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Juan Antonio Sánchez, Ibagué
El remate de temporada de Tressor
Moreno es para envidiar; el chocoano no sólo los pone sino que consigue
goles importante como el primero en Ibagué para el triunfo 3-1 que llevó
al Medellín a la final del torneo. | William
Vásquez fue una pesadilla | David
González: seguro en el juego aéreo y a ras de piso. Róbinson
Muñoz: buena labor, le dio presencia a la zaga. Andrés
Orozco: impecable trabajo, fuerte y elegante. Amaranto Perea: realizó
un juego casi perfecto. Con buenos cierres y muy seguro. William Vásquez:
marcó el tanto definitivo, el de la fiesta. Fue una verdadera pesadilla
para la zaga del elenco pijao. Roberto Cortés: le imprimió
madurez al equipo. Alexánder Jaramillo: entregó sacrificio
en marca. John Restrepo: clave con lanzamientos a los costados. Juan
Moreno: jugó poco, apenas tres minutos. Tressor Moreno: su
gol fue definitivo para la victoria. Mauricio Molina: otra gran tarde
con un buen gol. David Montoya: tuvo dinámica y personalidad.
Juan Fernando Leal: le dio un nuevo aire al medio campo. | Los
hinchas, muertos de la dicha
La afición fue premiada con el triunfo y clasificación a la final del
torneo. Algunos empezaron
el domingo la fila para comprar las primeras boletas para el miércoles.
Vásquez selló el camino de la búsqueda de la tercera estrella.
Wilson
Díaz Sánchez wilsondi@elcolombiano.com.co Ibagué Los
hinchas del Independiente Medellín, pese al cansancio tras un viaje de
más de diez horas, rompieron la monotonía en Ibagué. La mañana,
fría y con lluvia, empezó a calentarse y al mediodía todo
era fiesta en la llamada capital musical de Colombia.
A las 9:30 a.m. uno
que otro muchacho vestido de rojo y azul deambulaba por los alrededores de estadio
Manuel Murillo Toro (en proceso de remodelación) esperando el resto de
la caravana de casi 60 buses organizada por el patrocinador, Pilsen, y las barras.
Los
desprevenidos habitantes de esta apacible capital miraban con extrañeza
a los jóvenes con trajes de tallas grandes, gorras y pelo de colores. Y
a hombres y mujeres mayores venidos desde Antioquia a darle el último aliento
al Poderoso en la búsqueda de la final.
"He acompañado
al DIM a casi todos los partidos por fuera y éste no podía ser la
excepción. El equipo juega muy bien en otras plazas y aquí estoy,
con mi familia, para hacer fuerza por él", indicó Jaime Castaño,
quien tenía frescas las presentaciones en Armenia y Cali, donde los escarlatas
salieron triunfadores.
Al filo de las 12:00 m. el pito de las sirenas anunció
el arribo de los buses que se estacionaron frente al estadio y ahí empezó
la rumba que se prolongó hasta después del partido, gracias a la
presentación de Medellín, que puso a soñar a su fanaticada
con la tercera estrella.
"Lo bueno es que no dependemos de nadie.
El grupo se ve sólido y creemos en su clasificación", habían
dicho Juan Carlos y Paula Andrea Peláez, quienes llegaron en uno de los
carros patrocinados por Cervecería Unión.
Los contrastes La
esperanza y fe de los antioqueños contrastaba con el pesimismo de la mayoría
de tolimenses, decepcionados por las últimas presentaciones del equipo
y, sobre todo, por la "irresponsable actitud" del goleador Elson
Becerra, que lo marginó de este trascendental compromiso. Y por la ausencia
de Giovanni García y Herly Alcázar, el primero por sanción
y el segundo por lesión, fichas claves en el esquema de Luis Fernando Suárez.
"A
Becerra le alcahuetearon mucho. Llegó tarde al partido en Medellín
y fue titular, luego le pegó a un compañero. Es un jugador que irrespeta
a los directivos", comentaban los seguidores del conjunto pijao que tímidamente
exhibían banderas vinotinto y oro.
El grupo de jugadores, concentrado
en el Hotel Ambalá, en todo el centro de Ibagué, se reunió
el sábado por la tarde, sin aspavientos ni algarabías de los fans
en otras ocasiones. La motivación que les imprimía el técnico
Suárez menguaba un poco los reproches recibidos por el accionista mayor,
Gabriel Carmago, tras la presentación frente al Bucaramanga.
En
Casa Morales, hotel donde el DIM se estacionó, todo era calma: concentración
total en las habitaciones, mientras que algunos hinchas y alimentaban con los
directivos el sueño de ser campeones.
La lluvia no cesó como
tampoco el entusiasmo de las afición escarlata que dejó atrás
el trasnocho y el cansancio para hacer sentir a su divisa amada omo en casa. Al
final recibió la recompensa con la clasificación, tejida con madurez
y buen fútbol. Como dijo un hincha, "qué importa viajar casi
22 horas para ver sólo 90 minutos de juego, cuando el equipo se entrega
y nos brinda alegrías". |