Archivo | El saludo militar está reglamentado por decreto, contrario al saludo en los actos oficiales, que se rigen por la costumbre. La agenda de los Reyes en Medellín fue programada por consenso entre la Alcaldía de Medellín y la Casa Real. Todas las actividades de Don Juan Carlos y Doña Sofía fueron programadas con antelación. Más datos sobre los Reyes en www.casareal.es
Lecciones de protocolo real


Hay normas y reglas establecidas para comportarse ante los Reyes de España.
Los funcionarios de la Administración recibieron asesoría de la Casa Real.
El respeto y la discreción son las pautas para tratar a los miembros de la realeza.


Por
Juliana Correa H.
Medellín

Amabilidad y respeto. Así podría definirse de una manera sencilla, el protocolo real. Un asunto que por estos días está de boca en boca gracias a la visita de los Reyes de España. Desde el anuncio de su llegada, han surgido cuestionamientos sobre las normas y comportamientos que deben seguirse en presencia de estos miembros de la realeza.

Detalles que en la vida diaria pueden parecer insignificantes y que se realizan de forma inconsciente, como el saludo, se convierten, en el caso de las monarquías, en actos que deben seguir reglas estrictas. Por eso la Casa Real española envió recientemente unas directrices a la Alcaldía de Medellín sobre el protocolo que debe observarse con Don Juan Carlos y Doña Sofía. Estos lineamientos fueron compartidos con los miembros del gabinete municipal.

El protocolo obedece a normas planteadas por decreto o por costumbre, según explica el catedrático experto en protocolo Javier Álvarez. En el caso de la Casa Real Española, existen decretos que regulan eventos como los saludos militares y la forma de dirigirse a los monarcas.

Pero hay otras normas que vienen de la costumbre, como el saludo, que es algo que se ha hecho de la misma manera por cierto periodo de tiempo. Claro que el protocolo real ha ido cambiando de acuerdo con los años y se ha ido flexibilizando. Los ritos se han simplificado y algunos gestos han quedado atrás. Los saludos, que antiguamente exigían a los súbditos ponerse de rodillas o inclinarse casi hasta el suelo, solo se ven ahora en las películas de época.

Se dice que el protocolo es ante todo cuestión de "saber estar" y comportarse de acuerdo con la ocasión. Una ceremonia protocolaria se hace para crear recuerdos. Si todo fuera plano, nadie recordaría que sucedió en una actividad y un tiempo determinado.

El protocolo existe de manera oficial cuando hay una autoridad, es decir, no se puede hablar de protocolo en una cena familiar, eso sería etiqueta. Para Álvarez, se trata de acomodarnos a una situación que no se vive todos los días. "Si a mí alguien me invita hay que responder a lo que me están invitando".

El catedrático pone como ejemplo al director de cine Woody Allen, un hombre que se ha distinguido por su aspecto un poco desaliñado y su irreverencia. Él fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias en 2002 y a la ceremonia acudió de frac, impecable, tal como lo exigía el protocolo.

Así que lo recomendable es que los invitados a los diferentes actos oficiales de la agenda de los reyes, sigan estrictamente las indicaciones en cuanto al vestuario. Aquí es mejor evitar 'hacer el oso' o tratar de pasar por original, porque lo más seguro es que las personas encargadas de la comitiva le nieguen la entrada a los eventos si no se presenta de forma adecuada.

Mitos, ritos, normas, símbolos y costumbres son palabras claves del protocolo, donde cada gesto comunica. Por ejemplo, el hecho de que la persona de mayor rango sea quien extienda primero la mano para saludar, no es casualidad. Viene de costumbres muy antiguas y tiene una explicación. Por ejemplo, en las universidades, en los actos oficiales, el maestro daba la mano al alumno como símbolo de que le estaba pasando el conocimiento.

"No es cierto que no se pueda mirar a los reyes a los ojos -anota Javier-, Este es un mito que no tiene sentido, ya que esta son la parte más expresiva del rostro". Según la asesora de imagen Diana Neira, la distancia, el respeto y la discreción son las pautas para no equivocarse en presencia de la realeza. Ella explica que deben ser ellos quienes tomen la iniciativa en todo momento, como en el caso del saludo y la conversación. Los reyes ponen el tema y hacen preguntas, no al contrario.

