Editorial

Chapecoense: el dolor del fútbol

Los sueños de este club brasileño de provincia chocaron contra la montaña. Una tragedia que deja 71 muertos, enluta al mundo del fútbol y al periodismo, e impone solidaridad y condolencia.
Chapecoense: el dolor del fútbol
ilustración esteban parís Publicado el 30 de noviembre de 2016

Hay que imaginarlo: una pequeña ciudad del sur de Brasil, que se ganó un lugar en el mapa del continente gracias a las conquistas de su equipo de fútbol Chapecoense, ahora llora la muerte de los héroes que la sacaron del anonimato y que estaban dispuestos a jugarse todo por ganarle al Atlético Nacional el título de la Copa Suramericana. Así fue: entregaron su existencia, aún sin pisar la cancha.

Muchas veces se ha dicho que por el fútbol pasa la vida misma. Quienes no lo crean pueden encender en este momento el televisor, leer los periódicos o pinchar los buscadores de la internet, para que vean las imágenes de ilusión de aquellos muchachos, su cuerpo técnico y sus directivos, antes de iniciar el viaje a un partido sin regreso, sin revancha, sin vítores, sin sudor.

Es necesario poner los ojos sobre las imágenes sonrientes de esos deportistas que creían que Chapecó, esa urbe de 200 mil habitantes donde es cotidiano criar cerdos y vacas y asistir a ferias agropecuarias, podía volverse protagonista en el gigante Brasil por cuenta de su hazaña: vencer al último ganador de la Copa Libertadores de América.

Pero en medio de la neblina y la lluvia que cubrían las montañas del oriente de Antioquia, el lunes a las diez de la noche, el avión rj85, fabricado en Gran Bretaña, en el que venían a demostrar que ya no eran un club chico, ascendido a la categoría A en 2014, desapareció del radar del Aeropuerto José María Córdova, de Rionegro.

Entonces, la gloria que habían forjado, con audacia y perseverancia, superando el papel de clubes históricos del “brasileirao” como Flamengo o Coritiba, o viendo cómo se quedaban en el camino otros equipos de casta como San Lorenzo y Cerro Porteño, se vino abajo, se convirtió en la adversidad regada por el pasto y los matorrales del Cerro Gordo.

El fútbol planetario enmudece con esta tragedia ante la cual se solidarizan no solo quienes aman ese deporte masivo y apasionante, sino quienes presencian desde todos los puntos cardinales el accidente que despedazó los sueños de gloria de un equipo modesto y de una ciudad cuyos héroes más recientes eran sus muchachos fallecidos.

Los jugadores y directivos de Atlético Nacional se apresuraron ayer a mostrar grandeza y pidieron que Chapecoense reciba el título de la Suramericana. Un gesto que no cambia el destino, pero que tal vez sirva para que la gallardía, la solidaridad y el juego limpio brillen sobre tanta muerte e infortunio.

A las familias de los jugadores, entrenadores, dirigentes, periodistas y tripulantes caídos, una voz de aliento, un mensaje fraterno de pesar. La tragedia del club no solo convivirá con la historia de Chapecó, su ciudad natal, sino que será una lucecita titilante en el recuerdo de los aficionados del fútbol y la gente de estas tierras.

Hay un luto que respetar y honrar, esta noche, en la ceremonia de despedida y homenaje simbólicos que se hará en el Estadio Atanasio Girardot, de parte de los antioqueños para las víctimas del vuelo de LaMia Corporation, matrícula 2933, sus parientes y sus paisanos. Lo sentimos, Brasil.

En un estertor, perdido en la montaña y la noche, agonizó la alegría de esa fiesta del fútbol que sería la final de la Copa Suramericana. Ahora queda procurar que Antioquia y Medellín tengan la sensibilidad suficiente para acompañar la despedida de los héroes de Chapecó, a quienes el mundo recordará siempre.

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    Aplausos y pitos

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    VICTORIA EUGENIA RAMÍREZ

    Secretaria de Gobierno de Antioquia, por su decidida acción al prohibir totalmente la pólvora.

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    ROBO DE ARMAS A LA POLICÍA

    No aparecen 38 revólveres y 13 pistolas del armerillo de la Escuela de la Policía de Barranquilla.