Razones
para un fracaso
El técnico debe cambiar muchas cosas si es que quiere
seguir ahí.
En cinco pasos se resume qué fue lo que le pasó
a la Selección en la Copa.
Por
Jaime
Herrera Correa
Enviado especial Venezuela
Pinto
no pinta bien
Decepción
total
Federación
respalda a Pinto
La
opinión
La
Copa también tiene lista de las ilustres desilusiones
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Hernán Vanegas | El arquero
Miguel Calero no quiso ratificar ayer lo que ya había
insinuado, que se iría de la Selección
después de la Copa América. Todo parece
indicar que ese anuncio lo hará una vez se reúna
con los directivos en Bogotá. 
Hernán Vanegas | Jorge Luis Pinto, técnico
de la selección Colombia. |
Todo este rollo de la Selección de Colombia y su eliminación
temprana de la Copa América desató una andanada
de acusaciones, quejas y reclamos. El sentimiento nacional
se vino al piso y subieron, entonces, el dolor y la rabia
porque la gente busca explicaciones para un fracaso que nadie
esperaba pues el mismo técnico había lanzado
al aire una promesa de título que algunos se creyeron.
El próximo martes Jorge Luis Pinto presentará
ante los directivos de la Federación, que son sus
patrones, el informe final de lo que pasó en la Copa.
Mientras tanto, el país hace su propio balance, en
las calles, esquinas y corrillos la gente hace cuentas de
lo que se hizo y se dejó de hacer.
Mirando por el retrovisor se pueden ver 10 partidos jugados
sin muchas derrotas, contando los juegos amistosos, pero
los tres partidos que importaban, los de la Copa, que era
el primer examen para Pinto, deja al técnico con
un reprobado. Por ahora, tendrá que habilitar.
Ofreció lo que no tenía
certeza de conseguir
El martes 19 de junio en un almuerzo ofrecido por la firma
Bavaria, patrocinador oficial de las selecciones nacionales,
el profesor Jorge Luis Pinto habló ante la prensa
nacional, convocada allí. Y dijo textualmente: “Vamos
a la Copa a buscar el título. Y es más, prometo
que estaremos en el Mundial de Sudáfrica 2010”.
Y no lo dijo en broma. Pero tampoco se le tomó como
chiste su promesa.
Ya en otra ocasión había afirmado que él
no podía hacer como hacían otros que, antes
de ir a los torneos advertían que no sabían
qué podía pasar. Él, en cambio, iba
a Venezuela por el título. Ese optimismo es bueno
e ilusiona, pero no es sano ni conveniente hacer promesas
sin haber hecho un solo partido oficial. Ese exceso de optimismo
se le cobra hoy al técnico Pinto, no por querer soñar,
sino porque él sabía que no tenía equipo
para tal fin.
Dejó por fuera a jugadores
con más méritos
Regularmente las selecciones nacionales se nutren de los
mejores jugadores. En el caso colombiano el técnico
desconoció los méritos de aquellos jugadores
que fueron campeones o subcampeones con Atlético
Nacional y Huila. Para muestra, dos botones de lujo, el
arquero verdolaga David Ospina y el goleador opita Freddy
Montero. Estos dos jugadores, menores de 20 años,
merecían una oportunidad en la Selección mayor;
se habían ganado, con creces, ese derecho, sin importar
su edad.
En el caso de Ospina la gente se pregunta si fue justo dejarlo
afuera. Si no merecía un cupo sabiendo que Miguel
Calero tendrá 40 años cuando llegue el Mundial
de Sudáfrica (si es que Colombia clasifica) y lo
que le falta a David es roce internacional. El mismo que
hubiera tenido en la Copa América, con seguridad.
Esa falta de visión futurista es otro pecado que
se le anota al profesor Pinto.
El técnico y los “históricos”
se hicieron un ambiente tenso
Extraña, a la luz de los resultados de la Selección
en Venezuela, que el técnico haya tenido tantos inconvenientes
con los jugadores llamados históricos, aquellos que
tienen el mayor recorrido con el combinado nacional y que
se han ganado un lugar en él por su trayectoria.
Tanto el técnico como Iván Ramiro Córdoba,
Mario Alberto Yepes, Miguel Calero y hasta Amaranto Perea
se enfrascaron en discusiones tácticas que llevaron
al técnico a procedor equivocadamente. Si él
no estaba de acuerdo con los jugadores y su proceder, debió
haber tomado medidas drásticas en vez de empezar
a dudar y cambiar la formación en los tres partidos.
Mario Yepes advirtió públicamente que había
tenido una discusión difícil con el profesor
por haberle cuestionado la táctica que emplearía
ante Argentina; por eso Pinto no lo puso. Y hoy, en este
balance, nace la duda, ¿será que Yepes tenía
razón y el que se equivocó fue el técnico,
por terquedad?
Su fórmula de elección
de jugadores
El profesor Jorge Luis Pinto se equivocó en la elección
de los jugadores, de eso no queda duda. Llevó algunos
que no estaban siquiera jugando en sus respectivos equipos.
El caso de Javier Arizala (suplente en el Tolima), Fabián
Vargas (sin jugar en el Internacional brasileño),
John Viáfara (saliendo de una para muy larga), Mario
Yepes (con apenas unos partidos encima después de
seis meses lesionado), Hugo Rodallega (dejado en libertad
por el Atlas y con poco juego encima), Gerardo Vallejo (un
lateral sin salida y sin fuerza). Y encima de haberlos elegido
sin tener el ritmo suficiente para afrontar una competencia
de primer nivel y con una exigencia máxima como la
Copa América, el profesor Pinto se la jugó
con ellos en la titular aunque su rendimiento fue muy flojo.
Hugo Rodallega es el ejemplo más palpable de la terquedad
del técnico. En reiteradas ocasiones se le preguntó,
públicamente, por qué mantenía a Rodallega
si no había sido útil para el equipo y Pinto
siempre tuvo palabras, pero no argumentos, para defender
al jugador vallecaucano que estuvo en la cancha hasta el
último minuto del último partido.
Las cargas de trabajo fueron
excesivas
Todos los jugadores que han trabajado bajo las órdenes
de Jorge Luis Pinto se han quejado, históricamente,
por la forma como se trabaja con él. En esta Selección
más de uno (sin dar nombres) se quejó porque
las cargas de trabajo fueron demasiado altas para una competencia
que implicaba partidos muy seguidos y bajo temperaturas
extenuantes.
El profesor Freddy Amazo, preparador físico de la
Selección, siempre defendió el programa de
trabajo, pero es un hecho que a Colombia se le vio reventada,
o por lo menos sin reacción ni piernas para resolver
los partidos cuando más lo necesitaba. Para jugadores
que llegaban de ligas exigentes que recién habían
terminado, el trabajo físico excesivo es mortal.
Jornadas dobles de entrenamiento no parecen ser lo ideal
para un equipo que tenía que jugar tres partidos
en una semana (con 30 y 35 grados de calor) y ante rivales
de primerísimo nivel. Colombia se notó como
un conjunto apabullado. A la tensión se le sumó
el desgaste físico.
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