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Por Con 17 propuestas que hicieron un recorrido por las artesanías, por las glorias de Pambelé en el boxeo, por los sueños infantiles y por el cuerpo como instrumento del alma, las nuevas promesas de la Colegiatura Colombiana de Diseño marcaron la pasarela Choco Lyne. Raíces es el término con el que definieron la muestra en la que el chocolate vuelve a ser el punto de partida con todo su colorido, la sensualidad, el misterio y el encanto de esta bebida que enamora. El colorido de las artesanías de Andrea Piedrahita empezó la pasarela con fibras gruesas, tejidos pesados en tonos verdes, naranjas y amarillos que resaltaban sobre un fondo negro. Lina Echeverri quiso plasmar la sensación de una fiesta eterna empleando azules, rosas y violetas debajo de los estampados sutiles. Las faldas con capa sobre capa añadieron volumen y fuerza a los torsos transparentes y definidos. Para los hombres también hubo telas translúcidas en colores claros. El estilo de llevar prenda sobre prenda en telas sintéticas funcionó para Marcelo Rivadeneira quien denominó su propuesta como refugio intangible. El cuerpo como instrumento Los velos semitransparentes, el brillo en las telas, las faldas tipo globo y el torso ceñido fueron clave para que Adriana Celis dejara volar su imaginación hacia una tendencia llamada el Cuerpo como instrumento del alma. El chocolate también sirvió para ir al lado opuesto. En lugar de apelar a la sensualidad del tornasol y al encanto de las siluetas marcadas, Daniel Echeverri cerró la pasarela Choco Lyne con el infaltable índigo, con telas rasgadas que se superponían en capas asimétricas a manera de retazos. El blanco, el caqui y el verde militar se alternaban con aberturas en las piernas que pusieron la nota sexy a los irreverentes atuendos. Así como es capaz de estimular sensaciones, el chocolate también es motivo de inspiración para crear moda y para llenar los movimientos corporales de sabores dulces. |
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