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Cortesía Corporación
El Gran Llanerazo | A las cuatro de la mañana empieza
la jornada en el Llano, donde el reto diario es domar la naturaleza
y ponerla al servicio del ser humano.
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| Otoniel financia el reality con la venta de videos. |
Cultura | Institución Ejemplar
El llanero cultiva y goza sus faenas
El
mejor se busca desde hace tres años por medio de un reality.
Por
Javier
Arboleda García
Enviado especial Yopal, Casanare
En el inmenso llano, irisado en las mañanas por tonalidades
de rojo, amarillo y verde, donde el sol es apenas un punto que divide
el horizonte y el bramido de un toro salvaje un leve suspiro, se
busca hace tres años, al hombre ideal.
El verdadero llanero, venezolano o colombiano, dista del machista
fuerte y imponente, que sobresale por su fuerza muscular y una voz
aguda.
El verdadero llanero es un hombre recio, noble, capaz de dominar
la naturaleza y ponerla a su servicio; un hombre que canta fuerte,
que toma agua en casco de vaca y que sala la carne para que perdure
en las amarras de su caballo durante las extensas jornadas de trabajo.
El verdadero llanero es el que doma, marca, cuenta, arrea y defiende
el ganado de sus predadores.
Es aquel que entroniza una cultura basada en la palabra; es decir,
es un hombre al que poco le importa que entre o no la señal
del celular, que se caiga el internet o que se interrumpa la transmisión
de un partido.
Puede que no sepa cómo enviar un mensaje de texto, pero
pocos le ganan domando un potro salvaje. Puede que se "embale"
sacando dinero de un cajero electrónico, pero nadie se le
mide cuando pasa un río con su caballo al lado. Es posible
que nunca haya chateado, pero tampoco le importa, porque descuartiza
una vaca en 20 minutos y colea cualquier animal, por brioso que
sea.
Ese llanero es hoy un ídolo para las nuevas generaciones,
gracias a la Corporación El Gran Llanerazo, entidad que desde
2003 busca en Colombia o Venezuela a ese hombre ideal, a ese colombiano
ejemplar.
El Gran Llanerazo fue idea de Otoniel Castañeda Barrera,
un llanero de 35 años, que prefiere el sombrero a los zapatos,
nacido en Aguazul, pero criado en Hato Corozal (Casanare) que ha
pisado con sus pies descalzos los suelos fríos de Alemania,
Francia y España en busca de apoyo para preservar la cultura
llanera por medio de un reality que ya es famoso en América
y Europa.
Otoniel sólo tiene un problema: conseguir los recursos que
garanticen la realización del concurso que, para la versión
2006, ascendieron a 400 millones de pesos. "Empezamos las eliminatorias
en marzo". Y durante seis meses recorre hatos ganaderos de
Colombia y Venezuela.
El gran llanerazo es aquel que demuestre más capacidad,
inteligencia y cuente con suerte a la hora de pasar las diferentes
pruebas, "todas relacionadas con las faenas, con la cultura
y con la tradición", dice Otoniel, a quien una vez en
Venezuela le impidieron la entrada a un evento porque andaba descalzo.
"Tuvo que intervenir el alcalde y decirle al vigilante que
era el organizador de la fiesta", dice con mofa, pero con la
inteligencia que le permite entender que son sucesos previsibles,
"sin importancia, porque el calzado no hace al hombre sino
su capacidad de influir y de servir a los demás".
El vigilante ignoraba que los pies descalzos de Otoniel son más
famosos en el llano que los de Shakira. De cada eliminatoria se
escogen los 40 mejores llaneros, que luego se eliminan por municipios,
de modo que a la final, que comienza en julio y demora entre 35
o 40 días, lleguen entre 50 y 60 personas.
"Como coincide con la época de los trabajos duros,
los concursantes se van depurando hasta que quedan 15", con
quienes se hacen ocho rondas en espectáculos públicos
"que llenan el coliseo de Yopal".
Así, El Gran Llanerazo recorre los departamentos de Arauca,
Meta, Vichada y Casanare y se mete a los estados venezolanos que
comparten la misma cultura, para llegar a Yopal con el rescate de
una tradición que empieza a inmortalizarse entre jóvenes
llaneros y por medio de un video del certamen anterior, que Otoniel
vende a 30 mil pesos, para garantizar la realización de la
próxima competencia (elgranllanerazo@yahoo.es).
El reality carece de patrocinio, hecho que dificulta la labor de
su gestor, pero que le permite mantener independencia frente a intereses
políticos, económicos o sociales, "pues nuestro
objetivo es inmortalizar al hombre más auténtico y
recio del Llano, pero recio entendido como aquel que se enfrenta
a la naturaleza y es capaz de dominarla".
"El Gran Llanerazo se tomó como una aventura y se convirtió
en un sueño", explica el médico veterinario Camilo
Cortés González, un líder social de Yopal,
quien ve en la obra de Otoniel una esperanza para la región.
Jesús El Tigrito Quintero, un reconocido cantante de música
llanera, nacido en Pedraza, municipio del estado venezolano de Barinas,
admira esa labor, tanto que le hizo un verso para su última
versión.
"El canto ha hecho grande al llano venezolano, pero la cultura
llanera es más rica en Colombia", dice para hacer énfasis
en que la extensión de ese hombre, estampada en el lomo de
un cebú, se hace más grande cuando la naturaleza abdica
ante la inteligencia.
Hoy, El Gran Llanerazo recibe EL COLOMBIANO Ejemplar, mientras
que en la región decenas de hombres esperan los 400 millones
de pesos para el próximo reality, el más visto por
fuera de la pantalla chica. |