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"Ni la guerra ni una negociación inútil"

Injerencia de Estados Unidos cambiará si hay resultados: James Lemoyne.
Defiende participación de Iglesia y comunidad internacional.
En cualquier circunstancia rechaza la solución militar como salida al conflicto.



Por
Javier Arboleda García
San Vicente del Caguán, Caquetá




Foto EL COLOMBIANO
Un proceso creíble, con avances concretos, que permitan reducir la intensidad del conflicto es, a juicio de James Lemoyne, asesor especial para Colombia del Secretario General de Naciones Unidas (NU), la única alternativa que le queda a las partes para sostener la negociación.
Lemoyne, en diálogo con EL COLOMBIANO, aseguró que si Gobierno y Farc superan la actual crisis y se dedican a los asuntos que pide el común de la gente podrán asegurar el éxito del proceso y llegar a las metas fijadas.

Indicó que la facilitación de la comunidad internacional, la presencia de la Iglesia Católica y un cronograma que posibilite el análisis del cese de hostilidades son elementos que fortalecerán el diálogo, por considerar que, en ninguno de los casos, la vía militar es la aconsejable para resolver las diferencias en Colombia.

"No soy un tipo ingenuo. Hay gente que dice que los que buscan la paz son idealistas, ingenuos. A veces es así. Pero en el caso de Colombia, buscar un camino hacia la paz real, sin pelos en la lengua, honestamente constructivo, no es ilusión, es realismo", precisó Lemoyne, al defender su labor y el de la comunidad internacional en la Mesa de Negociación.

Un proceso creíble, con avances concretos, que permitan reducir la intensidad del conflicto es, a juicio de James Lemoyne, asesor especial para Colombia del Secretario General de Naciones Unidas (NU), la única alternativa que le queda a las partes para sostener la negociación.

Lemoyne, en diálogo con EL COLOMBIANO, aseguró que si Gobierno y Farc superan la actual crisis y se dedican a los asuntos que pide el común de la gente podrán asegurar el éxito del proceso y llegar a las metas fijadas.

Indicó que la facilitación de la comunidad internacional, la presencia de la Iglesia Católica y un cronograma que posibilite el análisis del cese de hostilidades son elementos que fortalecerán el diálogo, por considerar que, en ninguno de los casos, la vía militar es la aconsejable para resolver las diferencias en Colombia.

"No soy un tipo ingenuo. Hay gente que dice que los que buscan la paz son idealistas, ingenuos. A veces es así. Pero en el caso de Colombia, buscar un camino hacia la paz real, sin pelos en la lengua, honestamente constructivo, no es ilusión, es realismo", precisó Lemoyne, al defender su labor y el de la comunidad internacional en la Mesa de Negociación.

La reflexión
El papel jugado por NU demuestra que al proceso le falta un tercero en la Mesa...
"En la diplomacia las palabras cuentan mucho. Mediar no es lo mismo que observar ni negociar ni facilitar. Todos esos verbos tienen un sentido especial. Lo que hacemos ahora está entre observar y facilitar".

¿Hasta dónde la solución del conflicto depende de los colombianos?
"La crisis que vivió el proceso sirvió para llamar la atención de la comunidad internacional y de Naciones Unidas, pero también para demostrar que esas dos instancias pueden aportar. Esto comienza a tener su propia dinámica porque las partes entienden que la facilitación es un instrumento constructivo y da posibilidades de avanzar".

¿Qué tan lejos estamos de que el proceso de negociación llegue a una etapa irreversible?
"De esta crisis, que ha sido casi fatal, las partes lograron entender que sin acuerdos reales, que impliquen cambios reales, será muy difícil mantenerlo. No sé si la negociación necesitará uno ó cinco años más, pero estoy seguro de que será difícil prolongarla si le falta la credibilidad ciudadana: el pueblo no tendrá paciencia, el Gobierno no lo permitirá y la comunidad internacional tampoco lo aceptará".

¿Un cese de fuegos podría ser el interruptor para el arranque definitivo?
"Hay varias experiencias en ese sentido y cada una es diferente. En varios procesos, el cese de fuegos es lo último que se pacta. En otros, ha habido cese de fuegos temporales, para ganar confianza; o no declarados, como funcionó en Guatemala o El Salvador. (En Colombia) las partes estudian alternativas, pero apenas comienza la discusión".

¿Cuándo debería de cambiarse el modelo de negociar en medio de la guerra?
"El Acuerdo de San Francisco dice algo apoyado en experiencias del mundo; es decir, que el proceso requiere una reducción de la violencia para que avance. Es muy difícil negociar en medio de la guerra, por razones obvias, pues las heridas que a diario deja esa confrontación minan cualquier confianza".

No es contradictorio que la comunidad internacional apoye la salida negociada y Estados Unidos se incline por el fortalecimiento militar en Colombia...
"Es entendible: un gobierno soberano tiene derecho a defenderse y a buscar apoyo, en este caso de Estados Unidos, porque enfrenta a un grupo alzado en armas que pelea en serio y que también reclama unos derechos. Pese a que E.U. permanece distante del proceso de paz y, en cambio, apoya al Gobierno a nivel militar, tengo la esperanza de que su posición cambiará si ve una negociación sólida y concreta, con avances ciertos".

