
Foto Juan Antonio Sánchez / EL COLOMBIANO
La marca fuerte predominó en el encuentro que terminó en bronca, porque el expulsado Gabriel Gómez se demoró en abandonar ayer el Parque Estadio. En la foto aparecen Róbinson Muñoz y Héctor Hurtado.
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Fueron más las expectativas
El
clásico 38 entre Envigado y Nacional terminó 0-0
en el Parque Estadio Sur
Jaime Herrera Correa
Medellín
Los invitados empezaron a prepararse desde el jueves, entre el viernes y sábado recogieron las tarjetas de invitación y ayer muy temprano llegaron al sitio de la fiesta para no perderse ni una sola pieza.
El requisito era llevar traje de color verde con pintas naranjas, las intenciones siempre fueron las de gozar y por su mente solo pasaba el triunfo. Por eso, antes, y cuando salió el equipo de sus amores, las aleluyas, el papel picado, las serpentinas, los pancartas con mensajes de aliento y los confetis invadieron el Parque Estadio Sur.
Pero como en toda fiesta no falta la embarrada, Envigado y Nacional respondieron a los halagos con una regular presentación que apenas alcanzó para un empate sin goles y generó las reacciones airadas de gran parte de los 9.500 aficionados que tildaron de injusto el premio a una tarde de gritos, agua, calor y cariño. Esto sin tener en cuenta la reacción de aquellos que se agolparon en los árboles y las casas vecinas para presenciar el encuentro de manera incómoda, pero gratuita.
"Vinimos con la intención de hacerle las cosas fáciles al equipo para que ajustara la cuarta victoria consecutiva y se acercara al grupo de los ocho, pero nos encontramos con jugadores muy pasivos, delanteros que desperdiciaron las mejores opciones de anotar, un árbitro que dejó pegar mucho y un técnico que se defendió cuando lo único que le servía era ganar. Tanto Nacional como Envigado quedaron en deuda, porque fueron más las expectativas que el buen fútbol", manifestó Carlos Henao, un hincha que protestó enérgicamente en la tribuna de preferencia el cambio de Diego Toro por Héctor Hurtado.
El fútbol fue escaso
Y la reacción del seguidor nacionalista fue más que justa, porque después de soportar el fuerte aguacero que acompañó el inicio del partido y luego la inclemencia del sol que sorpresivamente se apoderó del escenario, en la cancha se encontró con un nivel regular de los rivales, solo cuatro llegadas claras a los arcos y más fricciones que buen fútbol.
Al comienzo, Nacional fue el de la iniciativa, abrió la cancha con los pases diagonales de Hurtado y el equilibrio de Fredy Grisales. Esta actitud le duró poco, porque Envigado superó la presión de la hinchada que trató de hacerlo sentir como visitante y con Juan Fernando Leal y Camilo Giraldo generó algunas jugadas que no pasaron a mayores.
Los papeles se cambiaron con regularidad y el juego se centró más en el medio campo que en las áreas, aunque Didier Muñoz tuvo más trabajo y Antonio Roa terminó siendo la figura del encuentro al anular con facilidad las intenciones de los delanteros verdolagas.
Las pocas oportunidades claras de gol desesperaron mucho a los aficionados, pero la preocupación mayor la vivió Carlos Henao cuando vio que Néstor Salazar tiró el balón por un lado después de superar a Muñoz y tener el arco solo, al final del primer tiempo (37').
Y para que este hincha terminara más aburrido, el mismo Salazar cabeceó mal la pelota en el minuto 77, lo que pudo significar el 1-0 que varios aficionados pidieron al final.
Las 9.500 invitaciones que repartió Envigado se agotaron con antelación porque eran muchas las expectativas, pero el clásico 38 entre naranjas y verdolagas fue mejor antes de jugarse y en las graderías hubo más emoción que en la cancha.
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