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Sección
de los lectores
"Hoy luego de terminar mi jornada de trabajo recibí con sorpresa y curiosidad la llamada de alguien cercano de mi juventud y adolescencia, el profesor Marroquín, o Marroco como le decíamos en el colegio. Luis Alfonso Marroquín Osorio se nos apareció en los campos de Loyola mucho antes de que Suramérica y el mundo conocieran sobre su filosofía del atrevimiento y la convicción en el fútbol, y si no saben o no recuerdan quién es este pensador, sólo les acotaré que el balompié colombiano se parte en dos, antes y después de Marroquín, así de sencillo... No es porque haya sido mi entrenador ni porque hubiera aglutinado nuestra
banda verdiazul que invicta y campeona se paseó entre toques por
todos los campos en el intercolegiado de Turrón entre el 75 y el
79, o porque varios de los nuestros recibimos coqueteos de los equipos
profesionales del entonces, o porque fue el primero que con la tricolor
a diagonal sobre una confusa casaquilla naranja deleitó al Paraguay
y al globo humano del 85, o porque fue el primero que nos llevó
después del sesenta y dos a cualquier campeonato del mundo o porque
desapareció como llegó... En la incomprensión... Y había razones para pensar en ello ya que se tenía no sólo el sutil empuje de ese proceso mental iniciado por él en Asunción sino el dejar salir de lo profundo del disco duro del ser colombiano, la fantasía sembrada por los brasileños, la picardía abonada por el argentino, la fuerza y el tesón anegada por el paraguayo, el prodigioso asombro del peruano y la tenacidad del uruguayo... Se traía del desconocimiento y del oscurantismo esa cenicienta voluptuosa y en gracia febril cuando calza su sandalia, se traía el deslumbramiento esperanzador de que somos y seremos los mejores, que éramos la mejor cosecha en florescencia luego de un Dorado fecundo que no tuvo ningún país del mundo, se traía la belleza, se tenia la receta perfecta para lograr en realidad lo planeado, pero desafortunadamente Profesor, No se traía lo más importante, el ingrediente mágico para ese maná infinito; el director de rebaños, ese o esos que traen bien formada la mente, la prudencia, la templanza, la fortaleza, la fe y la inteligencia... Y, por supuesto, hasta aquí llego tu sueño y el de muchos, y comenzó la tremenda resaca de nuestra pobreza con dudosas posibilidades de recuperación, aún con las intenciones de presidente, cámara, senado y unos amigos del hidalgo Andrés, que dizque saben de fútbol y los bautizaron "notables" o al menos eso parecen. No Maestro, estos tampoco querrán entender que el problema no es de comida o nutrición de nuestros jugadores, o de la infraestructura de potreros o de escuelas, o de los técnicos que brotan y se desperdician como el sustento de esta patria rica... No entenderán porque están ahí inmersos y pegotudos en la salsa del fluido colombiano de la mediocridad, de la cual se es difícil despegar... Colombia así como su fútbol necesitan arrieros de rebaños,
que comprendan el fundamento de mantener en su cotidianidad el conocimiento
del paso de barriga a mente, de necesidad personal a lúdica global,
de ego enaltecido a espíritu nacional o mejor dicho de entrega
y amor por lo que no es mío pero es de todos. Cuando estén
esos dirigentes Marroco, llegaran las flores y la abundancia que algún
día nos mostraste, de lo contrario, allí estarán
discutiendo donde quedaron las utilidades de la Copa América...... |
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