
Archivo EL COLOMBIANO | Woodstock se convirtió en un
referente para una generación de jóevenes paisas
que se inspiró en este para realizar Ancón.

Archivo EL COLOMBIANO | Los hippies fueron conocidos como los
gitanos del siglo XX.

Archivo EL COLOMBIANO | Woodstock, el ícono de la generación
del 60, es recordado como el mayor festival de música
y arte celebrado en toda la historia de la humanidad. |
Ancón,
ruptura a ciegas
Un
escenario que reunió significados y propuestas alternativas
a la tradición y a la revolución.
Por
Ana
Lucía Mesa Franco
Medellín
El festival de Ancón en 1971, en Antioquia, mezcló
sin lugar a dudas el afán globalizante de una reacción
creciente al fenómeno de la industrialización en el
mundo, con el deseo de traer a estas tierras el aire refrescante de
la cultura hippie y rock que nunca entró de lleno a Colombia.
La experiencia reciente en lo histórico y cultural registró
el impacto de una sociedad norteamericana que se estaba transformando,
su reacción al fenómeno de la industrialización,
aunque hizo eco a la contravía naciente en Europa ante este
fenómeno, también a las consecuencias de la revolución
industrial y las transformaciones sociales, que se vieron particularmente
en el entorno familiar y femenino, porque con la incorporación
de la mujer al trabajo, las relaciones de los hijos con los padres
cambiaron.
El viejo continente se recuperaba de dos guerras mundiales que
prácticamente exterminaron una generación, hecho que
dejó unas huellas imborrables en la población, ya
que se truncó el proceso evolutivo natural, al darse el salto
de abuelos a nietos, porque los padres, hombres, fueron quienes
participaron en la guerra. Pero Estados Unidos vivía un relativo
esplendor, por haber triunfado como parte, precisamente de dos batallas
mundiales, que, por cierto, no se lucharon en su territorio.
Por un lado, en Europa comienza a formarse una cultura que cambia
notoriamente su posición ante la vida. Así hacia mitad
del siglo XX, la consigna era "free child", "libres
de niños", no valía la pena tener hijos en tierras
devastadas física, mental y socialmente, por la barbarie.
Por el otro, en E.U. el ideal familiar llegaba a su máxima
expresión, dominaba la imagen del héroe americano,
conquistador y siempre ganador. En ese momento surge el rock and
roll, un fenómeno musical que en principio cantó a
esos valores y luego cuando queda en la palestra el rock y una propuesta
contraria, la que va contra la guerra y el ideal de héroe,
vendido a los norteamericanos.
Fue el rock el que llamó la atención sobre las consecuencias
reales de la guerra, no importa si fuera propia o ajena, sobre sus
participantes, protagonistas, las familias y la sociedad. Fue la
respuesta a los efectos de la guerra de Corea y de Vietnam. Entonces,
los jóvenes ya no veían en los adultos al modelo,
para seguir, sino que decidieron crear sus propios modelos y validar
un una nueva actitud ante la vida. Lo importante fue vivir el momento
y disfrutarlo. Tales cambios se observaron claramente en la cultura,
las artes y la música.
Transformación en diversos matices
"Quizá ese fue uno de los modelos interesantes para
la cultura paisa, en el momento de copiarla. Porque aquí
copiamos todo. Y ese empuje y eficiencia de la cultura norteamericana
se sumaba a la inclinación hedonista del hippismo y el disfrute",
precisa el profesor universitario Gustavo
Arango .
No dejará de sorprender que el fenómeno no tuviera
el alcance esperado, como lo dice Arango, sin embargo, él
lo considera positivo.
"Yo pienso que no tuvo el impacto que a veces se cree, sin
embargo, fue importante. Porque el festival de Ancón dejó
más visible grupos de rock que permanecían en el terreno
de lo underground, se dejaron de escuchar por algunas horas aires
propios para conocer otros sonidos... era un encuentro hippie y
vivieron lo suyo, ante todo ellos eran hedonistas, en donde el objetivo
era disfrutar el momento", afirma Arango.
En Ancón se trataba de concentrar en un escenario significados
y expresiones de los cambios, en las artes y en los ideales. "Era
hacer una fiesta de héroes jóvenes para jóvenes",
dice el profesor Arango. Respecto a un sentimiento de izquierda
creciente, como reacción al impacto de la modernidad, era
necesario mostrar otros caminos, como los que en ese momento hicieron
carrera, el del hippismo, el rock y vivir el placer.
Era el tiempo del arte joven, de la improvisación de un
autodescubrimiento norteamericano, este es el imaginario precedente
a Ancón 1971, una especie de "Woodstock criollo",
sostiene Arango. En donde la conciencia social, la revolución
y lo tradicional fueron ajenos, más no anulados, era el espacio
de lo otro, de lo underground, eco de Mayo de 1968 y la Primavera
de Praga en Europa, en donde si bien se proclama la revolución,
también, hay en espacio para ese paralelo, de la validación
del placer, como fue lo ocurrido en E.U. con Woodstock. En nuestro
país aunque esta era una perspectiva limitada para las minorías,
se convirtió en una opción vital, tan seductora como
la revolución y alternativa a la tradición.
”Es que Woodstock no fue el único festival de esas
características en E.U. se habían realizado otros,
lo que sucedió es que allí todo se salió de
las manos, los organizadores del evento, como las autoridades en
Estados Unidos no previeron lo que iba a suceder, por eso fue noticia”,
anota Arango.
Por eso la influencia inmediata de este ideario, se extendió
con mayor velocidad, especialmente además de la música,
en las artes, fueron la herencia inmediata, para el resto del mundo,
en donde se asimiló de diversas formas, en nuestro caso fue
el movimiento hippie, el Nadaísmo y Ancón. Luego se
difundieron con mayor libertad, además del rock, tendencias
como el Arte Pop, definitivas en los cambios de la plástica
local.
"Fue importante en que para esta sociedad tan cerrada como
sus montañas, vivir un fenómeno como Ancón,
nos abrimos a otras posibilidades, a pesar de la crítica,
y del supuesto escándalo. Yo estuve en Ancón, porque
quería ver cómo era eso, la gente se bañaba
en el río, en ese frío tan duro, se hizo mucho escándalo,
pero no fue tan grave", para Gustavo Arango, aunque los intereses
que determinaron la realización del festival fueran comerciales,
la propuesta fue válida y oportuna.
Ancón aunque no tuvo el eco que se quisiera, mostró
que es posible que aquí lleguen otras tendencias, otros sonidos,
otras ideas, fue un esfuerzo por abrir la mente y demostrar que
aquí también hay espacio para otros ideales, una manera
diferente de ver la vida. Por eso fue clave en el camino que de
allí en adelante seguirían las artes locales. De allí,
que la ruptura generada fue sutil, pero profunda, para una sociedad
como la nuestra, en donde los cambios se aprecian en los matices
que inciden en ritmos históricos y que conducen cambios inesperados
en lo local, en consonancia con lo global.
Gustavo
Arango es profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad
Pontificia Bolivariana, Doctor en Derecho de la Universidad Autónoma
de México y Magister en Filosofía de la U.P.B.
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