Del
voto de opinión a la construcción de partido
Pérez también acaparó votos de opinión
pero en un menor porcentaje.
Tal es
la clave de la sostenibilidad de su estilo político, dicen
analistas.
Proyecto
de Fajardo y Salazar debe trascender y formar bases.
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| El voto de opinión es aquel que depositan
en las urnas, de manera independiente, los ciudadanos con
cierto nivel de información. |
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| Robinson Sáenz | El llamado voto
de opinión favoreció a Alonso Salazar. Sin embargo,
analistas aseguran que darle sostenibilidad a un proyecto
político implica trascender y construir bases sociales. |
Por
Catalina Montoya Piedrahíta
Suena a estribillo: Alonso Salazar ganó
las elecciones en Medellín gracias al voto de opinión,
ese que simpatiza con una manera de hacer política que
no entiende al Estado como una torta para la repartición.
El problema que se viene ahora es otro: cómo
garantizar la sostenibilidad en el futuro de un proyecto político
que la ciudadanía acogió por segunda vez, todavía
con unas motivaciones muy atadas a la figura de Sergio Fajardo
Valderrama.
Hace cuatro años se dijo: Fajardo
movilizó la opinión ciudadana en contra de las viejas
estructuras políticas y la votación a su favor fue
histórica. Ayer se dijo: Salazar atrajo para sí
el voto de opinión a favor de la continuidad de unas políticas
y en contra de las maquinarias y, también, el caudal a
su favor no tuvo precedentes.
¿Electores cautivos?
Pero, ¿qué es y dónde está el llamado
'voto de opinión'? Y, sobre todo, ¿cómo se
mantiene cautivo?
Definirlo pasa por enumerar sus opuestos: por ejemplo, no es aquel
amarrado, es decir, sujeto a dádivas, presiones, ofertas
o expectativas mediatas como contratos, puestos o ayudas, explica
el profesor de la U. de A., Tulio Elí Chinchilla. "Es
lo contrario al voto condicionado, es un voto independiente".
Pero se comporta como una masa informe que
se mueve al vaivén de las tendencias. Funciona, dice Jorge
Iván Bonilla, profesor de Eafit, con la lógica del
apostador de carreras de caballos o del televidente de telenovelas
y no con la del hincha de fútbol: si el caballo no rinde,
le apuesta a otro o, si el melodrama se vuelve soso, cambia el
canal o apaga el televisor. Ese tipo de votante castiga, no se
constituye en estructura política material y, sobre todo,
se moviliza en torno a dicotomías: "salvación
o catástrofe, corrupción o transparencia, pasado
o futuro".
Entonces, esta vez, a Salazar le ayudó
la imagen de Fajardo, así como la promesa de la continuidad,
pero también, y tal vez más, el tipo de rival que
tuvo: Luis Pérez. Fue así como se configuró
la polaridad necesaria para obtener el triunfo.
Alonso Salazar sabe que tendrá que
atesorar el activo de la confianza, pero también debe entender
que cada vez más la ciudadanía de Medellín
reclamará en sus gobernantes honestidad y transparencia
como atributos mínimos vitales para entrar en el ruedo
político, así como pasó en Bogotá,
con una cultura política que comenzó a gestarse
desde Jaime Castro.
Así que no se sabe si en cuatro años
será igualmente eficaz el discurso de la ética pública,
entre una baraja de contrincantes que posiblemente también
cumplan requisitos de probidad.
Por eso los retos que se imponen para frenar
la incertidumbre de las corrientes de opinión en las urnas
son, en primer lugar, consolidar el modelo de gestión de
ciudad de tal modo que supere en fuerza a la figura de Fajardo;
en segundo lugar, argumenta Chinchilla, lograr que tal proyecto
trascienda al escenario nacional, como un movimiento de arrastre
político similar, por ejemplo, al de Luis Carlos Galán
en su momento.
Y, en tercer lugar, construir bases sociales,
liderazgos, en últimas, estructura de Partido. Eso sí,
conservando un talante moderno de hacer política, ese que
se diferencia de las clientelas mediante la construcción
de ideologías o formas diferenciadas de entender los problemas
y de buscarles solución, según lo entiende Bonilla.
Así que el Fajardo Saliente, el Salazar
entrante y todos aquellos que integran el movimiento Compromiso
Ciudadano o la Alianza Social Indígena tienen que pensar
desde hoy en empalme administrativo y labores de gobierno pero,
sobre todo, seguir pensando en política.
¿Patrimonio exclusivo de Alonso Salazar?
¿De quién fue el voto de opinión? De Alonso
Salazar, pero no exclusivamente suyo. De acuerdo con Luciano Sanín,
director de la Escuela Nacional Sindical, el Alcalde electo se
enfrentará a unas condiciones políticas que, a diferencia
de hace cuatro años ya no son tan contundentes. Hoy la
diferencia con el segundo no es del doble como otrora sino de
más o menos 33.000 votos. Y tal fenómeno es síntoma
de dos cosas: la primera que en Antioquia las estructuras tradicionales
de la política están lejos de la desaparición
y que la votación de Pérez, afirma Tulio Elí
Chinchilla, no puede atribuirse únicamente a la maquinaria,
sino también a un porcentaje de ciudadanos que depositaron
votos de opinión como manifestación de descontento
frente a la Administración de Fajardo.
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