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Jaime Pérez
Las pocas mercancías que quedaron ayer fueron,
literalmente "devoradas" por los hinchas rojos momentos antes del inicio
del juego en Pasto. No quedó casi nada. Fue una jornada pletórica
de dicha para todos. | "Medallo
nos arregló diciembre"
Las Ventas de los productos rojos se dispararon ayer. Y todo se acabó rápido.
La tercera estrella, dicen al unísono, es de ambos.
Medellín A
diferencia de otros domingos, cuando llegaba al mediodía al Estadio para
extender, en una vieja cuerda, las banderas verdes y blancas, o las rojas y azules,
las gorras, las pañoletas y hasta los cojines, María Edilma Cárdenas
se levantó ayer a las 6:00 de la mañana para dejarle lista la comida
a su hijo de diez años, echarle una manito a la casa, ubicada en Manrique,
y salir a "camellar" a nombre del Independiente Medellín.
Muy
temprano también y sin haber fútbol en vivo en el Atanasio Girardot,
se le acabó la mercancía. Todo se fue en un abrir y cerrar de ojos.
"Nunca había vendido tanto y tan rápido. La gente parqueaba
su vehículo y casi sin discutir precio compraba la camiseta roja del DIM
o la gorra azul", dijo antes de regresar a casa, justo a una hora de que
se iniciara el juego en Pasto que definió el título del fútbol
colombiano a favor del equipo rojo de Antioquia. La mercancía roja fue,
literalmente devorada por sus parciales sin importar que María Edilma es
hincha acérrima del verde paisa.
"No nos queda nada. A mí
me tocó hasta vender mi gorro", señaló, por su parte
y con gran satisfacción, Alejandro Muñetón, un comerciante
antioqueño fervoroso seguidor del conjunto escarlata del que nunca tuvo
una satisfacción como la de ayer.
Y si María Edilma y Alejandro
se "echaron" el diciembre encima, otro tanto sucedió con Fernando
Retallack, a quien lo único que le quedó de todo lo que puso a la
venta fue su camiseta roja, algo estrecha, pero que ahora "me toca lucirla
con más orgullo que nunca".
A las 2:00 de la tarde, ya estaba
haciendo balance mientras ya permanecía pelado el alambre en el que colgó
todo el producto rojo. Los testigos fueron tres jóvenes hinchas del DIM,
con piercing y cabello engominado que, como locos, andaban buscando una bandera.
"De pronto la encuentra más arriba, aunque lo dudo", les dijo.
Situación
similar vivieron Shirley Patricia González y Carlos Valencia, quienes levantaron
su toldillo al frente de la estación Metro del Estadio. "Vendimos
150 camisetas. Gracias al Medallo, nos hicimos este diciembre", confió
Valencia contando el dinero producto de sus ventas. Y, sin embargo, "es un
milagro que se haya acabado todo, porque los hinchas del Medellín siempre
nos dejan asoliada la mercancía", agregó ella.
En La
80 con La 35, a Enrique Vanegas también se le esfumó todo. Como
a Jaime Vásquez en Colombia con La 80. Toda esta fiebre por culpa del amor
a un equipo: el DIM.
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