Alonso Salazar celebró el
triunfo con llanto de alegría
Alcalde
electo busca que empalme no traumatice la ciudad.
Ciudadanos
votaron masivamente: se redujo la abstención.
Elección
de Alcalde de Medellín volvió a ser histórica:
272.931 votos.
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| Hernán
Vanegas | A las 6:27 de la tarde, Alonso Salazar llegó
a su sede de campaña en Prado y se proclamó
como ganador del primer cargo de la ciudad. Entre lágrimas,
dedicó el triunfo a su familia y prometió una
Alcaldía con énfasis social. |
Por
Catalina Montoya Piedrahíta
La tranquilidad del día anterior,
que cerró en el centro comercial Los Molinos con una cazuela
de frijoles y limonada de coco al lado de sus más cercanos
asesores de campaña; la frescura de la mañana de
ayer que, después de haber dormido como "un lirón",
inauguró con una taza grande de café que le tuvo
que dar su esposa para espantarle el sueño, se quebraron
a las 6:27 minutos de la tarde, cuando la Registraduría
reportaba más del 80 por ciento de las urnas escrutadas
y él como alcalde electo de Medellín.
A esa hora, Alonso Salazar llegó a
su sede de campaña en el barrio Prado y lloró. Lo
conmovieron la multitud apretujada para darle abrazos, la cercanía
de su esposa Marta Liliana y de su hija María, y la presencia
de su papá y su mamá, a quienes dedicó el
triunfo.
Alonso Salazar, que se erigió candidato
y ahora es Alcalde para continuar el proyecto político
que se desató con Sergio Fajardo Valderrama, superó
en votos a su antecesor y, entonces, esta jornada electoral también
adquirió el calificativo de "histórica".
Con el ciento por ciento de mesas escrutadas,
Salazar contaba 272.931 votos; alrededor de 70.000 más
que Fajardo cuando fue elegido Alcalde.
La cifra lo sitúa como el mandatario
popular elegido en Medellín con más caudal electoral.
Sin precedentes, también, fue la afluencia de ciudadanos
a las urnas. La abstención, que siempre había superado
el 50 por ciento, bajó esta vez al 48 por ciento.
La calle auguró el triunfo
Después de que votó en la Villa de Aburrá,
Luis Carlos Salazar, el papá de Alonso, no se despegó
de las noticias hasta que pudo declarar sin temores su alegría.
Estaba orgulloso, y Salazar de él,
y de su mamá, "un par de campesinos caldenses que
no terminaron la primaria", pero que sacaron adelante la
familia y ahora tienen hijo alcalde.
Los que caminaron con él por los puestos
de votación se aventuraron a predecir lo que sucedería
en la noche. Salazar votó en el Cefa, en la mesa 61, después
del tocayo Alonso Rivillas. Y a la salida muchos le mostraron
el dedo entintado: "yo voté por usted".
Énfasis social
"El poder no se hereda, no estamos en una monarquía.
El que quiere ser gobernante tiene que darse la pela de recorrer
la ciudad centímetro a centímetro, de hablar con
el más humilde y con el más rico", dijo Salazar
sin desprenderse del mismo bastón de mando que le entregó
a Fajardo la Alianza Social Indígena, partido al que llamó
"sello de fundación" del proyecto político.
En su discurso, Salazar renovó el
compromiso con lo social: en tarifas de servicios públicos,
en vivienda, en atención a la pobreza. "El poder no
tiene sentido si no es usado para servirle a la gente".
En el uso del poder, con transparencia, principios,
palabras limpias, sin comprar a nadie, admitió Salazar
que se parece a Fajardo. Pero anunció una Administración
nueva, cuyo plan de desarrollo comienza a gestarse hoy.
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