
Foto Jaime Pérez
Como pocas veces, niños, jóvenes, mujeres, hombres, ancianos, gordos, flacos, bajitos y altos coincidieron ayer en algo en Antioquia: el deseo ferviente de conseguir una boleta para acompañar al Medellín el domingo en la final frente a América, en el Atanasio Girardot.
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La odisea de los hinchas
Cerca de 500
aficionados hicieron fila desde el miércoles en la noche.
Ayer se agotaron las entradas de norte y sur. Sólo hay
oriental y preferencia.
Los únicos sitios autorizados para vender boletas son las
taquillas del estadio.
Por Jaime Herrera Correa
Medellín
Elvira Sánchez, una morena de 1.65 metros de estatura, algunas arrugas producidas por el trajín de la vida y la cara alegre, tiene la mente un poco enredada a la hora de hablar de fútbol, salvo cuando del Independiente Medellín se trata.
En una demostración de cariño y sentimiento, desafiando las bajas temperaturas de la noche del miércoles y la madrugada de ayer, Elvira trasnochó para conseguir una boleta. Armada de colchonetas y de cobijas improvisadas para hacerle frente al aguacero que acompañó el comienzo del jueves, esta fanática del DIM dijo con orgullo: "fui una de las 500 personas que amanecimos alrededor de la tribuna occidental del estadio para conseguir una de las 52.236 boletas que había disponibles para la final de mi Medallo con el América".
Aunque estaba acelerada porque hubo demora para abrir las taquillas y porque la gente que hacía fila en los expendios perdió cinco horas de cola por culpa de los directivos, Elvira no se cambiaba por nadie, porque su espera dio frutos, al fin pudo conseguir dos boletas que le vendieron. Y para certificar su validez, ella comprobó que dijeran: "Deportivo Independiente Medellín vs América, J. Velásquez -en homenaje al presidente del equipo-, dic 16/01, localidad Norte, precio $4.000, hora 3:30 p.m.".
"Con este papel estoy arreglada, porque el domingo madrugaré para el estadio a demostrar que estoy roja de la dicha, que muero por el sentimiento escarlata y que estoy a punto de alcanzar un gran sueño: dar la vuelta olímpica con mi Poderoso después de 44 años", remató la habitante del barrio Manrique la 45 bailando y confundiéndose entre las camisetas rojas que decoraban las interminables filas en el Atanasio Girardot.
El precio de la final
La odisea de Elvira para hacerse a la boleta que le servirá para presenciar el primer partido de la final del rentado, no fue única. Así como ella, la mayoría de los aficionados sufrió para conseguir el tiquete.
Daniel Valencia, un hombre joven, no amaneció en los alrededores del estadio, pero a las 5:00 de la mañana ya estaba en el expendio de La Mota haciendo fila. Con el infortunio de que a las 10:00 a.m. les dijeron que sólo se venderían boletas en el Atanasio.
"A uno le da piedra que haya tanto desorden y que a veces la policía abuse de su autoridad, pero el Medallo es una religión, algo que uno lleva muy adentro y con el regalo de Navidad que nos brindó, aguantaremos esto y muchas más cosas. Que se venga el América y el Boca Juniors si quiere, porque este año el DIM está para ganarle a cualquiera", dijo muerto de la risa y luciendo una camiseta roja más grande que él, mientras algunos compañeros de barra que iban detrás del mismo objetivo, lo aplaudían.
Los casos como el de Elvira y Daniel, son muchos y variados. Contar el calvario de los 26.118 hinchas que visitaron y visitarán hoy las taquillas (partiendo de la base de que apenas le venden dos a cada persona) es imposible.
Sin embargo, vale la pena hablar de Fabio Ospina, un albañil que hace 20 años espera la tercera estrella del Medellín y no le da pena decir que el Poderoso es como su segunda madre.
"El rojo me produce euforia, pasión, amor, alegría y un mar de cosas lindas. América es muy duro, pero de una cosa si estoy seguro: este es el siglo de mi Medellín". Y salió contento porque, además de la boleta para el domingo, ya tiene todo listo para viajar al partido de vuelta en el Pascual Guerrero.
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