

Foto Jaime Pérez / EL COLOMBIANO
Los mensajes en las graderías y el de los hinchas apuntaron
a la paz que tanta falta hace en los estadios y el país
necesita con urgencia para que todo el mundo se respete. |
¡Público, qué
falta hiciste!
Medellín Nacional jugaron el primer
partido sin aficionados en el rentado.
El marcador final fue 1-1, con goles de Juan Fernando Leal y Jorge
Agudelo.
El ambiente condujo a la reflexión, pero opacó el
debut de Molina.
Jaime Herrera
Correa
Medellín
Con más pinta de circo que de estadio, el Atanasio
Girardot pasó ayer a la historia, porque en su cancha se
jugó el primer partido sin público en los 54 años
de historia del campeonato colombiano.
En medio de un ambiente tétrico en el que se alcanzaron
a escuchar hasta los latidos del corazón de los 22 jugadores
en la cancha, Independiente Medellín y Atlético
Nacional fueron más noticia por lo extradeportivo que por
el empate 1-1 en el discreto partido que protagonizaron.
Esta vez no hubo que preguntar en las oficinas del local ¿cuántos
ingresaron? Todo porque en los bajos y las graderías del
máximo escenario de los antioqueños lo único
que se apreciaba eran vallas publicitarias y pancartas con mensajes
institucionales invitando a la reflexión.
Público sí hubo, pero de mentira, porque desde oriental
unas 500 figuras de madera pintadas con los colores característicos
de las escuadras en contienda fueron las encargadas de cantar
el golazo de Juan Fernando Leal y de madrear a Jair Benítez
por el regalo que le hizo al rival para que Jorge Agudelo empatara
la contienda.
Los mismos 500 muñecos fueron los principales testigos
y, con su silencio sepulcral, respaldaron la iniciativa de los
dos equipos que terminaron siendo uno solo cuando ingresaron por
Occidental a la cancha.
Con la colaboración de los árbitros se pusieron
de frente para mostrar el mensaje "todos queremos hinchas
de paz", con el que se protestó la violencia que llevó
a la administración municipal a jugar a puerta cerrada
y sin nadie que los animara.
Mientras sonaban los himnos por los altoparlantes en el gramado
no se apreció a Medellín ni a Nacional. Lo que se
vio fue una manada de camisetas blancas y unos jugadores que,
por cinco minutos, no se llamaron Leonel Rocco, Jorge Agudelo,
Amaranto Perea, Leiner Orejuela, David Montoya, Fredy Grisales,
Juan Fernando Leal y Faustino Asprilla.
Al mejor estilo del Espíritu Santo, un agua bautismal invisible
se presentó en el estadio y empezó a repartir nombres.
A Rocco le puso la letra T, a Agudelo la Z, a Perea la Q, a Orejuela
la C, a Montoya la R, a Grisales la E, a Leal la M y Asprilla
la P. Y para que el árbitro Albert Duarte no hiciera pucheros,
le asignó la S.
Y no propiamente para que se dispusieran a concursar en el programa
Quiere Cacao que tenía Pacheco en la televisión
nacional y ponía a los concursantes a que le pidieran una
letra. Sólo que los incidentes protagonizados el pasado
13 de febrero hizo que el clásico 222 entre rojos y verdes
se realizara sin el jugador número 12 y los protagonistas
del espectáculo enviaran un mensaje de reflexión
y cordura a sus fanaticadas a través de los medios de comunicación.
Sin cortinas
¿Cierto que se nota muy extraña la casa cuando las
señoras quitan las cortinas de las ventanas para lavarlas
y queda todo despejado? Algo parecido sucedió ayer en el
Atanasio Girardot, porque al no haber personas en las graderías
todo quedó despejado, ningún cuchicheo fue llevado
por el viento y los mensajes lucieron en su esplendor.
En esta oportunidad el partido se vivió como un verdadero
picado barrial, en el que no hay técnicos, porque hasta
el vecino grita y trata de ubicar al equipo que peor vea.
Cuando se escuchó claramente desde las cabinas el "vamos
a dar un mensaje de paz y los equipos dedíquense a jugar"
que les dijo el central Duarte a los capitanes Perea y Patiño,
de una se supo que el partido era sin secretos.
La competencia de órdenes fue de todos los lados, aunque
los rojos estuvieron más sueltos. "no jodás
árbitro, te vas a dejar presionar por el banco verdolaga",
decía de manera fuerte el técnico Peláez,
mientras Rocco le gritaba a Perea que se acomodara mejor, Jaramillo
reconvenía a Agostinho y Leal le decía a Vásquez
que se tirara más a la derecha.
Al principio los de Nacional parecieron con una cinta en la boca,
pero ante el "sacalo juez, sacalo juez" del asistente
técnico Humberto Sierra cuando Peláez reclamaba,
las voces de dejaron venir y Patiño pidió goles,
Guzmán dijo "ojo con los delanteros", Orejuela
solicitó más presión en el medio y Giraldo
manifestó que "no hubo mala intención"
en cada una de sus faltas.
"Hincha rojo, te extrañamos" fue lo primero que
apreciaron los del Medellín cuando miraron a Norte y no
hubo con quién celebrar el golazo de Juan Fernando Leal
en el minuto 11. Aunque el "dale rojo" sorprendió
a más de uno cuando salió del palco escarlata ubicado
en preferencia.
Una pancarta de esas no fue puesta por Nacional, que mientras
no tuvo el balón le tocó dedicarse a leer los sonoros
y efectivos "paz + fútbol = pasión, y vos qué
hacés; el fútbol es una fiesta, y vos hincha, música".
Sin embargo, cuando Agudelo empató en el minuto 73 no hubo
más que otra que mirar fijamente el letrero que reflejó
la realidad del candado impuesto por la administración
con un "cambiemos los minutos de silencio por los gritos
de gol".
Ese fue el ambiente del primer clásico de los tres raros
que jamás se le olvidarán a los jugadores rojos
y verdes, porque en el próximo "los únicos
que podrán ingresar al estadio serán los mayores
que tengan camiseta blanca y en el siguiente los menores de edad
podrán entrar siempre y cuando lleguen acompañados
de sus padres y dejen las casacas de sus amores en las casas",
según lo repitió ayer el alcalde Luis Pérez
Gutiérrez.
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