"Vivir para contarla": Biografía de Gabriel García Márquez

Opinión
Gabo: protagonista de Novela

Por
Oscar Domínguez G.

Colombia se polariza de nuevo. Esta vez, por cuenta de la autobiografía novelada de García Márquez, Vivir para contarla, un título que me suena cojo, como Navarro Wolf.

Los habitantes de Macondo estamos divididos entre quienes leyeron el libro por deferencia del autor, por certera coquetería publicitaria de la editorial Norma, y quienes le pegaremos un pellizco de $ 49.000 a la quincena para comprarlo.

Los primeros admiten subdivisiones: los hay que leyeron primero el libro que otros. Así como hay últimos más últimos, hay primeros más primeros. Entre estos figuran el poeta Alvaro Mutis, eterno primer lector del Nobel, y ahora el no menos poeta y ensayista tolimense, William Ospina, ascendido a la dignidad de los altares de veedor de originales nobeles para expurgarlo de gazapos.

En la revista Cambio muchos han escrito para dar fe de que forman parte de la inmensa minoría que han leído pruebas de libros de Gabo. Entre ellos, Fidel Castro y Milan Kundera. A otra élite de segundo piso le llegó el libro pocos días antes de que saliera para los bípedos de la llanura. Por supuesto, esta minoría criolla ha aprovechado la ocasión para pregonar en saunas, matrimonios, primeras comuniones y a través de Internet, que fueron de los primeros en devorar las 579 páginas. Y le enciman a la posteridad el regalo del gazapo que le cazaron al Nobel Gabriel José de la Concordia para que corrijan en las reencarnaciones (reediciones) dellibro.

Despacharon el libro de una sentada para evitar el bochorno de quecirculara la edición sin que lo hubieran leído. Querían dejar claro quién es quién en Macondo. Mientras tanto, nos miran con infinita conmiseración y cierta desconfianza a los 44 millones que no lo hemos leído. Estos mimados de la fortuna han dejado salir el argentino que llevan por dentro y nos han contado en sus crónicas no solo que leyeron el libro mientras se persigna un papa ateo, sino que son amigos personales del Nobel. Tal vez ni el mismo Gabo sepa nunca cuantos amigos personales tiene. Los que no lo son de verdad, saben que él nunca los rectificará.

Con base en esta magnífica impunidad, estudiaré con mi tribu de asesores la posibilidad de incluir en mi hoja de vida este dato: Amigo del Nobel. Muchos vanidosos con causa o sin ella que aspiraban a clasificar para libro regalado antes del lanzamiento, van por la calle estresados, con la moral en el sótano, porque su importancia nos les alcanzó para tanto. Les faltaron diez centavos para el peso. Sin prisa, sin trasnocharme ni madrugar a las librerías, compraré la autobiografía del hombre que nos alegra y nos mejora la calidad de vida cada vez que lo leemos.

A paso de tortuga, le hincaré el diente cuando se haya reducido la cantidad de lectores. Así tendré las metáforas y los personajes para mi solito. Deliberadamente, me he abstenido de leer los anticipos "exclusivos" que han publicado diarios y revistas. Estos aperitivos siempe me han parecido tan exóticos como empezar una comida utilizando la servilleta. O el palillo de dientes.

A propósito del lanzamiento mundial, recuerdo el comentario que le escuché una vez en Cali al escritor Juan José Saavedra: "Me contentaría con vender en toda mi vida la cantidad de libros que Gabo vende en el más estruendoso de sus fracasos". Como best seller de libros regalados, le pongo papel carbón a la hiperbólica aspiración de Saavedra.




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