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Del viaje exótico
de Ungaro al tema punki de Givenchy

Foto Reuters |
La alta costura francesa continuó su ya tradicional vuelta
por el mundo y la historia y celebró con Ungaro una ruta
de la seda muy particular, llena de mezclas de estampados, bordados
y colores, para una mujer que el otoño y el invierno próximos
será ante todo seductora.
Sexy y multicolor, con botas altas de cuero muy fino hasta bien
mediado el muslo y escotados minivestidos bordados por entero, la
clienta del modisto italiano luchará contra el frío
con cazadoras y abrigos de piel estampados en tigre o pantera. Los
vestidos, generalmente con brillantes bordados e incrustaciones
sobre tejidos a veces también resplandecientes, podrán
ser asimétricos, casi siempre escotados y abiertos en alguno
de sus lados.
Volantes y lejanos ecos de mantones de manila, vestidos de faralaes
y de "chulapa" madrileña, con el cuello bien cerrado,
talle ajustado, caderas marcadas y mangas de farol, figuraron entre
los motivos de inspiración del más lujoso invierno
"ungariano".
Pero lo que predominó fue la nota exótica, étnica,
nómada y tribal, que culminó con dos conjuntos de
"top" enteramente bordados en piedras, bisutería
y otros materiales brillantes, coloridos y sonoros, presentados
por dos maniquíes-bailarinas que conquistaron los aplausos
más encendidos del público. También dominó
el color negro, unido a bordados o estampados en todo el espectro
de colores, para pantalones, minivestidos, shorts, túnicas,
escuetos corpiños y largos vestidos de noche.
En su recorrió por medio mundo, Ungaro creó una línea
barroca y suntuosa, cuyos bordados e incrustaciones fueron una rotunda
defensa de esa artesanía del más alto nivel y precio,
sin la que la alta costura no existiría. A veces, el detalle
distintivo de ese lujo único del hecho a mano en Francia
se concentrará en los puños, grandes, voluminosos,
colgantes, bordados y abullonados, y otras en la solapa de un vestido
negro, con incrustaciones multicolores.

Foto AFP |
Pero, en general, ese tipo de detalle llenará todas las prendas
de Ungaro, de arriba abajo, con una opulencia difícilmente
accesible al común de los mortales.
Con Stéphane Rolland llegó el juego de transparencias,
una de las características más vistosas de su colección
para la firma Scherrer, precedida -algo bastante insólito-
por un desfile de "alta costura" masculina. Así,
el próximo invierno, el hombre Scherrer podrá elegir
entre el traje más clásico y el más osado,
que incluirá también transparencias en el torso y
abrigos de pieles espectaculares.
En el caso de la mujer, el pecho podrá quedar resaltado sin
pudor en algunos conjuntos, tras una fina capa de tul negro que
lo deja al descubierto en vestidos de talle alto, incluido el novia.
Negro, rojo y color chocolate, volantes, bordados de lame, capas
de estilo torero en la parte posterior de un vestido negro de noche,
plumas, calados tela de araña y efectos corsés, fueron
otros elementos esenciales en la colección de este modisto.
El británico Julien Macdonald, por su parte, dio un gran
giro en su creación para Givenchy y presentó un otoño-invierno
2002-2003 fuerte y roquero, medio punki, dominado por el cuero y
el color, con maquillaje a juego, muy marcado. Todo un contraste
con Valentino, quien también mostró hoy al mundo sus
ideas más fastuosas para una mujer que sin temer el color
y la osadía prefiere la clásica e infalible elegancia
del modisto italiano.
EL COLOMBIANO / EFE |
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