El
Robinson colombiano es escarlata
Muñoz puso a gritar de emoción y a suspirar de alivio a los fanáticos
rojos
Pablo Arbeláez Restrepo pabloa@elcolombiano.com.co Medellín Para
Silvia Restrepo y su bella Lulú la desilusión no pudo ser peor en
la antesala de la final del fútbol colombiano.
La fila era larga,
larguísima, porque más de mil mujeres esperaban el turno para trasponer
las barreras de control manejadas por tres tenientes de la Policía.
Silvia
llevaba con su larga cadena a la simpática Lulú, que estaba vestida
con una camiseta del DIM. Apenas le tocó el turno de ingreso, los encargados
del control y vigilancia le dijeron con un no rotundo que no podía ingresar
con la perra al Atanasio.
Oh pesar para Silvia, quien por todos los medios
trataba de explicar que siempre la habían dejado ingresar al Estadio con
su French Poudel. No quedaba más remedio que quedarse por fuera, perderse
la final y no poder ver todo lo que estaba sucediendo afuera.
El show de
Alfredo Gutiérrez, quien a una hora del comienzo del juego entró
a la cancha con su acordeón, para poner a cantar a los 49.590 espectadores
que coparon el coloso de la 74, que anoche estuvo de bote en bote.
"Jugando
fútbol del bueno...", el coro se sintió en todos los rincones
de la atiborrada catedral del fútbol antioqueño, a donde la gente
fue a ver cómo se ganaba el 50 por ciento del ansiado título.
Silvia
apenas pudo ver la tenue luna coqueta, pero se perdió mucho de lo de adentro,
a Los Alegres Parranderos con su música guasca que inundó, la pancarta
gigante de los Rexixtentex venidos desde los Estados Unidos, a los Niños
del Pacto que hicieron el saque de honor, a los pocos hinchas del Pasto que quedaron
reducidos a un minúsculo punto en todo lo alto de la tribuna Oriental,
donde fueron más los policías que custodiaban a los venidos desde
tierras nariñenses.
Y si Silvia finalmente no pudo ingresar después
de la insistencia, también se perdió la oportunidad de ver al nuevo
Róbinson colombiano, un muchacho vallecaucano de apellido Muñoz,
que puso a gritar desde los siete minutos a esos hinchas rojos, que inflamados
de alegría, gritaron en un solo coro, que seguro se sintió hasta en
Bello e Itagüí, para contarle a todo el Valle del Aburrá, que
el gol se había presentado temprano, para pensar en esa estrella que se
levantó orgullosa en la Rexixtenxia, donde los globos rojos y azules, por
miles, fueron cambiados por los humo de colores de los extintores que esta vez
no tuvieron cabida. "Hijueputa gol", dijo en tribuna de preferencia
baja un pletórico John Arboleda, a quien los "bafles" se le habían
ido desde antes del comienzo del 2-0, cuando Silvia no recibió el mismo
trato de Medallo, quien sí pudo estar anoche con su mascota en la apoteósis
roja. |