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Róbinson Sáenz
Dos artífices del triunfo rojo: Choronta Restrepo, el dueño del trofeo, y Víctor Luna, el técnico, al regresar a casa.
Desbordante fue
el respaldo al rojo
La fiesta de recibimiento al nuevo campeón estaba preparada desde
el domingo. Sin embargo, a la hora del té, el programa debió ser modificado: no se hizo el recorrido por la Carrera 65 como estaba estipulado sino por la Calle 10, Avenida del Poblado, Avenida Oriental, Plazoleta de Botero, Carabobo, Colombia, Carrera 74 y Estadio.

A medida que el carro de Bomberos transitaba se iban uniendo más y más vehículos, motocicletas e incluso gente que a pie hizo gran parte del recorrido ahí casi pegados al auto donde se transportaban los integrantes del Independiente Medelín. A todo lo largo del recorrido, la gente salió a saludar a sus campeones sin importantes distingos de sexo, edad e incluso de preferencias futbolísticas.
Hasta en chiva se pegaron rodadita

En carro, moto, bicicleta y a pie, los hinchas enarbolaron las banderas rojas.
El primer contacto de la hinchada con el equipo fue emotivo.
Sobre la marcha se modificó el recorrido para hacerlo más popular.
Con ejemplar comportamiento, los hinchas saludaron a sus protagonistas.


Oswaldo Bustamante Escobar
oswaldob@elcolombiano.com.co
Medellín

A la destartalada chiva, arropada adelante con una gigantesca bandera roja y azul, no le cabía una aguja. A ella se iban colgando, uno tras otro, y a medida que transitaba, a paso de tortuga por La 65, arriesgados jóvenes que en romería desde el centro de la ciudad, se dirigían al Aeropuerto Olaya Herrera. Arriba, en el capacete, y de pie, enarbolaban afiches, periódicos y banderas. Adentro, apretujados en las viejas sillas de madera, cantaban como locos, se abrazaban y gritaban. O en los estribos, como colgandejos humanos que, acaso sí se aferraban a un saliente de hierro, al cuello de cualquiera o a la camiseta ajena.

Eran los hinchas rojos que, enfundados con camisetas idem, o blancas con refuerzos rojos y azules, o las novedosas negras con ribetes blancos, mostraban con orgullo la pasión del pueblo: un escudo con tres estrellas en sus picos.

A medida que la chiva se acercaba al sitio de concentración, el calor subía y las ansías desbordaban. Pedro Jiménez, un estudiante de bachillerato bajó a pie desde Aranjuez porque todo lo que tenía se lo había gastado el domingo en la celebración del título del DIM. Echó infantería hasta el Olaya. Sólo que a unos doscientos metros, se encaramó en la chiva, agarrándose de la escalerilla de atrás. "Esto nunca lo había vivido. Somos campeones. Qué putería", gritaba, con voz ronca, mientras empuñaba parte de su querida camiseta y se la enrrostraba a quienes hacían fila, a lado y lado, en las aceras vecinas.

Su voz se iba haciendo imperceptible a medida que sonaban las estridentes bocinas de los carros y la corneta gangosa de la resistente chiva, llena de gente hasta el "cogote".

En contraste, los jugadores del DIM permanecían muy tiesos y muy majos simplemente mirando cómo sus seguidores se agolpaban, en tierra, haciendo una especie de arco del triunfo con palmas, banderas, pedazos de periódicos donde se podían apreciar las fotos del equipo y afiches ya con el sello de DIM, campeón 2002.

Andrés Orozco, cual Santa Claus criollo, con gorro de Navidad y Juan Fernando Leal, portando un inmenso tubo de PVC del que pendía una bandera rojiazul, y el trofeo que pasaba de mano en mano, era apenas parte del espectáculo que se vivía dos metros arriba del piso al paso lento del automotor que trasportó al equipo.

Y mientras, al otro extremo, Juan Bustamante, un joven mecánico, quien también hacía de pasajero de ocasión en la chiva, no pudo contener la dicha al paso del carro de Bomberos que condujo de la pista del aeropuerto hasta la glorieta de acceso a La 10. Saltó por encima de dos compañeros y se lanzó a tierra. "Choronta sos un verraco papá. Mao, está sólo. Andrés, qué calidoso..."

Bustamante tiene 24 años, vive en Boston y desde que "tengo uso de razón soy un hincha enfermo por el DIM. El domingo lloré porque eso fue mucha alegría", dijo mientras seguía la caravana de la victoria roja, casi contando los pasos, al mismo ritmo del carro verde de Bomberos en el que se dirigieron los jugadores escarlatas hacia el templo del fútbol donde fueron entronizados como lo que son ahora: nuevos campeones.
HISTÓRICO NOTICIAS: FASE II - FASE I


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