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| Hernán Chica | Todavía son
varios los españoles que se reúnen a conversar
y a jugar cartas en el Club Español. Cuando llegaron
a Medellín se reunían por la calle Bolivia,
pero ahora cuentan con una sede ubicada en la carrera 37A
No. 29 - 04. Si quiere ir a comer comida española,
pertenecer al Club o a la beneficencia española puede
llamar al 232 00 37 y 262 25 21. |
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| Hernán Chica | Margarita Mazuelo,
Elvira González, Agustín Canalejo y Sebastián
Martín son algunos de los actuales miembros del Centro
Cultural Español. |
De callos a la madrileña a mondongo
a la criolla
Los misioneros
españoles han creado 18 colegios en Medellín.
La Colonia
se redujo, aunque los descendientes sean muchos.
EL COLOMBIANO
presenta 5 españoles que no cambian a Medellín por
nada.
Por
Esteban Rahal C.
En este caso no se puede comparar. Tampoco buscar similitudes
donde no las hay. Lo único cierto es que en Medellín
existe una colonia de españoles que prefirió cambiar
las llanuras y mesetas de El Quijote, por las montañas
y clima tropical de Cosiaca y Pedro Rimales.
Pero si dicho cambio cultural y geográfico fue sumamente
traumático para unos, para otros no fue más que
un sueño realizado: encontrar la América. Y es que
mientras unos no pueden dejar a un lado los jamones y quesos manchegos,
otros le encontraron solución a la sazón madrileña
de los callos, con un mondongo a la criolla.
De esta forma es como alrededor de 600 españoles originarios
-como el Consulado de España en Medellín llama a
los que nacieron en suelo ibérico y emigraron hacia esta
región- fueron, poco a poco, adaptándose a las costumbres
colombianas y entrando en una sociedad que siempre los ha acogido
bien, hasta con nuevos hábitos alimenticios.
Desde los más viejos
La primera de las migraciones españolas importantes en
Colombia, podría decirse que fue entre los años
1525 y 1545, periodo en el que se crearon varias de las principales
ciudades como Bogotá, Cartagena y Popayán. Desde
entonces, cuando Rodrigo de Bastidas, Pedro de Vadillo, Pedro
de Heredia, Pedro Fernández de Lugo, Sebastián de
Belalcázar y Nicolás de Federmán, entre muchos
otros conquistadores, llegaron a suelos colombianos, los viajes
entre la Península Ibérica y las tierras americanas
nunca han cesado.
Luego, producto de toda la migración española que
se vivió durante casi cuatro siglos de la colonia, el mestizaje
que se originó con los pueblos americanos permitió
reconocer muchas similitudes entre la cultura española
y la latinoamericana. Atractivos que sirvieron de imán
para que a mediados del siglo pasado, después de la Guerra
Civil española y las guerras mundiales, muchos ibéricos
decidieran buscar calma, riqueza y oportunidades en el Valle de
Aburrá.
Esta camada de españoles, fue la que, en busca de nuevas
oportunidades, creó un grupo de connacionales para hacer
más llevadera su nueva estadía en tierras antioqueñas.
Los paisañoles
Genaro García San Martín es el cónsul honorario
de España en Medellín y uno de los escasos españoles
que quedan de los fundadores del Club Español y, en sí,
de la colonia en la ciudad. "Yo llegué hace 52 años
y vine influenciado por un amigo que sabía mucho sobre
las bondades del campo colombiano, así que nos vinimos
a trabajar en el mundo agropecuario", cuenta García.
Durante esos años, muchos otros españoles huían
de la dictadura de Francisco Franco y llegaban a Medellín
a trabajar como obreros, a montar empresa o a lo que fuera, pero
a trabajar, ya que "no hay español vago o perezoso",
agrega el Cónsul.
Así fue como mientras más familias españolas
llegaban a Medellín, más necesaria se hacía
la construcción de un lugar que les permitiera a los inmigrantes
íberos reunirse para nunca olvidar a su vieja España
y para que perduraran su cultura y tradiciones.
Para Elvira González, hija de inmigrantes españoles
y actual presidenta del Centro Cultural Español, los tiempos
han cambiado y ahora la colonia está más reducida,
porque muchos se devolvieron para España o porque los descendientes
de los españoles originarios ya se siente más colombianos
que españoles.
"Hace 30 y 40 años el Club Español era el sitio
de reunión de los españoles. Los domingos nos reuníamos
toda la colonia a compartir los manjares hechos en las casas,
a jugar muss y todos los amigos eran españoles. Pero muchos
fueron muriendo, otros se regresaron o simplemente las generaciones
y los intereses cambian", cuenta González.
Sin embargo, el Club todavía sobrevive y vende una de las
mejores comidas españolas en la ciudad, aunque cada vez
son menos las veces en las que se reunen los pocos españoles
que quedan.
¿Quiénes quedan?
Según el Consulado de España en Medellín,
actualmente viven en la ciudad 1.300 personas con la nacionalidad
española.
Dichas personas están divididas en tres grupos: españoles
con nacionalidad de origen, descendientes de españoles
con doble nacionalidad y colombianos nacionalizados en España.
Este último grupo está conformado aproximadamente
por 75 colombianos que recibieron la nacionalidad en España
y que ya regresaron a Medellín, los que según el
cónsul García, pertenecen al colectivo de españoles
que más va en aumento, lo que significa que la colonia
no está decreciendo, sino aumentado.
