Pero Grullo cultural
Sobre
el significado de los suplementos para la comunidad.
Por
Jorge Urrutia
El folklore, al que atribuimos unos conocimientos acendrados en
el tiempo, cuenta con un curioso personaje, más normal
de lo que parece, que presume de saberes absolutamente mostrencos,
que todo el mundo posee. Son las llamadas verdades de Pero Grullo,
importantes sin embargo muchas veces porque, por sabidas, nadie
se detiene en ellas. Permítanme, estimados lectores, que
me vista como ese personaje folklórico y repita de nuevo
lo que todos saben, por si acaso alguno, de tanto buscar lo extraordinario,
deje de lado lo cotidiano.
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| Cada ocho días un encuentro con
lectores de las más variadas culturas. Suplementos
que invitan a la reflexión, a acercarse de otra manera
a un mundo en constante cambio y evolución. Allí
están con sus voces en cada página. |
No son pocos los directores de periódico que consideran
los suplementos y las páginas culturales, especialmente,
las dedicadas a la crítica de libros, escasamente significativos
a la hora de vender ejemplares.
Opinan que no hay público real que las lea, porque encierran
información sólo propia para una élite
de iniciados. Resultarían ser, por lo tanto, un lujo,
una simple operación de calidad de imagen. Esto lo sufren
los responsables de tales páginas o suplementos perdiendo
espacio en la publicación y debiendo justificar cada
vez por qué hablan de algún tema determinado o,
lo que puede ser peor, por qué no hablan.
Llama la atención que tales suspicacias no parezcan
afectar a otras páginas y secciones de los periódicos
que son, a todas luces, también elitistas y escasamente
leídas, como gran parte de los sesudos artículos
de economía.
Además, las páginas o colaboraciones que se sostienen
por el prestigio que aportan también pueden y deben medirse
a efectos de rentabilidad. Pero conviene añadir que,
detrás de la cultura y de los libros, se sitúa
una importante industria que genera numerosos puestos de trabajo
y dividendos nada desdeñables.
Los cálculos existentes en el caso español (y
actualmente se está revisando el estudio que hiciera
el Instituto Cervantes y ampliándose para todo los países
hispano-parlantes) sitúan la economía que se mueve
en torno a la lengua y sus industrias en un 15 por ciento del
Producto Interior Bruto, es decir, una tasa superior a la de
la producción de automóviles.
Entre 1989 y 1993 dirigí un programa de información
cultural en la televisión de Andalucía, titulado
Indicios. Procuraba ofrecer cada semana, a lo largo de la media
hora de la que disponía, ya en programación de
noche, una entrevista con algún escritor o artista, un
reportaje de actualidad y una agenda de la actividad cultural
en Andalucía.
Tomé algunas opciones estéticas que no es cuestión
de detallar aquí, pero que permitieron ofrecer un programa
que no desdeñaba cierta investigación con la imagen.
Sí quisiera, en cambio, narrar una anécdota que
me sucedió una mañana de invierno, ventosa y fría
para aquella latitud, en la playa de la Atunara, una de las
zonas entonces más deprimida, en La Línea de la
Concepción, al pie de la roca de Gibraltar.
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| Los suplementos ofrecen una mirada panorámica
y profunda... Dialogan con los lectores. |
Mientras grabábamos una entrevista a Gabriel Baldrich,
un periodista que fue compañero de guerra de Miguel Hernández,
junto a un búnker de la segunda contienda mundial situado
a la orilla del mar, el agua nos había llegado casi a las
rodillas, por lo que acudimos a un cafetín frente a la
playa para calentarnos. Se me acercó una señora
a felicitarme por el programa del jueves anterior, que había
sido un monográfico sobre el ballet de Nacho Duato.
En la conversación, le dije que no lo había visto
por un viaje de trabajo, y que únicamente visioné
los brutos anteriores al montaje (tuve que explicarle, claro
es, el proceso de producción de un programa de televisión).
La señora me insistió para que subiese a su casa,
que estaba próxima, porque lo tenía grabado y
"había quedado muy bonito".
En la salita de su vivienda, tomando una copa de anís
en Las Cadenas y comiendo unas galletitas que mi anfitriona
me ofreció en una bandeja con un mantelito hecho a ganchillo,
vi aquella emisión fallada. Pero mayor fue mi sorpresa
cuando supe que en la casa conservaban las cintas de todas las
anteriores porque el marido, pescador de altura, gustaba de
verlas seguidas cuando volvía de sus ausencias de cuatro
o seis semanas.
Después de aquella experiencia no consentí que
nadie en la cadena de televisión me hablase de información
elitista o de escasa audiencia. La información cultural
a través de la prensa escrita o audiovisual es el único
escaparate que millones de personas tienen de la actualidad
del arte y de la cultura. En esas páginas y emisiones
conocen lo que aún no está en los libros históricos,
especialmente en los libros escolares.
¿De no encontrar eco en los medios, cómo podrían
acceder a esa información cultural absolutamente contemporánea
los miles de maestros de escuela repartidos por toda la geografía,
o los funcionarios públicos muchas veces alejados de
las grandes ciudades, o tantas personas que, en su período
de formación estuvieron atentos a los movimientos culturales
y cuando empiezan a ejercer la profesión para la que
se prepararon carecen de tiempo para seguirlos?
