Editorial

Belisario Betancur, el presidente humanista

Hecho a pulso, colombiano y antioqueño cabal. El estadista de cultura universal, el presidente que amó a su pueblo y buscó la paz, merece el respeto y el reconocimiento del país entero.
Belisario Betancur, el presidente humanista
ilustración esteban parís Publicado el 08 de diciembre de 2018

El último de los presidentes humanistas de Colombia, el estadista de cultura universal, falleció ayer a los 95 años. Belisario Betancur, nacido en las montañas de Amagá, cuya férrea voluntad lo llevó a educarse y levantarse de la pobreza gracias a su propio esfuerzo, forjó una trayectoria de servicio público luego de graduarse de abogado en la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín.

Parlamentario, ministro de Trabajo, embajador, candidato presidencial y, luego de tres intentos, elegido presidente de la República en 1982. En su posesión, el 7 de agosto de 1982, clamó en la Plaza de Bolívar: “Ni una gota más de sangre de ningún colombiano por la violencia”. Y se aplicó, contra todas las dificultades, a buscar la paz.

Betancur asumió el poder cuando el país se encontraba sumido en un clima de desmoralización. La corrupción política y la infiltración del narcotráfico entre la clase dirigente y la sociedad ya hacían estragos en el tejido moral del país. El presidente Belisario, cuyo nombre de pila bastaba para ser reconocido por el pueblo en señal de aprecio y cercanía, conectó con amplias capas de población que se veían de nuevo representadas en la Casa de Nariño. Fue muy alta la popularidad del presidente en sus primeros años de mandato. Conocía todos los rincones del país, sabía bien las necesidades de la gente, las carencias del país rural.

Le tocó hacer también un fuerte ajuste económico, pues llegó al poder justo cuando explotó la crisis financiera internacional y la del impago de la deuda externa de varios países latinoamericanos. La inflación podía haberse descontrolado y el gobierno tuvo que tomar medidas de choque.

Betancur impulsó un gran proceso de amnistía para los guerrilleros, como preludio al inicio de negociaciones de paz con las Farc, el M-19, el Eln y el Epl. Muchos grupos guerrilleros actuando bajo distintas estructuras criminales. El presidente habló de las “causas objetivas” de la violencia y reconoció el componente de desigualdad social como combustible de la violencia. Logró treguas y cese al fuego temporales, y bajo el símbolo de las palomas en todos los pueblos, logró encender una ilusión de que Colombia podía, por fin, dejar atrás su ciclo de violencias. Lo intentó, persistió, usó todo su capital político y su capacidad de persuasión. Encontró obstáculos dentro y fuera del Gobierno. La cúpula militar de entonces no siempre lo acompañó en su empeño.

El golpe de muerte a la paz, luego de la ruptura de la tregua con las Farc y el M-19, se consumó con la criminal toma de la Palacio de Justicia (6 y 7 de noviembre de 1985) por parte de este último grupo guerrillero. Según la Comisión de la Verdad sobre el Palacio de Justicia, el M-19 fue pagado por el Cartel de Medellín para realizar la acción criminal. La retoma por parte de las Fuerzas Armadas constituye, todavía hoy, objeto de encendidos debates. La Corte Suprema de Justicia perdió a sus más distinguidos magistrados y la Rama Judicial sufrió el peor ataque de su historia. El presidente Betancur, como Jefe de Estado, asumió la responsabilidad por las decisiones políticas y militares adoptadas para lograr la recuperación del Palacio.

Una semana después ocurrió la avalancha originada en el volcán Nevado del Ruiz que arrasó Armero, en Tolima, y otras poblaciones adyacentes, causando 25.000 víctimas. El país presenció el sufrimiento del presidente, sus secuelas físicas, no incompatibles con el temple del gobernante dirigiendo la acción del Estado.

Ambas tragedias marcaron su mandato y, posiblemente, influyeron en su alejamiento total de la política una vez dejó el cargo. Pero sería injusto reducir su administración a esos hechos. Betancur impulsó la descentralización administrativa y promovió la reforma para lograr la elección popular de alcaldes, que comenzó dos años después de terminar su gobierno.

También fue muy destacada su gestión internacional. Betancur sacó a Colombia del aislamiento internacional. Ingresó al Movimiento de Países No Alineados, creó el Grupo de Contadora para buscar -y lograr- la paz en varios países centroamericanos; cultivó buenas relaciones con los países latinoamericanos; recibió la confianza del sistema financiero internacional. Fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia por su búsqueda de la paz. La paz fue su gran sueño hasta el último de sus días.

Pero si su gobierno merece amplio análisis, su faceta de humanista es un capítulo esencial de su talla de líder y estadista. Siendo un joven estudiante de Derecho ejerció el periodismo, en La Defensa y en EL COLOMBIANO. En las páginas de este diario desarrolló su amor por las letras y las artes. Al momento de su fallecimiento seguía siendo el presidente del Jurado de los Premios El Colombiano Ejemplar, los que siempre honró con su consejo y entusiasmo.

Belisario Betancur era un hombre respetado y acatado en los centros del saber en Latinoamérica y Europa. Lector infatigable, literato, amante de la poesía, miembro de Academias de la Lengua y de Historia. Su cultura enciclopédica nunca lo alejó del sentir de los pueblos de Colombia y, en particular, de su entrañable Antioquia. Cuesta trabajo entender hoy que, en su época de presidente, se le criticara su fomento a las culturas regionales de Colombia, a sus programas de estímulo a los artistas colombianos, fueran pintores, escultores, poetas, músicos. Algunos años después de abandonar el poder decía que estaría satisfecho si se le recordara por haber sido el presidente de la cultura.

Y no es mérito menor, todo lo contrario, su ejemplaridad y dignidad como ex presidente. Nunca dificultó la labor de sus sucesores. No increpó, no obstaculizó, no propagó rencores ni cuentas pendientes. Aconsejaba cuando se lo pedían, pero su impecable prudencia era su pauta de comportamiento.

Belisario Betancur honró la Presidencia. Fue un hombre de gobierno digno, un demócrata, un líder lleno de amor a su pueblo, de genuino afecto por sus compatriotas. Merece el reconocimiento de todo el país y los homenajes de una tierra por la cual luchó sin pausa para hacerla vivible. Descanse en paz el presidente humanista.

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