Otros de los españoles que viven en la ciudad son los miembros
de comunidades religiosas, que según datos del Consulado,
han creado 18 colegios en Medellín, que hoy educan cerca
de 17 mil jóvenes.
Los empresarios que s0lo vienen de paso y a hacer negocios temporales,
completan el colectivo español que día a día
llega a Medellín, aunque no contempla una estadía
larga. "Durante la construcción del metro fueron muchos
los españoles que llegaron a la ciudad e ingresaron a la
colonia, y en dos o tres años se devolvieron para España",
cuenta González.
A pesar de esto, los que se van quedan siendo unos paisas más
en el mundo.
Españoles que se dejaron seducir por Medellín
Bernardo
González
Bernardo, de 77 años, llegó a Medellín en
1958 después de un viaje de 15 días en un barco
que atracó en Cartagena. Su hermano Hilario ya estaba en
la ciudad y fue quien le convenció de venir a ganarse la
vida en América, ya que las cosas le funcionaban a la maravilla.
A pesar de que trabajaba en la Casa Loewe en Madrid, que entonces
se dedicaba exclusivamente a productos en cuero, decidió
venir a Medellín a trabajar en el famoso Calzado París
Madrid, como marroquinero. "Entonces no sabían acá
qué era la marroquinería, o por lo menos el término
no lo usaban. Así fue que empecé con estos negocios.
Yo le agradezco a Medellín la oportunidad de dejarme criar
mis siete hijos y darles a todos educación, porque en España
no se podía en tiempos de la dictadura ", cuenta Bernardo.
Fue el Consejero General de los españoles en Medellín
y ahora se dedica a su fábrica de billeteras.
Margarita Mazuelo Mancilla
Margarita es la ex esposa de Bernardo y cuenta que al principio
de su estadía en Medellín sí le dio duro
porque "siempre tira la tierra de uno". "Yo recuerdo
que la situación es España era difícil y
las noticias que llegaban de Medellín eran muy buenas",
dice Margarita, quien además, reconoce que otro de los
grandes inconvenientes al principio fue la comida. "Para
mi comer yuca era como comerse un pedazo de árbol, pero
poco a poco fuimos aprendiendo a disfrutar la gastronomía
paisa", agrega. Para Margarita los cambios en la ciudad han
sido notorios desde que llegó, ya que dice que en los años
50 era muy curioso ver todavía a las señoras yendo
a mercar con guantes y sombrero o en Semana Santa verlas a todas
con mantillas. Entonces Medellín era un solo "pueblo".
Sebastián
Martín Mateos
A sus 73 años de edad, este oriundo de Salamanca recuerda
que dejó en España un gran trabajo como conductor
de volqueta, por venirse a donde su hermana, en Manizales, a hacer
nada. "Recién llegué a Colombia, mi hermana
me daba todo y no me daban el trabajo que me habían prometido
ella y su esposo. Pero luego comencé a manejar buses intermunicipales.
Con ellos, compré mi propio bus y comencé a viajar
por toda Colombia como inscrito en la Empresa Arauca", cuenta
Sebastián. Llegó a Medellín en 1974, de donde
es oriunda su esposa, y se quedó porque el clima de la
ciudad era el que más le gustaba. "Acá la gente
es muy formal y de los mejores recuerdos que tengo es cuando fui
el primero en viajar por Colombia por las noches, cuando la violencia
azotaba las carreteras del país", concluye.
Ramón
Rego Fernández
Ramón nació en Lima, sus padres eran españoles,
pero se radicaron en Colombia "A mí me trajeron de
Perú a Buga, en donde mis padres montaron un hotel, por
donde pasaban todas las compañías artísticas
españolas de la época. Al tiempo fuimos a vivir
a Pereira y de allí me vine a estudiar a Medellín
en la Universidad de Antioquia", cuenta Ramón, quien
se enorgullece de haber estado en la inauguración de la
plaza de toros la Macarena, con Manolete y Juan Belmonte, hijo
a bordo. A pesar de haber nacido en Lima, siempre se sintió
español, por lo que adquirió la nacionalidad y mantuvo
relaciones constante con la península ibérica. "Tengo
familia en España y voy a visitarla a menudo, pero después
de dar vueltas por casi medio país, decidí radicarme
del todo en Medellín, porque el clima y la gente me hacen
sentir más colombiano que nunca".
Agustín
Canalejo San Juan
Agustín es un leonés de 71 años que llegó
a Medellín contratado por Locería Colombiana de
Caldas, empresa que buscaba a alguien con su perfil en España.
"Los españoles tenemos un espíritu aventurero
y el venir a Colombia a finales de los 60 era más que una
aventura", dice este español que se enamoró
de una muchacha del municipio de Caldas, que lo hizo quedar para
siempre. Para Canalejo San Juan, Medellín siempre lo ha
tratado muy bien, aunque reconoce que pasar de una gran ciudad
como Madrid, al Medellín de la época fue muy difícil.
"No había vida nocturna y lo único que existía
era Junín. Pasar del vino y el coñac al ron y al
aguardiente fue bastante difícil, pero recuerdo que un
médico me dijo que el aguardiente era el más sano
de todos los licores del mundo". Hoy es dueño de Industrias
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