La caja registradora de la belleza
Tras el ajuar y la apariencia perfecta de las reinas, hay millones
de pesos.
Los precios de los vestidos varían
según el presupuesto y los gustos reales.
Para conseguir recursos, se vende publicidad
y se organizan eventos.
Por
Gloria Edith Gómez
Medellín
La carrera por la corona no empieza cuando las reinas llegan
a Cartagena. Se necesitan meses de preparación para enfrentar
el reto y, en este caso, el tiempo también es dinero.
Las reinas son un negocio redondo para mucha gente y tras ellas,
cada año, hay un séquito de expertos ofreciendo
sus habilidades específicas para ponerlas a la altura del
certamen.
En la misma medida en que han cobrado importancia la belleza y
la moda, se han incrementado las posibilidades estéticas,
a tal punto que incluso hoy se puede pensar en aspectos tan curiosas
como diseñarse la sonrisa, quitarse cachetes o pegarse
las orejas para no verse como Dumbo.
En cuanto a lo demás, las aspirantes tienen que reaprender
a caminar sobre tacones de 16 centímetros y agregarle a
sus pasos garbo y estilo. Memorizar las respuestas correctas para
las implacables preguntas y cambiar el color de su cabello y los
tonos de su maquillaje, según los dictámenes de
un asesor de imagen, quien, con la ayuda de un computador, encuentra
el look ideal para su clienta. Eso sí, la registradora
va sumando al ritmo que la belleza va creciendo.
Hasta ese momento puede decirse que el proceso es mera carpintería.
El problema viene cuando a los preparadores se les ocurre sugerir
que a la niña hay que quitarle papada, levantarle
las cejas, rellenarle la boca o entiesarle los músculos
para que no se le hagan líneas de expresión.
El presupuesto sube y la reina soporta. Así es la vanidad.
Todas caen
La que diga que no tiene cirugías está mintiendo.
Todas se hacen aunque sea un retoquecito y eso no tiene nada de
malo, señala con cierto disgusto el diseñador
Alfredo Barraza. En Cartagena, ese es uno de los platos fuertes,
precisamente porque llegan candidatas cuyos cuerpos valen más
que los 20 vestidos de su ajuar.
Con algunos datos y sin mencionar nombres, se pueden echar cuentas.
Las extensiones de cabello para aquellas que lo tienen corto,
quemado o excesivamente crespo, tienen un costo promedio de $350.000.
Tejerlas sin que se note la diferencia y sin que se enreden en
el primer peine, es un arte por el que los estilistas pueden agregar
$150.000 a la cuenta.
Los tintes y su aplicación, tienen precios desde los $80.000,
cifra que varía según el largo del cabello y el
color que se quiera lograr. Cada sesión de maquillaje puede
costar desde $30.000.
Hay más. Un problema como el de las orejas grandes se resuelve
con $2000.000 y 15 días seguidos de dolor. La papada
sobrante requiere $1500.000. Levantar un poco la punta de
la nariz, $2500.000 (cuando el caso es simple), mientras
que la lipoescultura y el implante de senos valen $6000.000
y 4000.000 en promedio, respectivamente.
Si hay una candidata con demasiadas imperfecciones, la solución
es simple: dos tandas de cirugías. Las cifras, como el
tiempo de preparación, dependen de las condiciones de ella.
Hay niñas que no necesitan más que un cambio
en el maquillaje, enseñarles a caminar y ponerlas a dieta
y mandarlas al gimnasio. Con esas es más fácil el
trabajo, asegura el diseñador y preparador Jaime
Arango.
¿Cuánto cobra un diseñador por vestir a una
reina? Como reza el dicho popular, depende del marrano. Los diseñadores
más prestigiosos tienen tarifas que oscilan entre los 19
y los 60 millones de pesos, para un ajuar de 20 vestidos. Cada
departamento negocia según su capacidad de pago.
La diferencia en los precios radica en lo rimbombante de los vestidos.
Aunque parezca increíble, medio metro de ciertas telas
puede costar hasta $450.000. Además, están los canutillos,
las lentejuelas boreales, los lentejuelones, los bordados, los
cristales, las plumas (si son de faisán, no hay quién
las pague) y el resto de accesorios y brillos. Un traje de coronación,
de esos que vemos unos minutos en televisión, llega a los
$12000.000.
¿Quién y cómo se paga todo esto? Las corporaciones
de belleza, a través de la venta de paquetes publicitarios
y con la realización de eventos. La Contraloría
correspondiente vigila que los recursos no salgan del erario público
y sólo es válido si se considera el reinado como
un buen mecanismo de promoción para la región.
La alternativa del canje también funciona de maravilla
en estos casos. Después de todo una reina es una especie
de valla publicitaria ambulante, en la que muchos quieren anunciarse.
Cuidados interminables
Si bien la preparación de una reina termina en cuatro o
cinco meses, al llegar a La Heroica, ellas no pueden bajar la
guardia. Tienen que cuidarse del sol pues su piel no puede verse
quemada o bronceada. Un buen bloqueador solar vale desde $30.000.
Deben mantenerse muy bien depiladas. Un tratamiento de depilación
definitiva con láser tiene un costo promedio de $400.000,
otra opción es la cera cuyo costo varía. El promedio
es de $50.000. La alimentación debe ser estricta. El día
del desfile en traje de baño, algunas se quedan sin comer
absolutamente nada, otras se aplican hielo en todo el cuerpo para
mostrar una piel más firme, o, disimulan con laca las estrías
y otros defectos en las piernas.
|