"Lo correcto es esperar a ver qué hacen ellos y comportarse con naturalidad, son cosas básicas", agrega Álvarez. ¿Y qué hacer con las metidas de pata? Nadie está libre de equivocarse en estos asuntos. "El error es parte del protocolo", según explica Javier Álvarez.
Él señala que en estos casos hay que pedir disculpas. El anfitrión debe corregir inmediatamente la situación si es posible. Con pedir excusas una vez basta. No hay que armar un drama, ni lamentarse hasta que el agraviado pierda la paciencia.

Comportarse de acuerdo con las buenas costumbres y hacer sentir bien son reglas universales que rigen no solo el trato con los reyes, presidentes o jefes de estado sino con todos los que nos rodean, que merecen respeto no por sus títulos ni su poder, sino por el sólo hecho de ser personas.

Para estar a tono con los monarcas

Clases de protocolo en la Alcaldía
El almuerzo es de carácter privado, está prohibido el ingreso a la prensa. Los periodistas no podrán hacerles preguntas y los reyes no realizarán una rueda de prensa, se limitarán a los discursos y eventualmente, si lo deciden, podrán dar algunas declaraciones a los periodistas acreditados. Los miembros de la realeza rara vez son fotografiados comiendo o bebiendo en un evento privado. En las cenas y eventos son ellos los que comienzan y quienes llevan la conversación.

Ellos son quienes imponen el saludo

Para dirigirse a los reyes se usa Su Majestad o Sus Majestades; Señor o Señora. En un ascensor, (esto podría aplicarse al Metrocable) la persona de mayor rango entra primero, pero es quien sale de último, después del anfitrión, que se encarga de orientar a los invitados. En los aviones, el rey entra de último, después de su comitiva, y sale de primero. Para saludarlos, hay que esperar a que ellos tiendan la mano, eventualmente podrían saludar con un abrazo o un beso, pero solo si ellos toman la iniciativa.

Las reglas para la prensa

A los secretarios y funcionarios de la Alcaldía de Medellín se les dieron algunos lineamientos en protocolo. El vestuario para los eventos es de carácter formal. En el caso de las mujeres no se recomienda pantalón sino falda. No se debe usar manga sisa. Es un misterio si el Alcalde usará su pinta acostumbrada o si llevará corbata, cuando le preguntan, él solo sonríe. La genuflexión se aplica solo para los españoles, pues son ellos los súbditos de los reyes.

Análisis

A España le debemos y nos debe

Por
José Guillermo Ángel



La filosofía, desde el diálogo El Cratilo de Platón hasta los aforismos de Ludwig Wittgenstein, ha venido demostrando que el mundo es un compuesto de nombres y que lo entendemos sólo por el lenguaje. Así que en esto de comprender lo que nos rodea, la lengua es la que nos proporciona saber lo más y lo menos. Esto quiere decir que a más o menos palabras tenemos más o menos mundo, o sea un nivel X de conocimiento. Con relación a la lengua española (que a pesar de los intentos políticos sigue siendo la de Castilla) y de la que Borges dijo que tenía más sinónimos que conceptos, alegando que por esto antes que rica era pobre, hemos construido un mundo que contiene algo de historia, algo fe religión, algo de ciencia, algo de otros algos etc. Y sea esto bueno o malo, es lo único que tenemos para unirnos entre nosotros y con otros.

