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Feria a 10 mil metros de altura
En el vuelo más alegre del año, "medio Miami"
se vino a celebrar.
Se
revivió la parábola del hijo pródigo, pero
en versión de rumba.
Las
sacudidas del avión no fueron por turbulencia, sino por
la celebración.
Por
Ber-Buri
Medellín
Necesariamente tuvo que provocar conmoción en Medellín,
el sábado casi de noche, el inesperado sobrevuelo de un
gigantesco airbus blanco, el que lleva la firma del maestro Fernando
Botero en uno de sus costados.
Claro, por la hora (6:25 de la tarde) y el tamaño de la
aeronave, cualquier desprevenido pensaría, horrorizado,
que se trataba de un avión en emergencia tratando de aterrizar
en el Olaya Herrera. Tamaño malentendido. Ese misterioso
sobrevuelo, que para nadie debió pasar inadvertido, se
trataba del vuelo de las flores de Alianza Summa, con 150 pasajeros
a bordo provenientes de Miami que regresaban a la ciudad a disfrutar
la Feria de las Flores, repitiéndose así la parábola
del hijo pródigo pero en versión de rumba.
Esa fue la sorpresa, a manera de regalo de despedida, que guardaba
celosamente el capitán Luis Alberto Ossa y que tuvo la
inmediata respuesta de un coro de 150 pasajeros cantando a todo
pulmón el "Oh libertad que perfumas las montañas
de mi tierra", emocionados con el regreso a casa. Algunos
no pudieron contener las lágrimas.
Por sus características, el vuelo de las flores es único
en la aviación comercial de Colombia. Fue instaurado en
1990, durante la alcaldía de Ómar Flórez,
en llave con Avianca y después con Sam y Aces, para facilitar
el retorno de familias paisas residentes en E.U., particularmente
en Miami y Nueva York, con ocasión de las festividades
de agosto.
Entre copa y copa
Antes de abordar el avión, en la sala de embarque del aeropuerto
de Miami, era un vuelo común y corriente, incluso más
frío que de costumbre. Por su seriedad, los viajeros más
bien parecían ejecutivos de una empresa alemana. Al ingresar
a la aeronave, cada pasajero recibió un poncho y una bandera
de Colombia. Pero fue el primero de la tarde, el esperado trago
de aguardiente, el energizante, como el dopaje del deportista,
suficiente para que se produjera la metamorfosis de la sobriedad
al alborozo.
El solo nombre de Colombia, Feria de las Flores y los primeros
vivas a Antioquia y a Medellín rompieron el hielo y los
pasajeros se despojaron de su seriedad, para dar rienda suelta
a la fiesta colectiva. Como paisas que se respeten en cualquier
parte, los vestidos de poncho, sombrero y carriel empezaron a
hablar duro y golpeado. Entre copa y copa se prendió la
fiesta y la celebración de la Feria de las Flores a 10.000
metros de altura, en el interior de un avión de Summa que
cumplía el vuelo 503 entre las ciudades de Miami y Medellín.
De pronto, el avión empezó a sacudirse, no por la
turbulencia propia del vuelo, sino porque "150 alebrestados
montañeros de Miami" (como alguien se autodefinió)
se dedicaron a bailar, cantar, gritar, trovar, aplaudir y celebrar.
El sonido interno quedó en manos de los pasajeros, convertidos
en maestros de ceremonia para que todos se contagiaran con el
vuelo de la alegría y brindaran con guaro por el regreso
a Medellín. Las auxiliares, ataviadas con bellos delantales
adornados de flores, contribuyeron con natural simpatía
para los concursos, rifas y regalos de Summa.
El padre Sergio Bernal, educador en la Universidad Gregoriana
de Roma, quiso apartarse un poco de la algarabía y de manera
discreta pidió la última silla, la más extrema
del avión. Hasta que sus vecinos lo sacaron del "escondite"
y el sacerdote, envalentonado con el brindis colectivo, terminó
cantando, vestido de poncho y sacudiendo la bandera tricolor.
De pronto hubo un par de pasajeros que no se inmutaron por la
escandalosa alegría que imperó en las tres horas
del vuelo: María Elena González, una anciana de
86 años que se la pasó rezando y Julián Alberto,
un bebé de cuatro meses que dormitó las tres horas
entre Miami y Medellín.
El vuelo extraterrestre ("porque llegamos de otro planeta")
fue clausurado con tremenda rumba en la sala de embarque del Aeropuerto
José María Córdova de Rionegro, amenizada
por la Banda de Santa Fe de Antioquia. Alguien, incluso, lanzó
un abajo por la guerrilla y otro le respondió con un viva
por Estados Unidos.
El sorpresivo vuelo sobre Medellín
Luis
Alberto Ossa
Comandante del vuelo 503
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"Estoy feliz. Como buen paisa debo darle gracias a Dios
por haberme tocado comandar el Vuelo de Las Flores. Para mí
es un orgullo y un placer haber compartido la alegría de
todos mis pasajeros. Este es un vuelo especial, único en
el año y qué bien que me correspondió a mí.
Hasta el viernes en la noche vine a enterarme de que me había
tocado y la verdad es que me alegró bastante y con mayor
razón cuando empecé a sentir la felicidad y la fiesta
que se vivieron en estas maravillosas tres horas entre Miami y
Medellín.
Quise hacer algo especial, como un homenaje de Alianza Summa con
nuestros ilustres visitantes y por eso tomé la iniciativa
de sobrevolar a Medellín antes de aterrizar en Rionegro.
No fue una locura o algo inesperado, fue un sobrevuelo premeditado,
porque en la mañana había pedido autorización
y hablé con la torre de control del Olaya Herrera para
que estuvieran pendientes. Los encargados fueron tan amables que
permanecieron en sus puestos para coordinar el sobrevuelo, después
de las 6:00 de la tarde, que es la hora cuando el Aeropuerto de
Medellín cierra operaciones. Pienso que fue una operación
anormal e inesperada para la ciudad y muchos ciudadanos se debieron
asustar por el tamaño del avión y por la hora, pues
era casi de noche".
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