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naranja
Envigado perdió
ante Caldas, jugando como local en el Atanasio, por 1-3
Esperanza Palacio Molina
Medellín
Sólo 37 minutos le duró la dicha al Envigado que se veía alegre y entusiasmado jugando en la cancha del Atanasio Girardot como local ante el Once Caldas.
Mauricio Molina había hecho una jugada magistral, de esas que él acostumbra a hacer en cada partido, entró al área del Caldas, hamacó a los defensas albos, los desacomodó a todos, incluido el arquero, entonces hizo el centro para que un compañero hiciera el gol. Y efectivamente Trujillo tomó el rebote y anotó.
Iban 26 minutos y después de esa jugada y ese gol, todo hacía presagiar que el equipo naranja iba a poder dominar el partido.
Entonces a los 37 pasó lo inesperado. Roa y Valentierra se tocaron, ambos se golepearon, el árbitro no vio nada, pero el revolcón del volante caldista en el piso le puso dramatismo al suceso. Dember Perdomo, juez de línea de occidental, llamó al árbitro Albert Duarte, le dijo al oído lo de la pelea y el Duarte fue y le sacó tarjeta roja a Roa, el defensor central del Envigado.
Hasta ahí le duró la dicha al conjunto de Hugo Castaño. Hasta ahí llegaron su estusiasmo y sus ganas. Porque el Caldas entendió su ventaja y la aprovechó.
Javier Álvarez dispuso un cambio, ingresó a Soto por García para darle más poder al ataque blanco, mientras que Castaño dispuso a Montoya como central con Guapacha y ubicó a Rodríguez como lateral. Se cubrió atrás, pero no podía hacer más nada de ahí para adelante, sólo cuidarse.
Segundo tiempo
En la complementaria fue como si la cancha se hubiera inclinado
hacia abajo en el arco de Tuberquia. Todo el peso del partido
se fue para ese lado.
Caldas apuraba para conseguir el empate mientras que el Envigado
hacía malabares para no dejarse igualar, pero la lucha
era desigual.
A los 57minutos Velásquez recibió el balón
en la bomba del área y de ahí remató rasante,
así fue como puso el 1-1.
Con ese empate el equipo envigadeño podía sentirse
contento, porque ya le quedaba casi imposible mantener el equilibrio.
Pero el Caldas apuró más, mantuvo la presión
insistente por superioridad numérica y por mejor disposición
de sus hombres, el rival quería, pero no podía.
Así llegaron los otros dos goles caldistas, el segundo
de ellos fue de Valentierra a los 73 minutos y el tercero otra
vez Velásquez con un tiro libre impecable.
Era el 3-1 definitivo que castigaba injustamente a un equipo local
que quiso, pero no pudo y que premió al visitante que si
bien hizo méritos, también mostró que tienen
sus mañas, sobre todo con los revolcones de Valentierra.
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