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EL COLOMBIANO | Víctor Aristizábal, el máximo artillero de la actual Selección Colombia y de su club, el Cruzeiro de Brasil.

Aristi, El “loco” del gol

A los 17 años “Aristigol” debuta en el fútbol profesional.

Víctor Hugo, el tercero de tres hermanos: Carlos Alberto, Angelina y Sandra Milena.

El nueve de diciembre de 1971, el día que Medellín vio nacer a Aristizábal.

Europa. España. “Sí, claro que sí. Fue siempre mi aspiración. Es un desafío grande”. Y Aristi dejó una estela de esperanza tras su partida. Se instaló en el Valencia, el club que tuvo en sus filas al argentino Mario Alberto Kempes, después convertido en el máximo artillero del Mundial del 78.

Su jugada de “escorpión” frente a Chile, un gol de esos raros que acostumbra hacer, más otros de su inventiva, lo encumbraron al exclusivo clan de los exportables.

Víctor Hugo Aristizábal no fue la excepción. A los suramericanos (eso le pasó al propio “Mataor” Kempes) les cuesta bastante aclimatarse y ambientarse en el fútbol europeo, tan distinto en sus características y organización al de nuestro continente.

Casi no le dejan aterrizar. Con un par de entrenamientos, sin conocer a sus “compañeros”, fue directamente a la caldera del Santiago Bernabeu de Madrid. Todas las ansias del debut metidos en cada movimiento ofensivo.

Presionado porque fue a prueba (nueve partidos), con la obligación de hacer los goles, en un esquema que no le favoreció por cuanto lo ubicaron como delantero en punta y sin acompañamiento ideal, atrapó siempre en una telaraña de zagueros adversarios.

El libreto de Aristi, sin embargo, contiene variados argumentos como para que su mercado europeo no sea únicamente Valencia: aplicando tácticamente, potencia en su arranque, a veces armador, nunca baja los brazos, no le teme a las marcas intimidatorias.

Lejos por la distancia, renovada ilusión de todos sus compatriotas del balón para que donde esté siempre le vaya bien a Aristi, un antioqueño de 32 años de edad que conoce muchas cosas duras de la vida, como la de perder a su padre siendo niño, algo mucho peor que la sequía goleadora.

La violencia le arrebató a su padre, don Leonel, que con venta de chance sostenía la casa. Por ese motivo no hubo más presupuesto para que Aristi siguiera estudiando. Escasamente, estudió hasta tercero de bachillerato en el Liceo Octavio Harry. Entonces, se le midió a ser voceador de prensa, a gritar cada mañana “Colombiano, Colombiano”, siempre alejado de su natal barrio Belén Rincón porque le daba un poco de pena con sus amigos.

Sin embargo, tenía que ser futbolista, goleador para más señas. Mostró su casta desde el primer amistoso en la Liga al servicio del equipo Asesorías Hernándo Díaz. Esa tarde fue el más ambicioso. Todo lo que quería hacer. Marcó cinco tantos. Recuerda que sus preferencias infantiles se inclinaban por el Deportivo Independiente Medellín.

Las selecciones
Aparece muy claro en su relato el año 86 porque se enfundó en la camiseta de Antioquia. La primera vuelta olímpica en un Nacional Prejuvenil realizado en Ibagué.

La gente de Rionegro lo vio una vez marcando dos goles, sirviendo uno y orientando en la cancha a sus compañeros, como mayorsito de la selección. Por algo llevaba el brazalete de capitán que le había entregado su técnico Carlos “Piscis” Restrepo.

Fueron ocho selecciones de Antioquia. Allí se promocionó bastante como para que el técnico de Colombia, Juan José Peláez, lo tuviera en cuenta para un Suramericano de Venezuela. Después un Preolímpico, los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Copa América de Ecuador 93 y Colombia 2001, Copa Confederaciones de Francia 2003, las eliminatorias para Estados Unidos 94 y Francia 98.

El hijo
Entendió que el balón era una alternativa para salir adelante en lo económico, para ayudarle a su madre y sus hermanos. No se arrepiente de más de una escapada de clase en la Escuela Guatemala para irse a jugar. La vida hoy, gracias al fútbol, lo está recompensando porque siempre ha sido un inmejorable hijo.

Empezando su carrera fue volante ofensivo. Después atacante neto. Siempre le gustó el arco contrario y ha sabido explotar sus virtudes en el juego aéreo. La primera anotación profesional se la convirtió a Lisandro Bello del Sporting en el año 90.

Aristizábal vivió uno de los mejores momentos jugando al lado de Faustino Asprilla, en el rentado del 91. Nacional fue campeón, él marcó 15 tantos, se ganó un puesto en la selección sub 23 de Colombia (la de los Olímpicos). Conformó con “El Tino” una dupla goleadora perfecta.

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