Un viaje de 38
horas
Mil hinchas se "tomarán" Pasto y lo teñirán con
el rojo pasión del DIM.
Aunque unos irán en avión, otros se le medirán al viaje en
bus. El trayecto,
dicen los que saben, es uno de los más bravos del país.
José
Alejandro Castaño Hoyos josec@elcolombiano.com.co Medellín Los
riñones de Jesús López Castrillón son ramificaciones
de hule que, cuando se sienta, se abultan y le duelen. El viejo tiene 69 años
y, asegura, viajará en la caravana de hinchas que esta noche, a las diez,
saldrá para Pasto en un recorrido de 19 horas de ida y 19 de regreso. El
título del Poderoso, asegura, justifica todos los esfuerzos y en su caso,
todos los dolores.
-Yo iba ver al equipo en tiempos en que los seguidores
lo llamábamos la Danza del Sol. Los partidos se jugaban a medio día
en el hipódromo San Fernando, donde hoy está la Mayorista. En esos
días tenía la piel dura y los riñones buenesitos. Después
fue que se me pudrieron de tanto hacer fuerza -como Jesús no tiene dientes
y la emoción le quiebra la voz, las palabras le arman bronca en la boca.
Uno tiene que hacer fuerza para entenderle.
-Este viaje es la última
estación de un vía crucis lleno de caídas, peladuras y hambres.
Ahora, por fin, estamos cerquita de la gloria y yo tengo que estar allá
en Pasto para verlo, vivirlo y poder morir en paz. Después del lunes, si
Dios lo estima conveniente, me puede llamar para que le cuente cómo fue
la vuelta olímpica en el estadio La Libertad -la prueba que le espera a
Jesús es más difícl de lo que supone.
Germán
Mora, un experto camionero que conoce las carreteras de Nariño tanto
como los resabios de su Tractomula Superbrigadier modelo 84, revela que el
tramo más duro del viaje es entre Popayán y El Bordo, un pueblito
polvoriento y caluroso de 35 grados centígrados.
-Esa es una zona
geológica muy inestable y el asfalto está quebrado en muchas
partes. El Instituto de Vías le ha metido toda la plata del mundo a la
carretera pero no hay billete y pavimento que valgan. Por ahí no se puede
transitar a más de 60 kilómetros por hora. Sólo en ese pedazo
se pueden gastar tres horas, y hasta más, si están de malas. Después
de que salgan de El Bordo viene un tramo corto, de una hora en carro pequeño.
Es la subida entre Chachagüí y Pasto. Haga de cuenta la loma de Minas,
pero más empinada. Por ahí hay tantas curvas que si un bus cae detrás
de un camión es casi imposible rebasarlo y el tiempo del trayecto se alarga
cuarenta minutos más -el experto asegura que la falda de la montaña
es tan pronunciada que en media hora se puede pasar de un clima de 30 grados a
uno de 12. Los hinchas que se marean con facilidad tendrán que llevar varias
docenas de bolsas. No es broma.
-Yo tuve un ayudante muy bueno que sacó
la mano cuando me mandaron dos meses a cubrir la ruta Popayán San Juan
de Pasto. La loma del Chachagüí le daba durísimo y prefirió
renunciar -cuenta el camionero, que desde que cambió de ayudante mantiene
más limpia la cabina del carro.
No importa Advertido
de la dura prueba, Leonel Martínez, un hincha discapacitado del barrio
Boston de 19 años de edad, confiesa que está dispuesto a todos
con tal de poder ver al Medellín dando la vuelta olímpica.
-Incluso
irme en la silla de ruedas, lo verraco es que ya no hay tiempo. Gracias a la Virgen
en mi caso no siento las piernas y el cansancio, por duro que sea, sólo
me duele de la cintura para arriba -el joven habla seguro y nadie que lo oiga
pone en dudas sus palabras.
-Para pagar los doscientos mil pesos del viaje,
empeñé el televisor, la nevera y dos juegos de olla de la casa.
Casi que no me consigo la plata, pero al fin. Si nos varamos o hay derrumbes,
Dios no quiera, me tocará comer yerba porque no llevo un peso. Nadie que
no sea hijo del DIM puede entender esta pasión.
Lo dicho: los hinchas
rojos, aún con ellos enfermos, tienen más riñones que cualquiera
y más piernas que la mayoría. |