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| Hernán Chica | La conferencia sobre
la crítica literaria tuvo como moderador invitado
al escritor Santiago Gamboa. Durante la sesión hubo
un flujo constante de personas y el auditorio permaneció
lleno hasta el final donde la sesión de preguntas
permitió lucirse de nuevo a los invitados. |
Los escritores devuelven atenciones a sus
críticos
En Latinoamérica hace falta una crítica literaria
masiva.
Los
escritores invitados se "desquitaron" de sus duros
críticos.
La
"guerra a muerte" entre escritores y críticos
fue el tema central.
Por
Catalina
Rendón Jaramillo
Medellín
"Me imagino que ustedes como público esperarían
que en una charla con un panel de escritores para hablar sobre
los críticos literarios, nosotros devolviéramos
favores hablando mal de ellos y (dice entre risas) no los voy
a decepcionar".
Así, con la misma calidad que le imprime a las frases
de inicio de sus libros, el escritor mexicano Jorge Volpi empezó
su ponencia sobre el tema la crítica en la literatura.
Con su particular estilo describió con anécdotas
y comentarios su posición frente a los críticos
y a él se sumaron en tono de consenso, sus colegas, el
chileno Roberto Ampuero y el cartagenero Roberto Burgos.
"La primera crítica de una revista importante que
leí sobre mí, comparaba mi escritura con el sonido
que producen las uñas al rasgar un pizarrón. Una
experiencia no muy agradable que a un escritor sin experiencia,
puede acabarle la carrera", comentó Volpi cautivando
la atención del público que atiborraba el salón
y que puso sobre la mesa las difíciles relaciones que
se mantienen entre críticos y escritores.
"Yo toda la vida he visto chicos que quieren ser astronautas,
bomberos, poetas o escritores pero nunca me topé con
uno que quisiera ser crítico literario", comentó
Ampuero, anotando que, como Volpi, también ha tenido
problemas con la crítica literaria de su país.
Y es que como "guerra a muerte" describieron los
panelistas la relación entre los escritores y los críticos,
quienes muchas veces con frases lapidarias y odios incorrectos,
tildan sus libros y personalidades.
Roberto Burgos comenzó su ponencia hablando de su doble
papel como escritor crítico, dado algunos trabajos que
ha realizado como crítico literario. Sobre el tema, dijo,
tomó la salomónica decisión de solo criticar
aquellas obras que le gustan: "me parece una tontería
perder el tiempo escribiendo de lo que no me gusta".
"Lo ideal, -continuó- sería crear por medio
de las críticas unas claves de lectura en las que se
les muestre a la gente porqué vale la pena el placer
de la lectura".
El mal que ha causado el realismo mágico a la literatura
colombiana fue otro punto expuesto por Burgos, sobre el cual
argumentó que los críticos parecen sesgados por
aquella obra magnífica de García Márquez
y ahora lo encuentran en cualquier producción colombiana.
"Si es bueno es Macondo y si es malo también, porque
cualquier cosa puede suceder en el realismo mágico del
que parece ahora ningún crítico logra desprenderse
al hablar de literatura colombiana".
¿Competencia?
Los escritores hablaron también sobre la competencia
que se vive entre "las dos caras de un mismo oficio",
como las llamó Volpi.
Se refirieron a la conocida frase "todo crítico
es un escritor frustrado", pero al final la conclusión,
muy salida de un panel de escritores donde no hubo ningún
crítico para que rebatiera, fue que el crítico
no debe estar supeditado a editoriales, no debe conocer de forma
personal al autor a quien le hace la crítica y en el
mejor de los casos, mencionaba con tono irónico, no haber
sido rechazado por alguna editorial pues dejaría en él
algún resto de frustración.
"Un buen crítico debe descifrar para la gente las
claves de la obra a la que se refiere y, en ningún momento,
basarse para su juicio en sus razones personales", precisó
Volpi sobre la labor ideal del crítico.
Roberto Ampuero sostuvo que como escritor se es dueño
de lo escrito hasta que se entrega a otros, pues de allí
en adelante surgen miles de interpretaciones que dan unos y
otros a los textos, incluyendo los críticos.
"Cada lector lee su propia novela y acomoda a su gusto
los personajes, por eso es que críticos, escritores y
lectores leemos novelas tan diferentes" concluyó.
Entrevista
Como un asistente más del público Germán
Castro Caycedo escuchó la conferencia de sus colegas
escritores sobre la crítica literaria y habló
con EL COLOMBIANO sobre su visita a Medellín y el Encuentro
de academias de la Lengua.
¿Cómo ha sido su experiencia en este encuentro?
Extraordinaria, es que la oportunidad ha sido formidable. Tal
es el caso de la Editorial Planeta que ha traído 64 escritores
de toda América Latina y de España dándome
el chance de hablar con alguna gente que no conocía o
intercambiar ideas, libros, asomarme a otras corrientes de pensamiento
lo que ha sido de una riqueza única.
¿Cómo cree que este tipo de eventos le llegan
al público de Medellín?
Como lo ha sido para mí, creo que también es una
maravilla para el público de la ciudad. Medellín
está en un plan de respirar nuevos aires, sacudirse de
cosas que todos sabemos y que nos duelen, por eso este tipo
de eventos son una maravilla para la ciudad.
¿Cómo ha visto la respuesta de la gente frente
al Encuentro?
Magnífica. Todos los escritores que estamos participando
del foro estamos muy contentos con la respuesta de la gente,
en especial los extranjeros, lo cual me emociona muchísimo.
En todas las salas de conferencia a las que he asistido ha habido
un lleno absoluto. La respuesta ha sido soberbia.
La opinión
“El tema de la conferencia me pareció muy interesante.
Es la primera charla a la que asisto y estuvo excelente. No
me imaginé realmente que se manejaran tantos conflictos
en la relación entre críticos y escritores”.
David Julián Domínguez, estudiante comunicación
“La alcaldía se anotó un hit con este evento.
Los conferencistas son maravillosos al igual que los auditorios,
que nos han permitido dar un paseo por la ciudad con escenarios
distintos”.
Luz Marina Hoyos, escritora
“Este tipo de espacios que regularmente no tenemos son
maravillosos en nuestra ciudad. Además el tema de la
conferencia estuvo muy bueno y fue muy bien manejado por los
autores”.
Juan David Villa, estudiante
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