A las 11:20 a.m. arrancó el desfile de silleteros con el
himno de Antioquia. Oh libertad
fue el deseo del público, que se comportó respetuoso.
Los ganadores
de las categorías encabezaron la marcha. El balance
que dieron autoridades y organismos de socorro fue positivo.
"Échela pues: uno, dos ¡tres! Lárguela
que es mía". Como una cruz, pero de orgullo, Rodrigo
de Jesús levanta su silleta y emprende el camino. La tortura
del peso y del sudor que se mete en los ojos la redime una piel
que se eriza, a pesar del calor, por el tapete de gente que lo
conduce, por unas cuantas horas, a la cima de la gloria.
Primera estación: El silletero es coronado de flores.
Amontonadas las silletas sobre una Avenida Oriental vacía,
un equipo de mujeres pertenecientes al Club de Jardinería
de Antioquia procedió a evaluar. Las finalistas, diez en
cada categoría se apartaron del resto, estaban preparadas
para el juicio. Después de la sentencia, se produjo la
elección y los cinco primeros puestos tuvieron el honor
de encabezar el desfile. A las 11:20 de la mañana Rodrigo
de Jesús, el primer silletero, doblegado ante la imponencia
de sus flores, da los primeros pasos y se lanza sobre un sendero
de ovación. El cargador sobre la cabeza le vuelve a templar
los tendones de la garganta, ya los tenía erguidos al entonar
el himno.
Segunda estación
El campesino descarga la silleta para descansar. Antes de la avenida
San Juan, frente al parque de San Antonio, Rodrigo, esposo de
Edelmira Grisales, la ganadora absoluta del certamen, se detiene
y pone la silleta de 80 kilos y 85 variedades de flores en el
piso. Una pausa para alentar el recorrido y echarse agua en la
cabeza: "Uy, es que está muy pesada".
Tercera estación
El silletero es alentado por los espectadores: "¡vuelta,
vuelta, vamos paisita!". Y las flores giran 360 grados para
que la multitud las observe, las consienta. Las palabras son fuerza
para el artesano que saluda con una mano al público. Recibe
piropos. "Estoy muy contento de que a la gente le guste".
Abre los brazos y sonríe, entonces le ofrecen lo que tienen
para darle: agua, "guaro" y vivas.
Cuarta estación
El silletero llega al final del recorrido. A medida que se acerca,
el espacio de sombra entre él y su silleta se puebla de
cirineos que hacen contrapeso y alivian la carga. Ya la cabeza
le tiembla pero no se cansa de repetir que el agotamiento no importa
y que todo es por la libertad de Antioquia, "hay que pedirle
a mi Dios".
No puede negar que aligera el paso, no sólo porque atraviesa
La Alpujarra y el público está lleno de personalidades,
sino porque la hora de descargar está cerca. ¿Duele
la cintura? Sí, un poquito pero mañana se puede
descansar. Para Rodrigo, como para el resto de silleteros, el
desfile es un viacrucis que se sufre y se prepara, pero recorrerlo
y llegar, es como andar un camino de rosas.
Servicio y utilidad "Fue muy difícil escoger":
jurado
Ganador absoluto: Edelmira
Grisales Zapata, vereda el placer.
Silletas tradicionales:
Primer puesto: Edelmira
Grisales Zapata.
Segundo puesto: Luz Dary
Zapata, vereda el placer
Tercer puesto : John
Jairo Hincapié, Vereda San Ignacio
Cuarto puesto: Luis Aníbal
Grajales, vereda Piedra Gorda
Silletas Monumentales:
Primer puesto: Carlos
Alberto Zapata vereda El Placer.
Segundo Puesto: Luis
Gonzalo Zapata, vereda El Placer
Tercer Puesto: Gabriel
Jaime Atehortúa, vereda Barro Blanco
Cuarto Puesto: Orlando
Grajales, vereda El Placer
Silletas Emblemáticas:
Primer Puesto: José
Omar García, Piedra Gorda
Segundo Puesto: Nelly
Alexandra Grajales, V. Piedra Gorda
Tercer Puesto: Carlos
Alberto Londoño, vereda El Placer
Infantiles: María
Teresa García, 13 años. Vereda Piedra Gorda.