 Manuel
Saldarriaga
Víctor Luna es el hombre que dirige los destinos técnicos
del Medellín. Él y su grupo de jugadores saben que el destino ha
sido cruel con esta divisa, sin embargo, están dispuestos a no claudicar
para hacer que por fin, después de cuatro décadas, brille la tercera
estrella. Todo es posible, como en poesía. | Evocación
literaria del "Manco" Gutiérrez | -Dígame
"Manco" ¿cuándo y en qué equipo comenzó
usted a jugar el fútbol? -Bueno hombre, yo siempre he jugado desde
chiquito, eso como que le sale a uno de dentro, como que uno no sabe hacer
otra cosa, no hay peladerito donde no se organice un partido, una acera,
una calle. Hasta solo le da uno a eso, con una cascarita, con un clavel. Y
bueno, pues mi primer equipo fue el de la Estación, un equipito de amigos
que íbamos por ahí desafiando a otros equipos de barrio. El primer
equipo fue uno que fundó Torres, el Junín, en la Liga, en la
Tercera y después en Segunda "Tintorería Valdés" hasta
que ya después de los juveniles de Ibagué me contrató el Medellín
y aquí estoy".
Del cuento El aire muerto, Darío Ruiz
Gómez. | Medallo, equipo
de poetas
"Resultamos jugando la final casi sin esperarlo":
Darío Ruiz Gómez
"Hablar del DIM es como hablar de religión", dice el poeta Darío
Jaramillo.
Roca no
pudo ser centrodelantero del Rojo y se lo ganó la poesía.
Reinaldo
Spitaletta reinaldos@elcolombiano.com.co Medellín Una vez
visitó la casa de una viuda rica que tenía un solo hijo. "No
te parece que este muchacho es muy mimado, que le falta conocer más la
realidad", le sugirió él. Y ella, sin inmutarse, respondió:
"Ya él conoce a fondo el sufrimiento humano: es hincha del DIM".
La
anécdota la recuerda el escritor y poeta Darío Ruiz Gómez,
hincha del Poderoso, y para quien el Deportivo Independiente Medellín representa
una especie de fatalidad, de destino trágico, que se convirtió en
imaginario colectivo, en parte de la cultura de los barrios.
Para el autor
de La ternura que tengo para vos, el DIM hace parte del estoicismo propio de aquél
que sabe que está jugando, pero no siempre está aguardando el triunfo.
"Porque en los triunfadores de hoy hay mucho de sospechoso, porque están
detrás del aparataje del sistema, mientras que el DIM sigue siendo fundamentalmente
un equipo de barriada, que representa al adolescente, al viejo, a la vecina. Ellos
lo han convertido en el reflejo de una actitud de vida en un país donde
todas las desgracias están anunciadas".
Para este narrador,
habitante en otros tiempos de la Estación Villa, el DIM, parte de una Colombia
donde "lo menos previsible puede ser la felicidad", ese equipo rojo
y azul pertenece a lo vivo de una barriada y a las cosas que ya no están.
Es un referente de la memoria urbana.
Antes que poeta, lo que quería
ser Juan Manuel Roca era centro delantero del DIM. No pasó de ser una mascota
del equipo del Charro Moreno. Y entonces eligió la poesía, que,
según él, tiene que ver con las derrotas y las utopías.
"Lo
mejor del DIM es que es, siempre, el mejor equipo del año entrante. Y eso
pasa con la poesía, que es el lenguaje del mañana", dice el
autor de Monólogo de José Asunción Silva.
El Medellín
es, como la poesía, parte de la lengua del porvenir. "Soy hincha del
DIM porque elegí la derrota, el gran tema de la narrativa, que es el derrotado.
Derrotados fueron Gregorio Samsa, el Quijote, Madame Bovary. Y la poesía
ha estado al lado de los vencidos", dice Roca, que de niño vio jugar
a Moreno, Seghini, Lauro Rodríguez y otras figuras emblemáticas
del Rojo. Y ahí, en ese equipo campeón del 55 y el 57 vio que había
poesía, estética. "Me tocaron esos asombros. Me interesaba
entonces cómo jugaba y no los resultados", dice este feligrés
del DIM. Porque para él, como para el poeta Darío Jaramillo, el
Medallo es una religión.
En 1955, Jaramillo llegó de Santa
Rosa de Osos a ver jugar al Medallo de Moreno. Y se deslumbró. "No
creí que nadie pudiera jugar así. Me gustaba el rojo por encima
del verde de la cancha... Ahora no soy optimista ni pesimista, porque se nos gastó
el dedo... pero espero con unas ganas de que todo sea verdad. Mejor dicho, como
dice un estadígrafo: lo que sigue es Tokio", anuncia el autor de Cartas
cruzadas.
El DIM, equipo de poetas. De esos que reirán el domingo
por la noche, cuando los ilumine la tercera estrella. El DIM, religión
de ateos, porque, como dice Roca, reproduciendo un chiste rival, "no vamos
a misa por no ver levantar la copa". |