¿De qué manera se puede reflejar en Colombia la cruzada mundial contra el terrorismo?
"Pienso que éste es uno de los temas más complejos, porque hay una pregunta que nadie ha podido contestar: cuál es el límite o la definición entre fuerzas guerrilleras que buscan un fin y fuerzas meramente terroristas. Y lo digo en este sentido: Nelson Mandela (ex presidente de Sudáfrica), quien ganó un premio nobel, era un terrorista que ponía bombas en lugares civiles y mataba civiles en su lucha contra los blancos; entonces, las guerras en las pasadas décadas siempre han terminado con las partes o matándose por completo -en muy pocos casos- o negociando. En ninguna guerra civil que he conocido he visto fuerzas en lucha que no hayan incurrido en actos terroristas.

Pero decir que son terroristas es cerrar las puertas a la negociación... para el caso de Colombia, el tema es más complejo, porque el Gobierno ha reconocido a las Farc y al Eln como actores políticos legítimos y, por eso, estamos aportando como facilitadores en sus procesos".

Entonces, ¿cuál es la alternativa para la autodefensas, que son otro actor del conflicto?
"Hay un par de razones: una, el Gobierno explícitamente ha dicho que (las autodefensas) no son actores políticos legítimos reconocidos; por eso, no hay ningún proceso y dos, se necesita un debate amplio sobre la táctica de los paramilitares que, hasta ahora, ha sido puramente, no de forma total, pero si en muchos aspectos, de ataques contra la población. (Las autodefensas) dicen que desplazar a centenares de miles de colombianos y masacrar es una táctica de guerra, porque han recurrido a las masacres de civiles desarmados, sin ninguna protección; entonces, para Naciones Unidas y la comunidad internacional, bajo la ley humanitaria internacional, es bastante difícil entrar en contacto y facilitar encuentros con ellos si no están dispuestos a cambiar de manera radical y a demostrar, en el terreno, con actos concretos, que respetan a la población civil".

¿Qué elementos habría que concretar para que el proceso de paz sea sostenible?
"Es un enorme avance si las partes aceptan, como empieza a verse, la presencia de la comunidad internacional y de la Iglesia. La gente crítica y escéptica debe reconocer, por lo menos, que este ha sido un paso que ha contribuido y fortalecido al proceso. Es histórico que las Farc en su borrador de la otra noche (la del sábado 12 de enero), por primera vez, aceptaran la presencia de una tercera parte como la Iglesia, cuando en tres años y medio siempre dijeron que no. Alguna gente podría pensar: no, esto simplemente fue una táctica para salvar el momento. Bueno, si lo fuera, lo vamos a saber pronto a un costo muy grande para el grupo guerrillero y para el Gobierno, pues la comunidad internacional dirá: señores, esto no era auténtico. Pero la insistencia de Gobierno y Farc es porque hay una nueva visión, basada en nuestras posibilidades para facilitar y ayudar cuando hay problemas...

Según mi experiencia, tras el momento crítico, las partes llegaron más maduras, más políticas y con más perspectiva. Hay un elemento en el Acuerdo de San Francisco y en las últimas cartas de Manuel Marulanda: los plazos, el llamado cronograma que también es un enorme avance. Ahí, existe una estructura. No es cuestión de sentarse a la Mesa y discutir temas generales y de filosofía. Tiene que haber un esquema definido".

¿Qué les diría usted hoy a quienes pensaron que se debió adoptar una solución militar legítima?
"Primero, que su posición es entendible, porque la frustración es tal que la gente está absolutamente cansada de los ataques de la guerrilla y los paramilitares contra su vida y sus derechos. Los ciudadanos se desesperan cuando ven una negociación pero no ven los avances. Es lógico y humano pensar que la opción que queda es pelear.

En este caso diría varias cosas que pueden ser difíciles de aceptar pero que son argumentos válidos: ¿cuándo en Colombia no ha habido guerra? Nunca. ¿Cuántas veces los colombianos han escuchado que la alternativa es la guerra? Múltiples. ¿En cuál caso la guerra ha producido la paz? En ninguna. Entonces, no tenemos que ser un Albert Einstein: todo indica que la solución militar no es la alternativa.

He estado en varias guerras, he visto a miles de personas morir en combate, perdí a mi mejor amigo en una emboscada. La guerra para mí no es una cosa filosófica ni temática. Es algo que yo conozco en carne propia... en el caso de Colombia, si hay una pequeña posibilidad de que pongamos a prueba y definir un proceso creíble, con estructuras concretas, que traiga acuerdos que produzcan cambios reales, hay que, por lo menos, intentarlo. Si fracasamos, bueno, lo intentamos... en los últimos días, en el Caguán y en Bogotá, he recibido dos gallinas, 2.000 abrazos, 2.000 besos y miles de gritos de apoyo. Esto me indica que el pueblo no quiere la guerra, pero tampoco quiere un proceso que no avance".



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