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Foto Manuel Saldarriaga

Jorge Osorio Ciro, médico de cuerpos y almas. Un soporte para el técnico del Medellín, por sus conocimientos. En la gráfica atiende a Carlos Álvarez en un entrenamiento.
También hay héroes invisibles

Médicos, asistente, preparador físico, kinesiólogos y utileros, en la nómina.

Jorge Osorio Ciro, Álvaro Escobar y Oswaldo García, figuras a la sombra.

Cinco jugadores están en observación para el juego del domingo.

Por Wilson Díaz Sánchez
Medellín

Además del talento de Jorge Horacio Serna y del buen momento de sus compañeros, de los aciertos de Juan José Peláez en la dirección técnica y de los directivos en el direccionamiento del club, el DIM tiene otro equipo que golea en cada jornada.

Ese grupo de personas que poco figuran para los medios, pero que complementan el trabajo de equipo, lo integran el asistente Álvaro Polaco Escobar, el preparador físico Oswaldo García, los médicos Jorge Osorio Ciro y Nelson Rodríguez, los kinesiólogos Camilo Hernández y Carlos Rojas, los utileros Julio Hoyos y Carlos Arango, y el conductor Mario Henao.

Ellos, como los deportistas, también disfrutan de la campaña del Poderoso, que busca la corona tras 44 años de espera.

Sin duda, Oswaldo García, quien llegó del Medellín por recomendación de Peláez, después de ser despedido de Nacional, tiene mucho que ver con el rendimiento del equipo. Este joven profesional, con especialización en Argentina, mantiene contacto académico permanente con colegas del sur del continente. Trabajador incansable, estudioso, ordenado, serio y de bajo perfil. Así lo define el técnico Peláez.

El Polaco Escobar es una insignia del Medellín, como quiera que fue capitán del equipo a finales de los 70 y principios de los 80, cuando compartió con Víctor Ephanor, Rafael Villazán, Ricardo Eusse, José Zárate, Barnardo Aristizábal y Hugo Horacio Lóndero, entre otros.

Profesional y amigo
Uno de los que más ascendencia tiene dentro del grupo es el médico Jorge Alberto Osorio Ciro, pequeño en estatura pero grande en conocimientos. Es director del programa de Medicina Deportiva de la Universidad de Antioquia (creado hace once años) y pionero en el país.

Fue precisamente el Alma Máter la que le permitió incursionar en el fútbol, por intermedio de las prácticas profesionales de los alumnos del posgrado que laboran en las inferiores del DIM.

Para él, es importante tener claras sus funciones para no convertirse en un hincha más en el banco de suplentes y de esta manera evitar faltas a la ética profesional.

"Para nosotros el trabajo con el deporte es todo un goce. En contraposición con otras especializaciones de la medicina, aquí no se trabaja mucho con la muerte, lo hacemos más con la vida", anota.

Entre sus mayores aciertos se cuenta la recuperación de David Montoya, a quien muchos habían descartado para el fútbol. El jugador reconoce y agradece esa mano amiga que se asemeja a la relación de padre e hijo.

Los últimos días han sido de intenso trajín, de pocas horas de descanso, pero está feliz con la campaña del equipo. Su familia, que aprendió a convivir sin su presencia por los constantes viajes y concentraciones, lo respalda y se contagió de la fiebre por el Poderoso.

Casado hace 22 años, es padre de dos hijos, hombre y mujer, hinchas incondicionales del conjunto rojo, tanto que el varón no cambia un pase de Preferencia por su sitio tradicional en Popular Norte.

La buena salud de la que goza el conjunto de Peláez se debe a la planeación de este colectivo interdisciplinario, que en esta final trabaja sin descanso para tener al tope al finalista del torneo rentado.

   



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