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| Credito
| La imponencia y la seriedada de Oscar Eduardo Córdoba
es la carta importante del Seleccionador Francisco Maturana. |
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Oscar Córdoba, seriedad entre
los palos
Oscar, el mayor de tres hermanos: Mauricio y Claudia
Hijo de Nidia
Arce y Andrés Córdoba
Cordoba,
serio, maduro, arquero para largo rato.
En el fútbol de hoy, ese último hombre (el líbero)
está recargado de responsabilidades. Es el que no puede fallar.
Y en el esquema estructurado por Colombia, un poco a imagen y semejanza
de Higuita, el arquero asume ese rol comprometedor.
El titular del arco nacional enfrenta problemas con la justicia,
entonces había que buscar un sustituto para ese fenómeno
llamado Higuita, que conociera la función de líbero,
que inspirara confianza porque el fútbol, en buena parte,
es contagio.
En ese deambular (Nacional, Cali, Quindío, Millonarios,
Once Caldas, América) aprendió muchos secretos del
arco. Simultáneamente rondaba la posibilidad de llegar directo,
sin escalas, a la selección mayor.
Esa nueva motivación, la estabilidad en el hogar, la incorporación
de un entrenador de arqueros (Pedro Zape) que fue su ídolo
de pelado, los errores que se van corrigiendo especialmente en materia
de concentración total los 90 minutos de cada encuentro.
Le va bien en la Copa América de Ecuador 93 y en la eliminatoria
mundialista, su consagración en el Munumental de Buenos Aires,
la consolidación en la gira por Arabia y Europa. La justicia
está premiando su seriedad en los entrenamientos, su dedicación.
“Siempre traté de ser una persona muy seria, desde
niño. Se me criticó esa actitud porque decían
que quería madurar antes de tiempo. Estudié en Santa
Clara, en los Cámbulos, San Luis Gonzaga y en el Berchmans.
Nunca tuve problemas a nivel familiar ni en lo económico.
Mi ídolo era Pedro Zape”
Aparece, también, en comerciales y firma autógrafos
asedido por las fans. Ignora que es figura, acepta que apenas empieza
a ser reconocido.
Lo cierto es que la fama lo está acechando. Las ovaciones
han ido creciendo. La calidad de sus intervenciones, la calidad
para salir a recortar los centros, la notable reacción de
sus reflejos y la personalidad para trabajar en el área le
tienen un puesto asegurado como titular.
El arco de Colombia con Oscar Córdoba está muy bien
defendido, es un candado muy seguro. Hay arquero para rato. Eso
entusiasma y tranquiliza.
Por la estatura
Desde muy niño tuvo la opción de salir al exterior.
Registrado para una Copa Mac Donald´s en Tampa perdió
su viaje porque no lo dejaron tapar alegando que estaba “pasado
de edad” y todo por su gran estatura.
Su padre, un empleado de Propal, lo fichó para la escuela
de Carlos Sarmiento Lora en 1984, no sin antes probar en otros deportes
como baloncesto, voleibol y en béisbol con asistencia comprobada
a dos campeonatos nacionales de la categoría infantil como
primera base del Valle (en Santa Marta y Cali).
El paso por selecciones del Valle en las categorías prejuvenil
y juvenil, las primeras satisfacciones nacionales, la convocatoria
que no se hace esperar para un Suramericano Prejuvenil (sub-16)
en Argentina 85.
Esa opción a la Escuela de Carlos Sarmiento Lora fue una
negociada hace diez años en dos millones para la cuenta de
Oscar Córdoba. En el 86 lo llamaron de la Escuela Colombia-86
y se presentó un conflicto de muchos meses porque el Deportivo
Cali entró a pelear por la primera opción de traspaso.
Con profesionales
En ese 86, se quedó para el fútbol por mediación
del técnico Pedro Nel Ospina. Y empieza una carrera de altibajos.
Con litigio de por medio, se va para Atlético Nacional. Tenía
adelante suyo a un fenómeno del arco (Higuita).
Siente nostalgia de casa, pero aquí se deja flechar por
Mónica María Arteaga, estudiante de San Juan Bosco.
Todo empezó en la casa de una amiga (Adriana Duque). El encuentro
ocurrió antes de un suramericano. Esa amistad fue tomando
cuerpo y corazón. Se “cuadraron” el 22 de junio
de 1990 y se casaron nueve mese después.
Posteriormente regresa a su casa natal Cali con la intención
de jugar para la escuadra azucarera. Pero no es profeta en su tierra,
es menospreciado por dos técnicos (Popovic y Jorge Luis Pinto)
porque “era muy joven para tanta responsabilidad”.
Entonces empieza a peregrinar. Va al Quindío, se trabaja
el sistema zonal (arquero con funciones de líbero) de Álvaro
de Jesús Gómez. Dos años en Millonarios con
altos y bajos y una goleada en un clásico capitalino (7-3)
que no olvidará.
Oscar Cordoba rescata parte de una imagen que se estaba diluyendo
gracias a la oportunidad que le brinda el Once Caldas por un semestre
con la dirección técnica de Carlos “Piscis”
Restrepo, otro enamorado de la zona, a lo que juega Colombia.
Arquero en alza que inmediatamente cae en las garras del América.
Se le abren obviamente las puertas de la selección, trabaja
con mayor constancia y se gana una plaza como titular para Estados
Unidos 94.
Parece ignorar que ya es figura. Reconociendo en la calle, con
la imagen sexy para muchas chicas. Ha ganado en madurez. Antes saltaba
al terreno de juego para divertirse. Hoy lo hace como un trabajo.
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