Y no me he referido a las poblaciones injustamente separadas
de la cultura desde siempre y que seguirían ignorando
que hay algo más que las meras actividades folklóricas.
No atender a ese interés o no incitarlo significa, precisamente,
trabajar en favor de las élites que ya poseen sus propias
redes especializadas. Significa no atender a un mercado potencial
que sólo está muchas veces dormido. Significa
impedir el desarrollo de industrias que pueden aportar puestos
de trabajo e incrementar la riqueza nacional.
Perdónenme que haga de Pero Grullo en este artículo,
pero lo que el sabio folklórico sabe y dice muchos, aunque
parezca mentira, ni lo conocen ni lo escuchan. Además,
cuando se tira del hilo va desperezándose el ovillo y
cada vez el hilo es más largo y más cosas pueden
decirse. Los suplementos y las páginas culturales de
nuestros periódicos no son un regalo generoso, sino una
información que, bien administrada, debe ser doblemente
enriquecedora.
En los días próximos van a reunirse en Medellín
responsables de varios de ellos pertenecientes a importantes
diarios de América y de España, invitados por
el Instituto Cervantes, la Alcadía de Medellín,
el Ministerio de Cultura de Colombia, el diario El Colombiano
y la editorial Norma. Tratarán de sus problemas y de
las posibilidades existentes de colaboración. Todos aprenderemos
mucho, pero lo haremos sin ningún complejo, porque sabemos
que en sus manos está una de las informaciones más
productivas y enriquecedoras en muchos sentidos.
Contexto
A los encuentros con los académicos, con los reyes de
España, con los escritores, con los rectores de diferentes
universidades, se suma la realización de un panel con
directores y editores de suplementos culturales de América
Latina y España.
La cita será en el auditorio del Periódico EL
COLOMBIANO y se realizará dentro de Café Generación,
con la coordinación de la Alcaldía de Medellín
y el Instituto Cervantes, de España.
Es una tradición que viene de tiempo atrás que
los diarios tengan un suplemento dedicado a la cultura. Publicado
normalmente sábados o domingos, allí se ofrece
una información diferente a la del día tras día.
Temas tratados en profundidad que conectan con lectores de variada
formación.
Esta será la oportunidad de acercarse al asunto desde
diferentes ángulos y tratado por expertos que van más
allá de la teoría, pues tienen la práctica
en su cotidianidad. Invitamos a presentar el tema al escritor
Jorge Urrutia, director académico del Instituto Cervantes,
poeta, que ha sido traducido a varios idiomas; crítico
literario, ensayista y traductor. Doctor en Filología
románica, catedrático de universidad. Un autor
que habla desde su propia experiencia pues ha sido colaborador
de revistas literarias y suplementos culturales.
El encuentro
Comunicación y cultura en el siglo XXI, ese el tema
central de esta reunión de responsables de suplementos
culturales y secciones de cultura que se realizará el
próximo 23 de marzo en el auditorio Francisco de Paula
Pérez de EL COLOMBIANO. Entre las 9:00 de la mañana
y las 12:30 del día y entre las 3:00 y las 6:30 de la
tarde este encuentro propone una reflexión de largo aliento.
Inauguración
9.00 a.m.: La presentación del panel estará a
cargo de Sergio Fajardo Valderrama, alcalde de Medellín;
de César Antonio Molina, director del Instituto Cervantes
y de la directora de El Colombiano, Ana Mercedes Gómez.
Los temas y los participantes
¿Una pareja feliz? Cultura y medios de comunicación
9.15 a.m. - 10.30 a.m.
Moderadora: Beatriz María Arango, abogada asesora de
El Colombiano.
Participantes:
Nelson Rivera, de El Nacional (Caracas)
Cecilia García-Huidobro Mac-Auliffe, de El Mercurio,
de Santiago de Chile.
Juan Antonio Massoliver Ródenas, de La Vanguardia, de
Barcelona
Luz María Tobón, de El Mundo, de Medellín
La influencia de la información cultural
11.00 a.m. - 12.30 m.
Moderador: José María Martínez, representante
del Instituto Cervantes
Participantes:
Andrés Zambrano, de El Tiempo, Bogotá
Manuel Rodríguez Rivero, de ABC, de Madrid
Juan Cruz, de El País, de Madrid
Susana Reinoso, de La Nación, de Buenos Aires
Cultura y comunicación en el mundo hispanohablante
3:00 p.m. a 4:30 p.m.
Moderador: Pere Sureda, editor de la editorial Norma en España.
Participantes:
Sara Araujo, de El Espectador, de Bogotá
Raúl Cachay Alegre, de El Comercio, de Lima
Héctor de Mauleón, de El Universal, de México
Manuel Calderón, de La Razón, de Madrid
Hablemos del futuro
5:00 p.m. a 6:30 p.m.
Edward Jaramillo, representante de la Alcaldía de Medellín
Participantes
Borja Hermoso, de El Mundo, de Madrid:
Ezequiel Martínez, de Clarín, de Buenos Aires
Silvia Isabel Gámez, de Reforma, de México
Beatriz Mesa Mejía, de El Colombiano, de Medellín
La entrada a este Café Generación es
libre, con previa inscripción en el teléfono:
339 33 33.
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