Hernán Chica | En su manifiesto, los niños expresaron que las palabras no deben ser usada para herir y matar, para obligar, prohibir y regañar, y que se cambien por términos mágicos para imaginar un mundo habitado por la alegría.
Niños, güetes con sus palabras

Presentaron 30 términos nuevos, desempolvados y más queridos.
Luego de cinco días, ayer culminó El Congresito de la lengua española.

Por
Catalina Suárez Restrepo

En vez de harina, levadura, agua y sal, le echaron una pizca de magia, mucha imaginación y dos cucharaditas de picardía. Revolvieron, revolvieron y amasaron hasta formar palabras nuevas como flapigozo, pinochada, japisteza...

Para desempolvar otras hablaron con sus abuelos y les preguntaron su significado. Así aprendieron que pipiolo es una persona joven, que a la pereza se le dice modorra y que el chéchere es algo viejo y deteriorado.

Además, después de buscar en el fondo de su corazón también descubrieron las palabras más queridas: chocolate, música, crispeta, carcajada...

En total fueron 30 palabras, que 52 niños participantes del Congresito de la lengua española, escogieron, después de cuatro días de intenso trabajo en los que jugaron, aprendieron e hicieron conjuros mágicos que les dieron el poder para seleccionar los mejores términos.

"Nos acostamos muy tarde y nos levantamos súper temprano para escoger las palabras, ensayar las canciones, participar de la recreación y aprender mucho en los talleres", cuenta Alejandra Fernández, quien llegó desde Andes.

Para Natalia Franco, de 11 once años y estudiante del colegio San José de las Vegas, el trabajo fue fácil y divertido porque aprendieron jugando.

"Y me sentí importante como los grandes", afirmó con una sonrisa nerviosa, antes de subir al escenario en el que cantó como solista, junto a sus compañeros de aventura en la Montaña Mágica, de Santa Elena, y a otros integrantes de la Corporación Cantoalegre.

Sus trucos para elegir las palabras en los conjuros fantásticos era seleccionar aquellas que tuvieran un significado "charro" y le sonaran bonito.

Así se decidió por pipiolo, fruspiro y soñar.

Todo su esfuerzo lo consignaron en un manifiesto que "Mateo en el país de las maravillas", que es su nombre mágico, en representación de los demás pequeños, entregó, ayer, al alcalde Sergio Fajardo Valderrama y al ex presidente Belisario Betancur, que no quiso perderse el cierre del Congresito.

El ex mandatario les dijo a los niños que el documento se lo llevaría como regalo a su nieta en un lumpereza, pero de mucha alegría. Luego se sentó a leer las creaciones mientras, como cualquiera de los escolares que llegaron ayer a la zona libre del Palacio de Exposiciones, disfrutaba de un helado.

Todos estaban tan felices, que ni siquiera la lluvia quiso aguar la fiesta que rindió tributo a las palabras infantiles.

Los menores no solo consignaron los términos que eligieron de una convocatoria que se realizó por internet, línea telefónica y en talleres que recorrieron varias instituciones educativas de la ciudad, en los que participaron cerca de 3.000 alumnos.

Los niños del Congresito de la lengua española de 2007 también expresaron lo que les gusta y lo que no.

En su manifiesto acordaron que les encanta estar en una montaña que tenga un agujero de leche, pero les molesta que no les dejen comer mucho chocolate.

El manifiesto de los niños
Los niños acordamos que nos gusta:
- Poder ver a nuestras familias, nuestros amigos y amigas.
- Reconstruir la capa de ozono y salvar la naturaleza.
- Estar en una montaña que tenga un agujero de leche.
- Que nos escuchen y nos presten atención.
- Que nunca se acabe la sonrisa y que la alegría salga al exterior.
- Que los padres cambien maltratos por risas y carcajadas.
- Que todos los seres humanos sean más tiernos.
- Que no corten los siete cueros para que no se acaben.
- Que nunca se acabe la aguapanela y haya mundial de peleas de gallos.

Los niños acordamos que no nos gusta:
- Que maten a los padres de los niños y a los animales.
- No ver a los papás.
- No escuchar cantar a los delfines y a las ballenas del mar.
- Que los papás nos castiguen y nos peguen.
- No poder hablar con Dios.
- Que no nos dejen comer mucho chocolate.
- Perder amigos porque se tienen que ir a vivir a otros lados.
- Que nos molesten.
- Que nos digan mentiras.
- Que tengamos que trabajar mucho.


Y ellos jugaron con las palabras...

Las 10 inventadas: flapigozo (explosión de gozo), tristesinra (tristeza que se siente como un huequito en la barriga), fruspiro (suspiro ahogado que se produce al bañarse con agua helada), lumpereza (pereza que da los lunes) y las otras: murmulencio, pionilla, lunor, hormonado, pinochada y japisteza.

Para desempolvar: ágape (fiesta), cántaro (vasija para recoger agua), chéchere (algo viejo), embeleco (un capricho chiquito), embrollo (dificultad sin resolver), menjurje (ungüento), modorra (pereza), pipiolo (joven), pañolón (pañuelo grande que se ponen las señoras para ir a la misa) y güete (contento).

Las palabras favoritas: chocolate, música, crispeta, carcajada, soñar, fútbol, mágico, amigo, montaña y mamá. Y dijeron que “las palabras deben usarse para llegar a acuerdos, para conciliar y para resolver problemas, no para dividir”. Para consultar todos los términos en: www.tienenlapalabra.com



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