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Sección
de los lectores
"Cordial saludo, Sr. Carreño: Nuevamente escribo y espero contar con suerte para que mis notas puedan salir en su gran espacio que a tantos nos interesa. Dentro de las barras, tanto del DIM como de Nacional, hay elementos que trabajan por hacer cosas positivas en nombre de sus barras y de sus equipos. El problema radica en que estas barras no pueden ejercer un control hacia aquellos que se quieren acercar en un partido y compartir esa "energía" indescriptible que se siente cuando se esta en esa "masa" que vibra toda junta en nombre de esa camiseta amada. Pretender acabar las barras, sería como pretender que en un partido no se cometieran faltas. El fútbol es un deporte de contacto, y tanto es así, que por eso se crearon las tarjetas amarilla y roja, el penal, la expulsión de un jugador y todas las normas que castigan la conducta fuerte o la "agresión" hacia otro jugador. No por eso vamos a prohibir que se juegue fútbol en el Atanasio, y tampoco considero que se deba prohibir que las barras expresen su sentimiento en el estadio. La represión nunca será solución para este tipo de problemas donde ni siquiera se sabe quién es el que debe ser castigado. Creo que se generaría más problema al castigar a la inmensa mayoría que nada tiene que ver en el asunto y me refiero a todos aquellos que no pertenecen a ninguna de las barras en entredicho, y aquellos que aun siendo de las barras, están realmente ajenos a esta ridícula lucha disfrazada de "hincha", al optar de manera muy facilista por cancelar los clásicos en el templo del fútbol paisa. Solución? Que las barras entiendan que están lejísimos y mucho de ser buenos hinchas por quitarle algo a la barra o al hincha desprevenido del otro equipo. Eso en términos reales se llama "robar" y nada tiene que ver con el fútbol o el sentimiento de hincha. Aquí no se trata de que nos queramos unos a otros, pero si se trata de tener la suficiente entereza y verraquera para reconocer las cosas buenas que cada barra tiene, pues en realidad cada una hace méritos, cuando se lo propone, para hacer del espectáculo del fútbol algo que no se puede describir con palabras, sólo se puede vivir ahí en ese momento y en ese único lugar, el Atanasio. Y que no se le olvide a ninguno de los miembros de esas barras, especialmente aquellos que se esconden entre la multitud para creerse "machos y fuertes" (cobardes es lo que son) que el título paisa es un título que a muchos les duele no llevar.
Que las palabras Antioquia y Medellín son sagradas y a muchos
les causa rabia y envidia el solo escucharlas pues su incapacidad nunca
les permitirá |
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