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“Al principio de mi vida, el arte no significaba mucho. Era un ingeniero, un técnico, pero me daba cuenta de la importancia de la cultura, ya que en mi casa mi papá pintó algunos cuadros. En sus viajes iba a los museos y nos mostraba lo que era el arte, sin embargo, para mi eso era algo lejano que poco a poco ha cobrado un gran significado”, dice Juan Gómez Martínez, al declararse un enamorado de la pintura y la escultura.

Cuando habla de la gran transformación de Medellín, a partir de Ciudad de Botero, se le nota la emoción. Con soltura, las palabras le fluyen. “Es que éste será el futuro de la ciudad”, afirma.

Reconoce que no es un experto con el pincel, pero confiesa que luego de una larga vida pública, se dedicará a pintar. Agradece, una y otra vez, la gran donación de Fernando Botero, artista al que considera un hombre sencillo. “Botero es un artista conocido mundialmente como el pintor y escultor más importante de finales del siglo XX. Es excepcional, es un gran amigo, con una sencillez envidiable. Para mí Fernando Botero es un ser humano de las mejores calidades. Su obra es monumental y refleja mucho de nuestra idiosincrasia”, apunta. Manifiesta que una vez esté listo el Museo de Antioquia, no dejará de visitarlo.

“El Museo será el eje de un gran espacio cultural que abrirá una ciudad turística con muchos escenarios por conocer como la Casa Museo de Pedro Nel Gómez, el Museo de Arte Moderno, la Casa Museo de Fernando González, las obras y la casa de Débora Arango, la Casa Museo de Salvador Arango, el Jardín Botánico, el Planetario, la zona deportiva, la catedral Basílica Metropolitana, que es comparable con muchas iglesias; la plazoleta de las Empresas Públicas, el Museo Interactivo. Propios y extraños disfrutaremos de todo este espacio”, reitera Gómez Martínez.
 

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