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Los diablos felices preparan la caldera

La reventa de boletería causa protestas entre los hinchas.
El estadio Pascual Guerrero se abrirá a las 4:00 de la tarde.
Vendedores ambulantes hacen fuerza para que aumente la clientela.

Por
Wilson Díaz Sánchez
Cali


El sol broncea los cuerpos de los vendedores ambulantes caleños, que buscan mejorar sus ingresos decembrinos con la final del fútbol colombiano.

A pocas horas del partido definitivo entre América y Medellín, el movimiento de clientes no es el mejor. Rostros adustos denotan cansancio, mientras expresan la esperanza de que “las ventas van a mejorar”.

Uno que otro transeúnte observa las camisetas rojas que se exhiben, pero después de indagar los precios dan vuelta y se van... Un carro detiene su marcha, mide en el capó una bandera larga que lleva el símbolo americano, pero el conductor no llena sus expectativas, prende el motor y abandona el lugar.

“Esto está muy flojo. En 20 años que llevo en este oficio, es una de las temporadas más malas para las ventas”, comentó doña Doris Viáfara, mientras organizaba su puesto de trabajo en el Parque de las Banderas, aledaño al Pascual Guerrero.

José Roberto Vivas, quien hace 15 días montó su negocio de banderas y camisetas, por recomendación de un familiar, coincidió con su vecina.

Aventura tolimense
“Parce, una moneda para completar la entrada... Venimos desde muy lejos y tenemos que completar la comida”. El vocero es Diego Martínez, uno de los siete muchachos del Espinal, Tolima, que emprendieron la aventura de acompañar al América desde hace ocho días, cuando se fueron hasta Manizales a ofrecerle el respaldo al equipo rojo.

Luego pasaron a Medellín y ayer en la madrugada “aterrizaron” en Cali con la única idea de “apoyar a la mechita”, como llaman al América.

De sus morrales sacan los camisetas sucias de color escarlata, para empezar a vivir la fiesta del fútbol. Su barra, Escorpión Rojo, ya es famosa entre la fanaticada vallecaucana por su constante presencia en el estadio caleño.

Los que sonríen son los revendedores, que con cautela reciben a los clientes. Boletas para el segundo piso de occidental, cuyo precio oficial es de $10.000, se venden a $60.000. Y sur pasó de $3.000 a $25.000.

Juan Carlos Ocampo no aguantó su descontento y expresó que “es un descaro. Los directivos entregaron todo el papel a los expendedores que hacen su negocio, y nos dejaron por fuera, a pesar de que no le fallamos al equipo en todo el año”.

El mismo día que se abrieron las taquilla se agotaron las 44.000 boletas, capacidad del Pascual. La verdad es que las relaciones entre hinchas y directivos no es la mejor, pues éstos últimos tildan a la afición americana como “novelera”, porque sólo asiste a las finales.

Los hinchas del Cali, mientras tanto, se inclinan por el Medellín, en tanto que los taxistas ajenos al fútbol, sólo ruegan porque gane el visitante, pues las celebraciones de la hinchada del América no les trae buenos recuerdos y los obliga a guardar los carros temprano.

“La Sexta se vuelve una locura. Dañan los carros, sin tener en cuenta que estamos trabajando. La otra vez tuve el infortunio de recoger a Álex Viveros cuando jugaba en el Cali, y sin no es por las maniobras que hice, lo hubieran matado. El jugador me dijo que nos voláramos como pudiera, que después me reconocía los daños. Y hasta el sol de hoy nunca apareció para cancelarme el millón y medio de pesos que costó el arreglo”, narró William Vallejo, taxista de oficio.

Las horas previas el clásico entre antioqueños y vallecaucanos se acerca en medio de una afición dividida. En la tarde la temperatura desciende, mientras los diablos rojos preparan su caldera para recibir al Poderoso.

   



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