Cuando en 1992 se celebraron los quinientos años de la llegada de Colón a estas tierras (que algunos llamaron encuentro y otros, invasión; los más, descubrimiento, sin que faltara los que la llamaran desgracia), un profesor catalán dijo con mucho acierto: los españoles que llegaron a América son ustedes. Y al igual que los españoles peninsulares que se mezclaron con moros y judíos, ingleses y franceses, ustedes se mezclaron con indígenas, italianos, negros, algunos alemanes etc. O sea que la tradición del mestizaje se mantuvo presente. Y a esto colaboró don Germán Arciniegas, anotando que los que llegaban de España y se establecían en América no se devolvían por la simple razón de que España y Europa, del siglo XVI al XIX, fue un territorio lleno de pobreza, persecuciones religiosas y guerras sin cuartel. Así que los llegados huían de un mundo plagado de intolerancia. Y si alguno (ese al que llamaron el indiano) regresaba a su lugar de origen, por lo común se devolvía.

Diría entonces que de España no nos llegó nada sino que España llegó con nosotros, que vinimos de allá. Si revisamos nuestros árboles genealógicos, en ellos encontramos al conquistador, al fraile, al encomendero, al hereje, a la mujer que se daba por unas monedas, al fanático religioso, a la señora gorda de parir fácil, al aventurero, al sabio perseguido, al pobre que buscaba al fin un lugar en la tierra, etc. Y ese que llegó se mestizó, buscó blanquearse de nuevo, se enloqueció en alguna selva, trabajó para hacerse a una fortuna, hizo la guerra, venció y fue vencido, tuvo arrebatos místicos y al fin decidió que se quedaba acá, al sol y al agua, igual que otros españoles se quedaron en Filipinas, en el África negra, en Marruecos, en Argelia etc. Somos unos caminadores y en el camino pasan cosas.

En el caso de los antioqueños, que llegaron en su mayoría en el siglo XVII y XVIII y unas minorías en el siglo XIX, de aquí que sean más conservadores que el resto del país, la historia es similar. Basta leer a Tomás Carrasquilla (La marquesa de Yolombó) y todo esto que hemos llamado La colonización antioqueña que, como bien dice James J. Parsons, se pareció más a la conquista del oeste norteamericano que a otra cosa. Un grupo humano avanzando por territorio desconocido y con él la colonia (su hogar en otra parte): forma de gobierno, forma de hablar, creencias religiosas, estilo político, concepción del otro. Todo muy a la española. O sea, a lo que ellos eran.

Creo que una obra literaria que nos permite prejuiciar lo que somos es La comedia de Dante (llamada la Divina por lo bien escrita). Esta obra, que comienza con el infierno, sigue con el purgatorio y finaliza con el cielo, nos daría una visión cercana de los hechos. De España nos trajimos muchos infiernos: la guerra de ocho siglos contra los moros, la intolerancia religiosa, la envidia delirante propia de viajeros pobres y nuevos ricos, el desprecio por el conocimiento (propio del guerrero que no tiene más razón que las armas), la adulación servil, la creencia de que la administración está por encima de todo, la corrupción, la idea del perdón a falta de justicia, la dependencia amorosa, el desarraigo, el lema de "obedecemos pero no cumplimos" etc.

De España llegó también un purgatorio: gente buena y trabajadora perseguida por cuestiones religiosas o políticas, perteneciente a la clase media expulsada en los siglos XV y XVI, que buscó un lugar en el cuál empezar de nuevo. Familias unidas que se hicieron a un sitio aplicando las maneras que conocían: colonizando y mezclándose de manera endógena. Algunos sabios marginados, profesores ilustrados, curas al borde de la herejía, artesanos de oficio excelente. Llegó lo bueno excluido, eso es claro, de ahí descendemos muchos. Y con esta gente una civilización pequeña y sana.

Del cielo de España llegó poco (es que allí el cielo era poco también). Pero cómo desconocer a Azorín, a García Lorca, a los que se vinieron huyendo de la guerra civil, a esos panaderos e impresores, a esos profesores de vanguardia que trajeron la filosofía de Ortega y Unamuno. Aclaro que en el mundo del desprecio el cielo es poco.

A España le debemos mucho de lo que somos. A fin de cuentas somos los españoles que vinieron a América. Y España nos debe mucho de lo que ella es, pues sin nosotros hubiera sido una especie de Rumanía o Bulgaria. Un país con montes y sin nadie al otro lado del mar. De Quijote a Sancho y de Sancho a Quijote, esa sería la relación.


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