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Manuel Saldarriaga Upegui trata de consolar a Julio Valencia, el jugador del
Pasto que tuvo el infortunio de anotar el autogol que puso el marcador 2-0
a favor del DIM. | Síntesis Medellín
2-Pasto 0 | Estadio:
Atanasio Girardot. Árbitro: Henry Cervantes, Santander. Asistentes
arbitrales: Eduardo Botero y Demver Perdomo. Asistencia: 49.590
aficionados (dato oficial). Taquilla: $457´550.000.
Medellín:
David González; Róbinson Muñoz, Andrés Orozco,
Amaranto Perea, William Vásquez, Roberto C. Cortés; John Javier
Restrepo, Alexander Jaramillo (Ricardo Calle, 70´), Tressor Moreno; Juan David
Moreno (David Montoya, 3´), Mauricio Molina. Banca: Andrés
Acevedo, Ricardo Calle, David Montoya, Juan F. Leal, Diego Álvarez. D.T.:
Víctor Luna. Goles: Róbinson Muñoz (7´),
autogol de Julio Valencia (65´). Expulsados: no tuvo.
Pasto:
Andrés López; Julio Tovar, Nelson Rivas, Óscar Upegui, Wilmer
Díaz, Dúmar Rueda; Julio Valencia (A. Perafán, 82´),
Jairo Patiño (Carlos Rendón, 46´), Carlos Salazar (J. Vidal,
69´); Walter Escobar, Pablo Jaramillo. Banca: Juan Cano, Alexander
Perafán, Carlos Carabalí, Jorge Vidal, Carlos Rendón. D.T.:
Nestor Otero. Goles: no marcó. Expulsados: Carlos Rendón
(71´). La figura: Róbinson Muñoz (autor del gol
que abrió la senda del triunfo rojo). |
La
fe regada en el cuerpo
La suerte de los campeones, dicen, tiene de todo, hasta autogoles.
El DIM disfrutó el triunfo de ayer, pero sabe que todavía falta
un poco más.
El pasto no sólo perdió anoche el partido, sino a Rendón,
una figura. Muñoz
puso a gritar de emoción y a suspirar de alivio a los fanáticos
rojos. Jaime Herrera Correa jaimeh@elcolombiano.com.co Medellín Bajo
el lema "Medallo, con garra y amor, harás feliz a la mejor afición",
el DIM se embriagó de victoria en el camerino y saltó anoche al
bien decorado gramado del estadio Atanasio Girardot con la motivación a
la máxima expresión y unos brios parecidos a los de un león
tratando de salirse de una jaula.
Esos once hombres de uniformes bien puestos
y la mirada siempre al frente fueron guiados por Tressor Moreno ante un Pasto
que salió a la cancha con camisetas blancas, como en son de paz y no de
lucha.
El más satisfecho con los coros y halagos, que se escucharon
por montones de la fanaticada, fue el mismo Tressor. Al exhibir su blanca dentadura
y con la cabeza rapada se ayudó a identificar con concurso de señales
que por varios pasajes no fueron descifradas por sus compañeros y, si que
menos, por los jugadores nariñenses, que no salieron del asombro ante tanta
camiseta roja.
En el minuto siete, David González le pidió
distancia a sus compañeros de zaga y Oscar Upegui le mostró con
vehemencia la cinta de capitán a sus compañeros, como diciendo que
en el once pastuso "el que mando soy yo".
Aparentemente, ordenó
atrás cuando "Mao" puso cara mártir al ser derribado cerca
del área del arco sur.
Cobró Montoya y por aerte de magia
apareció Muñoz para tomar el rebote que soltó el arquero
López. Inmediatamtamente, esa indumentaria roja se tornó rosada
cuando Muñoz emprendió la celebración al estilo avioneta.
David González, Orozco y Perea se encontraron con las miradas hacia el
cielo como dándole gracias a Dios por el favor recibido.
En el banco
no lo creían, Víctor Luna saltaba de alegría, los abrazos
arroparon a todos los asistentes mientras tanto en el lado pastuso Otero buscó
a Conde y éste no supo decirle qué pasó.
Peor fue
la pena que sintió Andrés López porque cuando sus compañeros
le reclamaron, él bajó la cabeza como para enmendar el error.
El
descanso fue como un espacio para refrescarse con un vaso de agua bien fría.
Llegó la etapa complementaria y Alexander Jaramillo, con la ayuda de Pedro
Sarmiento trató de hablandar un poco al juez de línea a la hora
de las decisiones.
Nésotr Otero se la caló, pues de una trató
de acercarse a pedir una justificación ante tanto reclamo rojo.
Los
pócos pelos se le pusieron de punta a Choronta Restrepo cuando Escobar
sorprendió con un cabezazo que encontró bien ubicado a David González.
Todavía los cabellos no recuperaban su posición original, cuando
Orozco se sacudió de los nervios originando un contragolpe que tomó
mal parado al conjunto nariñense.
Cuando pasó los tres cuartos
de cancha centró y al parecer la estrella metálica que había
en norte lo iluminó, pues Valencia metió el balón en su propio
arco para concretar el 2-0 y la locura en el Atanasio.
Andrés Lopez
no lo podía creer y le reclamaba y le reclamaba a su compañero en
el piso. Orozco en cambio salió desesperado para encontrarse con sus compañeros
y perderse en un tumulto de alegría.
Con esa suerte de campeón
Luna miró al cielo, mientras la afición hizo retumbar el estadio
con su éxtasis y el coro "viva el DIM que es Poderoso" con el
que se cerró el partido para quedar a 90 minutos de alcanzar su tercera
estrella. |