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Foto Róbinson Sáenz
La mancha roja teñirá el estadio La Libertad de Pasto. A pesar de la enorme distancia que separa a Medellín de la capital de Nariño, cientos de hinchas ya confirmaron su asistencia.

Foto Henry Agudelo

Foto Robinson Sáenz
Anímese hincha que todavía
hay cupos
Entre las numerosas ofertas que tienen los seguidores del Poderoso
para acompañarlo en su partido en Pasto está la que organisa
Rodrigo Arboleda, de la Heladería Linares, en inmediaciones de
la antigua Estación del Ferrocarril. Se trata de un viaje en
buses con todas la comodidades: baño, bar, aire acondicionado
y sillas-cama. El costo con boleta de preferencia es de $185.000
y de oriental, $165.000. El valor incluye hospedaje la noche
del sábado en los hoteles Duque y Chambacú. Informes 232-58-84.

Para quienes quieren y pueden viajar en avión, todavía hay cupos
en el programa que organiza Univiajes. Los trayectos se harán
en aviones de la alianza Suma (Avianca-Aces). El paquete incluye
boleta de preferencia, traslados en Pasto e impuestos. Vale $1´100.000.
Mayores informes en el 265-11-12.
Un viaje de 38 horas

Mil hinchas se "tomarán" Pasto y lo teñirán con el rojo pasión
del DIM.
Aunque unos irán en avión, otros se le medirán al viaje en bus.
El trayecto, dicen los que saben, es uno de los más bravos del país.


José Alejandro Castaño Hoyos
josec@elcolombiano.com.co
Medellín

Los riñones de Jesús López Castrillón son ramificaciones de hule que, cuando se sienta, se abultan y le duelen. El viejo tiene 69 años y, asegura, viajará en la caravana de hinchas que esta noche, a las diez, saldrá para Pasto en un recorrido de 19 horas de ida y 19 de regreso. El título del Poderoso, asegura, justifica todos los esfuerzos y en su caso, todos los dolores.

-Yo iba ver al equipo en tiempos en que los seguidores lo llamábamos la Danza del Sol. Los partidos se jugaban a medio día en el hipódromo San Fernando, donde hoy está la Mayorista. En esos días tenía la piel dura y los riñones buenesitos. Después fue que se me pudrieron de tanto hacer fuerza -como Jesús no tiene dientes y la emoción le quiebra la voz, las palabras le arman bronca en la boca. Uno tiene que hacer fuerza para entenderle.

-Este viaje es la última estación de un vía crucis lleno de caídas, peladuras y hambres. Ahora, por fin, estamos cerquita de la gloria y yo tengo que estar allá en Pasto para verlo, vivirlo y poder morir en paz. Después del lunes, si Dios lo estima conveniente, me puede llamar para que le cuente cómo fue la vuelta olímpica en el estadio La Libertad -la prueba que le espera a Jesús es más difícl de lo que supone.

Germán Mora, un experto camionero que conoce las carreteras de
Nariño tanto como los resabios de su Tractomula Superbrigadier
modelo 84, revela que el tramo más duro del viaje es entre Popayán
y El Bordo, un pueblito polvoriento y caluroso de 35 grados centígrados.

-Esa es una zona geológica muy inestable y el asfalto está quebrado
en muchas partes. El Instituto de Vías le ha metido toda la plata del mundo a la carretera pero no hay billete y pavimento que valgan. Por ahí no se puede transitar a más de 60 kilómetros por hora. Sólo en ese pedazo se pueden gastar tres horas, y hasta más, si están de malas. Después de que salgan de El Bordo viene un tramo corto, de una hora en carro pequeño. Es la subida entre Chachagüí y Pasto. Haga de cuenta la loma de Minas, pero más empinada. Por ahí hay tantas curvas que si un bus cae detrás de un camión es casi imposible rebasarlo y el tiempo del trayecto se alarga cuarenta minutos más -el experto asegura que la falda de la montaña es tan pronunciada que en media hora se puede pasar de un clima de 30 grados a uno de 12. Los hinchas que se marean con facilidad tendrán que llevar varias docenas de bolsas. No es broma.

-Yo tuve un ayudante muy bueno que sacó la mano cuando me mandaron dos meses a cubrir la ruta Popayán San Juan de Pasto. La loma del Chachagüí le daba durísimo y prefirió renunciar -cuenta el
camionero, que desde que cambió de ayudante mantiene más limpia la cabina del carro.

No importa
Advertido de la dura prueba, Leonel Martínez, un hincha discapacitado
del barrio Boston de 19 años de edad, confiesa que está dispuesto
a todos con tal de poder ver al Medellín dando la vuelta olímpica.

-Incluso irme en la silla de ruedas, lo verraco es que ya no hay tiempo. Gracias a la Virgen en mi caso no siento las piernas y el cansancio, por duro que sea, sólo me duele de la cintura para arriba -el joven habla seguro y nadie que lo oiga pone en dudas sus palabras.

-Para pagar los doscientos mil pesos del viaje, empeñé el televisor, la nevera y dos juegos de olla de la casa. Casi que no me consigo la plata, pero al fin. Si nos varamos o hay derrumbes, Dios no quiera, me tocará comer yerba porque no llevo un peso. Nadie que no sea hijo del DIM puede entender esta pasión.

Lo dicho: los hinchas rojos, aún con ellos enfermos, tienen más riñones que cualquiera y más piernas que la mayoría.
HISTÓRICO NOTICIAS: FASE II - FASE I


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