 Hernán
Chica A la izquierda está Alirio Bedoya con parte de la gallada del
Hueco Rojo. Para ellos la fiesta escarlata ya empezó. | La
pasión se vive en el Hueco Rojo
Este lugar de Envigado es un fortín de la hinchada del Poderoso DIM.
Pablo
Arbeláez Restrepo pabloa@elcolombiano.com.co Medellín A
dos cuadras de la Quebrada La Ayurá, donde los seminaristas lavababan sus
curtidas piyamas, está el Hueco Rojo.
No es un negocio, es una pasión
desbordada que se encuentra en toda una esquina, a donde llegan quienes llevan
a su Medallo tatuado en el corazón y el alma.
Esta especie de bar,
tienda de abarrotes y punto de encuentro, es donde confluyen los hinchas del Medellín
para disfrutar las victorias y llorar las penas de las derrota. Un rincón
para rumiar dolores y cantar las glorias del Poderoso.
Hace un año,
cuando el equipo del pueblo también estaba en las finales, la fiesta fue
grande, pero más grande será aún la que se prepara desde
hoy ... sin que se sientan los asomos de un traspiés al menos.
"No
queremos que nos vuelva a suceder lo de 1993, cuando los que estábamos
en el lugar nos arrodillamos y con las lágrimas en los ojos, creíamos
que se llegaba la hora de dar la vuelta olímpica de los campeones. Esa
noche fue peor la borrachera, porque en siete minutos perdimos un sueño
de muchos años", cuenta "Beto", uno de los más
asiduos visitantes del lugar.
Todo allí es rojo y azul, menos las
puertas, que incluso fueron manchadas por la gente de Los del Sur .
Cuadros,
fotos de los equipos de todas las épocas, un santuario de jugadores y formaciones
que invitan al pasado, a conocer algo de las leyendas del Poderoso de la Montaña.
Hasta
unas pequeñas raquetas de badminton, también de los mismos colores,
penden orgullosas de las paredes de esta sagrada esquina del barrio El Guáymaro
de Envigado, en la que hay más de cien elementos que en todo momento hacen
recordar la pasión de esa furia escarlata.
"Si el Medallo queda
campeón, seguro que salgo de pobre, porque desde la semana pasada hemos
estado de rumba aquí en el Hueco Rojo". El administrador Alirio Bedoya
está que no cree en nadie. Incluso cuenta con la ayuda de su esposa Genoveva,
que paradójicamente es verdolaga a morir.
"Todos estamos preparados
para el miércoles y domingo. Ninguno irá al Estadio y tampoco viajaremos
a Pasto. Estaremos pendientes de la televisión y la radio". Alirio
hace cuentas de la presencia de los Riveras, Heriberto, Beto, Chaverra, Perucho,
Luis Rendón, Mario Rojas, Guamo, Óscar Rivera, William, Hernán
y Pedro para gozarse la final hasta reventar.
"El domingo hicimos
sancocho como para cincuenta y la gente lo pasó bien cuando le ganamos
al Tolima". Para Alirio, la palabra derrota no aparece dentro de su léxico
de positivismo futbolero. Quieren cantar al ritmo de Gabriel Romero y Alfredo
Gutiérrez, hacer la ola en las alegrías que brindan clasificaciones
como ésta que comenzaron a festejar, llevando el compás con el tambor
y la raspa, dos de los muchos elementos que dan vida a ese rincón alegre
y descomplicado que es el Hueco Rojo. |