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EL COLOMBIANO.COM | ANCÓN 2005


Archivo EL COLOMBIANO | Woodstock se convirtió en un referente para una generación de jóevenes paisas que se inspiró en este para realizar Ancón.


Archivo EL COLOMBIANO | Los hippies fueron conocidos como los gitanos del siglo XX.


Archivo EL COLOMBIANO | Woodstock, el ícono de la generación del 60, es recordado como el mayor festival de música y arte celebrado en toda la historia de la humanidad.
Ancón, ruptura a ciegas



Un escenario que reunió significados y propuestas alternativas a la tradición y a la revolución.

Por
Ana Lucía Mesa Franco
Medellín

El festival de Ancón en 1971, en Antioquia, mezcló sin lugar a dudas el afán globalizante de una reacción creciente al fenómeno de la industrialización en el mundo, con el deseo de traer a estas tierras el aire refrescante de la cultura hippie y rock que nunca entró de lleno a Colombia.

La experiencia reciente en lo histórico y cultural registró el impacto de una sociedad norteamericana que se estaba transformando, su reacción al fenómeno de la industrialización, aunque hizo eco a la contravía naciente en Europa ante este fenómeno, también a las consecuencias de la revolución industrial y las transformaciones sociales, que se vieron particularmente en el entorno familiar y femenino, porque con la incorporación de la mujer al trabajo, las relaciones de los hijos con los padres cambiaron.

El viejo continente se recuperaba de dos guerras mundiales que prácticamente exterminaron una generación, hecho que dejó unas huellas imborrables en la población, ya que se truncó el proceso evolutivo natural, al darse el salto de abuelos a nietos, porque los padres, hombres, fueron quienes participaron en la guerra. Pero Estados Unidos vivía un relativo esplendor, por haber triunfado como parte, precisamente de dos batallas mundiales, que, por cierto, no se lucharon en su territorio.

Por un lado, en Europa comienza a formarse una cultura que cambia notoriamente su posición ante la vida. Así hacia mitad del siglo XX, la consigna era "free child", "libres de niños", no valía la pena tener hijos en tierras devastadas física, mental y socialmente, por la barbarie.

Por el otro, en E.U. el ideal familiar llegaba a su máxima expresión, dominaba la imagen del héroe americano, conquistador y siempre ganador. En ese momento surge el rock and roll, un fenómeno musical que en principio cantó a esos valores y luego cuando queda en la palestra el rock y una propuesta contraria, la que va contra la guerra y el ideal de héroe, vendido a los norteamericanos.

Fue el rock el que llamó la atención sobre las consecuencias reales de la guerra, no importa si fuera propia o ajena, sobre sus participantes, protagonistas, las familias y la sociedad. Fue la respuesta a los efectos de la guerra de Corea y de Vietnam. Entonces, los jóvenes ya no veían en los adultos al modelo, para seguir, sino que decidieron crear sus propios modelos y validar un una nueva actitud ante la vida. Lo importante fue vivir el momento y disfrutarlo. Tales cambios se observaron claramente en la cultura, las artes y la música.

Transformación en diversos matices
"Quizá ese fue uno de los modelos interesantes para la cultura paisa, en el momento de copiarla. Porque aquí copiamos todo. Y ese empuje y eficiencia de la cultura norteamericana se sumaba a la inclinación hedonista del hippismo y el disfrute", precisa el profesor universitario Gustavo Arango. No dejará de sorprender que el fenómeno no tuviera el alcance esperado, como lo dice Arango, sin embargo, él lo considera positivo.

"Yo pienso que no tuvo el impacto que a veces se cree, sin embargo, fue importante. Porque el festival de Ancón dejó más visible grupos de rock que permanecían en el terreno de lo underground, se dejaron de escuchar por algunas horas aires propios para conocer otros sonidos... era un encuentro hippie y vivieron lo suyo, ante todo ellos eran hedonistas, en donde el objetivo era disfrutar el momento", afirma Arango.

En Ancón se trataba de concentrar en un escenario significados y expresiones de los cambios, en las artes y en los ideales. "Era hacer una fiesta de héroes jóvenes para jóvenes", dice el profesor Arango. Respecto a un sentimiento de izquierda creciente, como reacción al impacto de la modernidad, era necesario mostrar otros caminos, como los que en ese momento hicieron carrera, el del hippismo, el rock y vivir el placer.

Era el tiempo del arte joven, de la improvisación de un autodescubrimiento norteamericano, este es el imaginario precedente a Ancón 1971, una especie de "Woodstock criollo", sostiene Arango. En donde la conciencia social, la revolución y lo tradicional fueron ajenos, más no anulados, era el espacio de lo otro, de lo underground, eco de Mayo de 1968 y la Primavera de Praga en Europa, en donde si bien se proclama la revolución, también, hay en espacio para ese paralelo, de la validación del placer, como fue lo ocurrido en E.U. con Woodstock. En nuestro país aunque esta era una perspectiva limitada para las minorías, se convirtió en una opción vital, tan seductora como la revolución y alternativa a la tradición.

”Es que Woodstock no fue el único festival de esas características en E.U. se habían realizado otros, lo que sucedió es que allí todo se salió de las manos, los organizadores del evento, como las autoridades en Estados Unidos no previeron lo que iba a suceder, por eso fue noticia”, anota Arango.

Por eso la influencia inmediata de este ideario, se extendió con mayor velocidad, especialmente además de la música, en las artes, fueron la herencia inmediata, para el resto del mundo, en donde se asimiló de diversas formas, en nuestro caso fue el movimiento hippie, el Nadaísmo y Ancón. Luego se difundieron con mayor libertad, además del rock, tendencias como el Arte Pop, definitivas en los cambios de la plástica local.

"Fue importante en que para esta sociedad tan cerrada como sus montañas, vivir un fenómeno como Ancón, nos abrimos a otras posibilidades, a pesar de la crítica, y del supuesto escándalo. Yo estuve en Ancón, porque quería ver cómo era eso, la gente se bañaba en el río, en ese frío tan duro, se hizo mucho escándalo, pero no fue tan grave", para Gustavo Arango, aunque los intereses que determinaron la realización del festival fueran comerciales, la propuesta fue válida y oportuna.

Ancón aunque no tuvo el eco que se quisiera, mostró que es posible que aquí lleguen otras tendencias, otros sonidos, otras ideas, fue un esfuerzo por abrir la mente y demostrar que aquí también hay espacio para otros ideales, una manera diferente de ver la vida. Por eso fue clave en el camino que de allí en adelante seguirían las artes locales. De allí, que la ruptura generada fue sutil, pero profunda, para una sociedad como la nuestra, en donde los cambios se aprecian en los matices que inciden en ritmos históricos y que conducen cambios inesperados en lo local, en consonancia con lo global.

Gustavo Arango es profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana, Doctor en Derecho de la Universidad Autónoma de México y Magister en Filosofía de la U.P.B.


 




 
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