olvidar la servidumbre. Aunque resistirnos a ese aprendizaje también nos acompaña como especie, a pesar del acervo enciclopédico disponible alrededor de los muertos que caminan.

Para el padre atribulado de Cementerio maldito, la película de 1989, no fue tan buena idea enterrar a su hijo en un cementerio indio. Volvió convertido en una máquina asesina del preescolar. Los caminantes blancos de Juego de Tronos son una fuerza imparable de destrucción. Y los zombis de The walking dead lucen cada vez más putrefactos a medida que avanzan los años. En la recién estrenada novena temporada, las carnes de los cadáveres errabundos se desprenden del hueso, y de sus bocas y órbitas oculares brotan enjambres de cucarachas y espeluznantes arañas. Sin embargo, la rutina ha desvanecido el espanto que nos mantenía adheridos a esta serie que aún no aprende a morir.

La franquicia es tan rentable como el comercio de esclavos. El cómic embrionario va por el número 186. La serie matriz completará 131 episodios con esta nueva temporada. El spin-off, Fear the walking dead, tiene cuatro temporadas. El videojuego está en las consolas y tiendas de aplicaciones móviles. Y quién sabe de cuántas maneras adicionales seguirá perpetuándose esta serie que, sin dudas, nos ha entregado grandes momentos: Rick recién fugado del hospital caminando por una Atlanta desolada, Daryl acertando cada flecha de su ballesta en las cabezas de los muertos vivientes, Michon empleando su sable samurái como una virtuosa rebanadora de cerebros, el premio de ver a los personajes más chocantes cayendo ante las mordidas de los cadáveres reanimados.

No se debe olvidar que por cada momento memorable hemos pagado el alto precio de soportar extenuantes secuencias de caminatas eternas, diálogos motivacionales, sollozos edulcorados y una diplomacia abrumadora que trae, entre líneas, moralejas sobre el espíritu inquebrantable de los supervivientes. Y de todos modos seguimos tan encadenados a ella como los actores que en el cautiverio de sus contratos ya se vieron encanecer como si soportaran los rigores de un periodo presidencial.

En el primer capítulo de la novena temporada, la estructura no cambia: tediosa diplomacia condimentada por el acecho de las hordas y un par de sacrificios. Los protagonistas lideran cuatro comunidades. Los salvadores fueron perdonados. Negan reposa en un calabozo. No hay rastros de un nuevo villano y, al parecer, las tensiones de liderazgo enfrentarán a quienes antes eran casi hermanos. El título del capítulo fue Un nuevo comienzo, como si el aliento estuviera renovado o resucitado para nueve temporadas más. A veces, un buen final en el momento justo es más efectivo para perpetuarse. Ahí está Breaking Bad con sus modestas cinco temporadas o Los Soprano con siete temporadas concisas y un final enigmático que la mantiene reverberando, muy viva, en la memoria.

The walking dead es una serie que camina en círculos sobre su argumento. Su popularidad es ascendente, pero emite la atmósfera de cansancio que rodea a quienes comparten la envidia de Lázaro. Quizás es momento de que algún redentor se apiade con un toque vital que salve su trama rigor mortis o afine su puntería para liquidarla y cubrirla con la inmortalidad del recuerdo.

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