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| Henry Agudelo | En la Colonia Belencito, en Medellín, los adultos mayores reciben atención. |
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| Henry Agudelo | Vivienda, alimentación y salud encuentran los adultos mayores en la Colonia Belencito. |
Muchas familias piden que les institucionalicen sus parientes, pero luego se olvidan de ellos. Muchos, a veces engañados, son llevados a los hogares de ancianos, esperan una visita que no llegará. Otros por sus condiciones de salud son recluidos, y en el caso de la Colonia Belencito, existe una sala destinada a los pacientes psiquiátricos, como no sucede en otros lugares, donde todos están juntos. Tanto los dependientes como quienes son funcionales.
"Pero nunca, por muy bueno que sea el lugar al que son llevados podrá reemplazar la familia", explica Luis Alfredo Ramírez, interventor del programa de la Colonia.
Hace 35 años que Nelly Vásquez Espinosa hace parte de los beneficiarios de este programa. De niña, cuando vivía en Yarumal le dio polio, luego un accidente, donde falleció un sobrino se le dislocó la columna y ocho días después la trasladaron al lugar que ha sido su hogar.
Hoy Nelly tiene 64 años. "Mi hermano me visita, a veces mi cuñada.
Pero ellos no pueden tenerme en la casa", dice la mujer que permanece acostada
de lado en una camilla con ruedas. Su movilidad es reducida.
Por los corredores y salas de la Colonia el paso lento de sus habitantes se
escucha mientras arrastran los caminadores.
Allí 123 personas se encargan del cuidado de los ancianos, distribuidas en 7 hábitat. "Para este año se espera aumentar los cupos", advierte Ramírez.
En los pasillos algunos se mecen en sus sillas, otros se van entre sus pensamientos y unos más prefieren rezarle a Dios.
Entre tanto, Nelly espera que la trasladen a la escuela o a la clase de plastilina o se queda a la entrada de uno de los salones. A veces no alcanza a que la bañen a tiempo y pierde la posibilidad de ir al aula de clase.
Pese a las circunstancias, en su rostro hay una sonrisa permanente. "En cuanto a vivienda la he pasado bien y me han querido. No me gustaría que me mandaran a otra parte", dice esta mujer de 64 años.
Unos se quejan porque redujeron la comida, según lo afirma María Mercedes Gómez o porque le quitaron los 7 pares de zapatos que había llevado, dice Virgelina Cardona. "Me gusta ponerme zapatos distintos todos los días, pero me dijeron que para qué tantos. Que los regalara a otra persona", cuenta esta mujer de 86 años y que hace dos meses llegó a la Colonia, allá donde están personas de 60 a 100 años, los más abandonados, los excluidos, los indigentes, los que en casa nadie quieren.