Detrás de la algarabía, las consignas y de las alabanzas
a Antioquia había un deseo implícito en cada uno
de los espectadores, apostados bajo el sol, encima de los árboles
o curioseando desde los balcones.
En las calles de Medellín, disfrazadas de fiesta, la gente
pidió por la paz. El anhelo lo emancipó la silleta
que finalizó el desfile con la frase ¡Oh! Libertad,
escrita con flores, que pedía el regreso de todos los secuestrados,
entre ellos el gobernador Guillermo Gaviria Correa y su asesor
de paz, Gilberto Echeverri Mejía.
Qué cara puso el público
Boquiabiertos, personalidades y espectadores vieron pasar carrozas
y silleteros. Desde las 7:00 de la mañana Amparo Piedrahíta
cogió puesto en primera fila en una acera sobre la Avenida
Oriental, no se quería perder ni un detalle del Desfile.
"Traigo a mis niños desde que están de brazos".
Ellos esperan lelos la llegada de las carrozas con las reinas
y se quedan sin palabras, sólo hablan para compadecer a
los silleteros más viejos y "sus cachetes rojos",
que además de cargar con los años lo hacen también
con la silleta. La que menos pesa no baja de 60 kilos. Lo que
a esta familia más le llama la atención es el empuje
de la gente para mostrar esta alegría.
En esto coincidieron con el embajador de Colombia en Estados
Unidos, Luis Alberto Moreno, quien asistió por primera
vez, acompañado de su familia y una comisión de
venezolanos. Todos admiraron la tenacidad de los participantes.
Los que madrugaron no se movieron para que no les quitarán
el puesto, estaban decididos a permanecer allí. "Hasta
que los carros pasen echándonos".