| Sueño
rojo, intacto
El DIM
igualó 1-1 con el Deportivo Cali ayer en el estadio Atanasio
Girardot.
Los rojos
están a dos puntos del líder, Bucaramanga, que ayer
empató.
Pasado
mañana recibirán la visita de los búcaros,
en juego definitivo.
Molina
y Preciado marcaron los goles en la tarde dominical.
Bogotá / Colprensa
Como en las películas de suspenso, el DIM parece empeñado
en hacer sufrir a sus hinchas hasta el final. Ayer empató
1-1 con el Cali en el estadio Atanasio Girardot que estaba casi
lleno (39.374 personas pagaron la entrada) y prolongó el
sueño de la fanaticada de poder disputar el título
del segundo semestre.
Esta vez, a pesar de que los rojos dejaron escapar dos puntos
de casa, no hubo silbatinas ni insultos para el técnico
Víctor Luna y sus pupilos. Y todo gracias a la entrega
de los muchachos en una cancha difícil por causa de la
lluvia en el segundo tiempo, la calidad del rival que montó
un bloque defensivo imposible de derribar y el 1-1 de Tolima y
Bucaramanga en la ciudad de Ibagué. Todo quedó igual.
La romería roja abandonó el escenario con la esperanza
de que pasado mañana, frente al Bucaramanga, sea el gran
día para saborear la victoria, la primera del DIM en los
cuadrangulares semifinales como local (lleva dos empates) y de
esta manera despejar dudas. El mismo libreto de la historia escarlata
en las últimas temporadas.
Escena uno
"Vamos, vamos Poderoso...". Todo era fiesta en el Atanasio.
Los rexixtentex recibieron con bombas azules y rojas al equipo
del pueblo, luego de las silbatinas para el Cali que saltó
primero al terreno de juego.
De entrada se notó el respeto entre los adversarios, que
se habían encontrado a mediados de la semana en el estadio
Pascual Guerrero con saldo a favor para los de Medellín
(1-0).
Actos protocolarios y minuto de silencio en homenaje póstumo
a la señora Ester Vásquez, abuela de Andrés
Orozco, fallecida el pasado jueves. De rodillas, el zaguero antioqueño
se encomendó a su "mamita" antes del crucial
juego que se aprestaba a disputar.
Choto Cortés recibió un centro de Alexánder
Jaramillo, sacó a un contrario y solo frente al arquero
Darío Sala, se perdió la anotación. A los
cuatro minutos el grito de gol se ahogó en las gargantas
de los aficionados, que después soportaron un bache de
malas entregas por parte de los jugadores locales.
Un segundo aire oxigenó al Poderoso a los 21 minutos,
que a partir de ahí llegó claro con Tressor Moreno
y Diego Álvarez. Este último recibió falta
en el área, a los 27, pero el juez central, el risaraldense
Harold Cardona, no solo la ignoró, sino que castigó
con tarjeta amarilla al delantero rojo porque, según él,
"fingió el agarrón" que vio todo el mundo
en el estadio.
Léider Calimenio Preciado, que no había aparecido
en el partido, y en la primera llegada del conjunto azucarero
(min. 35), castigó con gol un descuido de la zaga del DIM,
tras recibir un pase de Giovanni Hernández. Nadie lo podía
creer.
Pero el susto duró poco. Mauricio Molina se acomodó
frente al balón en un tiro libre y, como dijo un hincha
de preferencia, "le pegó como los dioses". Sala
quedó quieto y sin reacción. Sus compañeros
sólo atinaron a reclamarle al árbitro, pues esperaban
doble jugada porque para ellos era tiro indirecto. Las protestas
no prosperaron en medio de la euforia escarlata y la celebración
de Mao frente a preferencia.
Cae el telón
Después de soportar el "chaparrón" en
el descanso, la afición esperaba más emociones para
calentar el cuerpo. Pero no fueron tantas porque el Cali se dedicó
a esperar con doble línea de cuatro, aguardando el milagro,
que nunca llegó, mediante contragolpes.
El DIM no bajó la guardia, corrió, luchó,
pero sus hombres no llegaron con la sufiente propiedad para vencer
al argentino Darío Sala.
David Montoya se cayó en la opción más clara
(min. 75) y la media distancia de Juan Fernando Leal, Mao y Tressor,
en este período, no funcionó.
Los caleños salieron felices, pues su objetivo era no
perder por tercera ocasión consecutiva con el mismo rival.
Igual aconteció con los jugadores del DIM, ya que las opciones
de disputar título están intactas. Y la afición
tranquila, "porque el gol de Mao pagó la boleta".
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