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Foto Juan Antonio Sánchez

Desde que el Medellín se fundó en 1913, sus hinchas han desafiado a todo el mundo para demostrar su amor por el escudo y los colores rojo y azul. Las paredes de los edificios, el estadio y las casas de la ciudad han sido testigos de esa pasión.
Enfermedad que no tiene cura

Desde su origen en 1913, el Medellín ha sido una pasión para sus hinchas.
Entre sus fieles se encuentra el contralor Carlos Ossa Escobar.
Todavía existen muchos de los que gozaron con el título de 1957.

Por Jaime Herrera Correa
Medellín

Pasión, éxtasis, vida, alegría, tristeza, emoción y enfermedad, son adjetivos que están ligados con el Deportivo Independiente Medellín.

Los hinchas del Poderoso van más allá de la cotidianidad y por eso es normal encontrarse con historias y situaciones que significan admiración, grandeza, respeto y pensamiento.

A través de los años, precisamente desde 1913, se volvió costumbre escuchar que los seguidores escarlatas son una especie de carma, están acostumbrados al sufrimiento, son sinónimo de pueblo y se saben de memoria una frase: "este año sí".

Lo mejor de todo es que a ellos les importan poco esas caracterizaciones, porque saben que, como todo en la vida, entre los fieles rojos hay diversidad y calidad.

Aceptan que en cada jornada en el Estadio Atanasio Girardot se notan más las camisetas de los trabajadores de construcción, conductores, desempleados, mecánicos, cantantes callejeros, bulteadores y trabajadores informales. Sin embargo, dicen con mucho orgullo "también contamos con gente de la alta sociedad y grandes empresarios que manejan los destinos de la ciudad y el país".

Entre esos aficionados de alta alcurnia se pueden nombrar al contralor general de la Nación, Carlos Ossa Escobar; el alcalde de Medellín, Luis Pérez Gutiérrez; al alcalde de Bello, Rodrigo Villa; el directivo de Comfama y director del Grupo Suramérica, Carlos Mario Londoño; el gerente del Metro, Ramiro Márquez; el gerente de Empresas Varias, Ricardo Escobar Aguilar; el gerente del Idea, Eugenio Prieto; el secretario de Transporte y Tránsito de Medellín, Javier Ossa Montoya, el presidente de la Cámara de Antioquia, Carlos Mario Mejía Múnera y el columnista y politólogo Sergio Fajardo.

Seguramente que estos personajes no salen por las calles con las caras pintadas, ni van a la tribuna de Norte, pero al igual que los demás siempre han respaldado a la institución y están que no se cambian por nadie porque para ellos el Independiente Medellín es una "sentimiento difícil de describir".

Todo por amor
Algunos se quejan de la afición escarlata porque hay poca juventud. Pero desde 1999 para acá se ha notado todo lo contrario, ya que entre los integrantes de las barras aparecen muchos "pelaos" llenos de pasión.

O si no que lo digan los que han visto a la Rexixtenxia Norte en cada jornada y los que buscaban ayer una boleta por todo el estadio, como Andrés García (estudiante de 16 años), Alexánder Ramírez (taxista de 23 años) y Wbeimar Guisao Tabares (empleado de 25 años).

"Medellín es una enfermedad que no tiene cura, una pasión infinita y el éxtasis de nosotros. Por eso somos y seguiremos siendo rojos hasta el final de nuestras vidas así no pase a la final".

La incondicionalidad se ve con más fuerza en hinchas como Luis Ernesto Sánchez, a quien la dicha de celebrar el título en 1957 le ha servido para esperar con toda la calma la tercera estrella.

A sus 63 años, este jubilado de los Ferrocarriles Nacionales ha desafiado todas las adversidades para acompañar al Poderoso. Es más, en 1993 asistió al encuentro en el que Medellín fue campeón por cinco minutos, no le importó que su familia lo criticara porque se iba para fútbol aunque su madre acababa de fallecer.

"Mi hermano mayor me dijo que fuera al partido que él se encargaba de todas las vueltas del entierro. Apenas terminó el clásico frente a Nacional y la frustración del título pasajero, todos los integrantes de la barra me acompañaron y vestidos de rojo y con las caras pintadas del DIM le rendimos un tributo a mi mamá en la sala de velación de Villanueva", dice con orgullo.

Ahora sufre del corazón, pero eso no ha impedido que Luis Ernesto, acompañado de una de sus tres hijas y otros colegas rojos como Andrés García, Alexánder Ramírez y Wbeimar Guisao, se dispongan a vibrar esta noche con una nueva ilusión.

   



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