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Foto Colprensa,Ibagué

El volante Édgar Carvajal ingresó y le cambió la cara al Medellín. El popular Pánzer, quien disputa el balón con Carlos Rodas, puso fuerza y liderazgo en la mitad del campo. Tras un regular comienzo, el Poderoso sacó a relucir su casta y está muy cerca de la final en el torneo colombiano.
Medellín...¡qué verraquera!

Con goles de Jorge Serna y Henry Vásquez, el DIM sigue vivo en el torneo.

Desde ya se prepara el clásico frente a Cortuluá, pasado mañana en el Atanasio.

El 2-1 dejó a los rojos a dos puntos de los tulueños, si ganan estarán en la final.

Édgar Antonio Valderrama
Colaboración especial
Ibagué

El DIM y sus hinchas nunca perdieron la fe. Más con garra y corazón que con fútbol, el equipo le dio la vuelta ayer a un resultado adverso para alzarse con la victoria en Ibagué, 2-1 frente al Deporte Tolima.

A los 83 minutos el partido estaba empatado. Los escarlatas, que habían jugado con un hombre menos casi media hora, por la expulsión de Javier Martínez, no jugaban bien. Pero vino la inspiración de Carlos Andrés Vásquez para dejar mano a mano a Henry Vásquez con el arquero Fredy Torres y el delantero, con un fuerte zapatazo, marcó el triunfo que hoy tiene al Poderoso a un paso de la final del fútbol colombiano y de la Copa Libertadores de América.

Desde ya se prepara el encuentro de pasado mañana en el Atanasio Girardot frente al Cortuluá, que separados por dos puntos (diez de los vallecaucanos por ocho de los antioqueños), definirá el cupo finalista del cuadrangular B.

Tolima comenzó como siempre: encimando, manejando la pelota y anotando de primero. El cuadro rojo, en cambio, supo esperar y aguantó.

La tempranera lesión de Alexánder Jaramillo (36 min.), que permitió el ingreso de Carlos Vásquez, modificó el esquema del compromiso porque el volante entró con ganas, copó espacios en el medio, se asoció con David Montoya y generó acciones que Jorge Serna y Carlos Álvarez buscaron con ansiedad frente al arquero Fredy Torres.

El primer gol del encuentro fue increíble porque lo hizo Elson Becerra, el más diminuto de los jugadores locales. Y de cabeza, sin levantarse del piso y en medio de dos elementos espigados como Andrés Orozco y Javier Martínez.

Esta anotación, a los 28 minutos, creó las primeras fricciones entre el arquero Diego Gómez y Martínez, que fueron creciendo a medida que pasaba el partido y que explotaron 27 minutos más tarde, cuando se fueron a las manos. Martínez golpeó a Gómez en la cara y el central José Borda lo expulsó.

Movimientos inteligentes
El DIM, perdiendo, con un hombre menos y descontrolado en el terreno, hacía presagiar una derrota. Pero Juan José Peláez, mucho más inteligente que su colega Miguel Augusto Prince, sacó a David Montoya, metió a Édgar Carvajal, relevó a Carlos Álvarez por Henry Vásquez y le dio una vuelta total al partido.

Tolima fue sorprendido al minuto 62 con un gol de Serna, quien demostró estar en plenitud de capacidades, explotando su fuerza y precisión. El espigado delantero metió un zapatazo después de llevarse a cuatro defensas y revivir las esperanzas en un juego que estaba perdido.

El conjunto pijao se cayó físicamente y el elenco escarlata empezó a generar más fútbol con un Benítez que se puso el overol, un Carlos Vásquez que se hizo más fuerte en el medio campo. Y con los descalabros del técnico Prince que sacó a su mejor hombre de contención, John Álex Rodríguez, minutos antes de que Ricardo Siciliano se hiciera expulsar en forma irresponsable.

De ahí en adelante el Medellín cambió el panorama de juego y vino la anotación de Henry Vásquez que sacudió la tribuna, porque los seguidores rojos estallaron de alegría y los del Tolima en protesta por la forma como jugaba su equipo.

No fue un compromiso con demasiadas virtudes técnicas, pues fue más de fuerza. Tampoco de toque exquisito, porque el árbitro dejó imperar la rudeza. Ni siquiera fue un clásico, fue un partido común y corriente en el que ganó el equipo que tiene vergüenza deportiva, que siente amor por la camiseta, que tiene responsabilidad por sus seguidores y que anhela, de verdad, ser campeón.

Triste epílogo para el Tolima que perdió todas sus posibilidades como local, pero para los antioqueños fue el mejor premio a la verraquera que lleva implícita su raza.

   



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