¡DIM, este año también, Campeón!
Por
Wilson Díaz Sánchez
Medellín
¡Campeón, rojo campeón... Campeón,
rojo campeón..! El grito ensordecedor estalló
en el sector norte del Atanasio Girardot, mientras los jugadores
se abrazaban en la cancha. Al otro lado, en sur, la tristeza
silenció la tribuna verde, que ayer fue mayoría,
al ver salir del terreno de juego, cabizbajos, a sus ídolos.
El DIM, el equipo del pueblo, en menos de dos años,
volvía a lo más alto del podio y se consagraba
campeón del fútbol colombiano y su fanaticada
quería enloquecer. Nacional, que buscaba su octava
estrella después de un lustro de intentos fallidos,
era despedido por sus seguidores, resignados y rostros desdibujados
por la amargura de la derrota.
El triunfo escarlata tenía un sabor especial, pues
en el camino quedaba el rival de plaza en una final nunca
antes vista en 56 años de balompié rentado en
Colombia, y premiaba a los jugadores que vinieron de menos
a más y que, contra los pronósticos, cerraron
con jerarquía una campaña que al comienzo generó
dudas, pero que tuvo un digno remate que, incluso, los puso
de terceros en la reclasificación.
El empate sin goles, luego de la victoria por 2-1 sobre Nacional
el pasado jueves en el primer duelo de la final, consagró
con la cuarta corona al Poderoso de la montaña, que
por lo mostrado en las últimas salidas fue un merecido
ganador.
La fiesta, que había comenzado a mediados de la semana,
y que en la calurosa tarde dominical se vivió en un
marco espectacular pintado de verde, blanco, rojo y azul,
mantuvo en vilo a los hinchas hasta el tiempo de reposición,
pues sólo hasta el pitazo final del Jorge Hernán
Hoyos, tras el cobro de un tiro libre, desviado, de Edixon
Perea, nadie se atrevía a celebrar.
Hasta se llegó a pensar en la definición mediante
el cobro de tiros libres desde el punto penalti, como señalaba
un joven de camiseta a rayas verdes mientras se llevaba su
mano derecha al pecho porque el corazón se le quería
salir.
Con la misma moneda
En el juego definitivo los papeles se invirtieron y el Medellín
le pagó con la misma moneda a Nacional, pero con mejores
réditos. Con un férreo bloque defensivo, que
para los últimos minutos recibió la inyección
de Carlos Córdoba, en un inteligente movimiento de
fichas del técnico Pedro Sarmiento, el rojo esperó
al adversario y buscó el gol mediante el contragolpe.
Ordenado del medio campo hacia atrás, aguantó
y no se enloqueció a pesar de tener un hombre de más,
tras la expulsión de John Harold Viáfara, a
los 59 minutos.
Los verdolagas llevaron la iniciativa, pero sin profundidad
ni sorpresa en el ataque, a pesar de una opción que
desperdició Perea en el primer tiempo (14'), período
en el que imperó el juego en el medio campo.
Sólo hasta el ingreso de Rafael Castillo por el sub-19
John Angulo (17') se equilibraron las cargas y empezó
un toma y dame que, sin embargo, resultó infructuoso
por la poca efectividad frente a los arcos.
El entusiasmo de la tribuna no ofrecía recompensas
en la cancha, fruto del fuerte calor y de la presencia de
muchas piernas en la mitad. Por eso con un lánguido
0-0 se sellaron los primeros 45 minutos.
Los verdolagas, con la necesidad de ganar para soñar
con el título, salieron con los mismos ímpetus
para la etapa complementaria, frente a un rival tranquilo
porque ese marcador le bastaba para celebrar.
El partido no cambió de decorado. Nacional, con desespero,
llegó a predios del arquero David González con
Mackenzie y Perea. En ambas acciones el meta respondió
con aciertos y en otra de Aquivaldo, se lució el cuidapalos.
El DIM, con Néider más suelto, con Alexánder
Jaramillo que parecía con un tanque de oxígeno
y Jorge Serna siempre inquietante, asustó más
de una vez al verde.
Nacional se jugó los restos con Carmelo Valencia y
Néstor Salazar y de nuevo se chocó con la firmeza
de un equipo en el que también sobresalieron Jhann
Carlos López y Heriberto Velandia. No había
nada qué hacer, pese la energía que trataba
de irradiar Totono. El rojo era más en la cancha y
estaba para campeón. En menos de dos años volvió
a vestirse de gloria, para alegría de su fiel afición.
Hoy, de nuevo, "grita el pueblo clamoroso, ¡viva
el DIM el Poderoso!
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