Por Gloria Luz Gómez Ochoa


Henry Agudelo | En Medellín los programas de atención al adulto mayor y al anciano están enfocados a los de menos recursos, que en los niveles 1 y 2 del Sisbén suman 95.022 personas. Pero solo la tercera parte de ellos recibe algún beneficio.
El paso de los años no solo deteriora la piel, el cuerpo y la salud: las redes sociales y familiares son cada vez más frágiles. Si a ello se suman condiciones económicas desfavorables, el panorama no es nada alentador para quienes transitan por el cenit de sus vidas.

Rafael Antonio Monsalve hace ochos años que vive en el Hogar mi querido viejo. Tuvo 14 hijos y siete de ellos murieron. Antes de llegar allí lo encontraron durmiendo en los carros viejos de un parqueadero.

Hace 35 años, con la esperanza de sacar su familia adelante, aceptó una propuesta de trabajo en Sabaneta y dejó el empleo que tenía en la Cooperativa de Caficultores de Andes.

Pero la suerte no le sonrió y empezó a rodar con sus hijos y su esposa. "Trabajé en ladrilleras, como celador, hasta que llegué al parqueadero". Y los años fueron pasando.

En el año 2000, según Naciones Unidas, una de cada 10 personas tenía 60 años o más. Según las proyecciones para el 2050, la proporción es de una por cada 5 personas. Cien años más tarde la proporción será de 1 por cada 3.

Si esa es la proyección mundial, en Medellín la situación no es muy distinta, al igual que en el departamento.

De acuerdo con la Dirección Seccional de Salud de Antioquia (DSSA), entre 1993 y 2005 la población de adultos mayores creció en un 68,17 por ciento.

Y cada día son más las personas mayores abandonadas por sus familias. El municipio sostiene a 797 abuelos en los Centros de Bienestar del Anciano.

Don Rafael, como las otras 27 personas del hogar, vive de la caridad de los feligreses de la parroquia de La Floresta y, como todos, está clasificado como indigente en el Sisbén. Él sí tiene hijos, "pero yo no sé por qué no volvieron. ¡Será falta de amor! Yo no creo que me haya manejado mal", dice este hombre alto y fornido, de 88 años.

En opinión de Mónica María Vanegas, de la DSSA, en general este no es un departamento que abandona a sus mayores, porque Antioquia es uno de los que más programas ofrece. "El Plan de Desarrollo hará una inversión de más de 15.000 millones de pesos para esta población, pero aclara que la sociedad desconoce el envejecimiento como expresión del ciclo vital, lo que deriva en situaciones de inequidad y exclusión".

Lo mismo no opina el párroco José Mauricio Vélez García, encargado del hogar. "Al viejo no se le tiene en cuenta ni paciencia. Las familias lo abandonan a su suerte porque ya está achacoso y enfermo".

Pese a que los programas de ayuda al adulto mayor se han incrementado en la ciudad el escenario para esta población no es muy claro. De acuerdo con un estudio, realizado por Ecsim (Centro de Investigaciones en Economía Sistémica), para la Alcaldía de Medellín, en el 2034 la situación de los mayores más pobres será tan difícil como en la actualidad. "Se dejaron de hacer tantas cosas que el tiempo pasará la factura y será necesario hacer mayores esfuerzos si se quiere superar la situación", explica Mauricio Zuluaga, modelador de simulaciones del estudio Micromundos para la planeación de políticas públicas de interés social.

Con base en la encuesta de calidad de vida de 2004, se encontró que de las 13 tipologías de familia existentes en Medellín, cinco están dirigidas por personas mayores de 65 años y esto los convierte en hogares de abuelos y abuelas pobres e indigentes. Allí la cabeza de hogar se dedica a las ventas ambulantes y el promedio de ingresos varía entre 72.500 y 405.000 pesos al mes, para el sostenimiento de más de tres miembros de la familia.

Para Rafael estar en un hogar de ancianos es como estar en la antesala del cielo. Allí tiene comida, un techo para guarecerse y la compañía de sus congéneres.


Los centros gerontológicos
La vulneración de los derechos de los adultos mayores y los ancianos es cada día más evidente en la sociedad y en la ciudad. Ese ciclo, que empieza en la familia, hace parte de una cultura que desprecia a quienes van acumulando años. Aunque sus derechos están amparados constitucionalmente, además del abandono y la soledad, muchos tienen que soportar en los asilos, a los que son llevados, la pérdida de la libertad y la subyugación de sus determinaciones. De los 121 hogares para adultos mayores registrados en Medellín, un 30 por ciento no cumple con los requisitos exigidos por la ley. De acuerdo con Nicolás Alberto Espinal, abogado asesor de la Unidad de Derechos Humanos de la Personería de Medellín, las familias no permiten que ellos salgan de estos lugares y controlan quiénes los visitan.

"Y solo cuando una persona es declarada interdicta por demencia o disipación se le pueden impedir tomar decisiones", aclara el abogado.

En estos sitios falta personal idóneo para el manejo de esta personas. "A veces no cuentan ni con agua caliente, y si tienen teléfono, es de monedero", recalca Espinal. Incluso 24 de ellos están calificados por la Personería como críticos. De ellos 16 deberán cerrarse y la medida cobijará inicialmente a ocho. Otro de los problemas es el déficit de salud. Quienes son pensionados no tienen quién les gestione una tutela. A ello se suma que quienes tienen a cargo estos hogares están rotulados como corporaciones y fundaciones sin ánimo de lucro, pero se creen con derecho a regañar, maltratar y desconocer lo que quieren o desean estas personas, por considerar que están haciendo una obra de caridad.